Buenos Aires, 12 de enero de 2026 –Total News Agency-TNA–En un escenario internacional marcado por conflictos armados, fracturas geopolíticas y un progresivo debilitamiento del multilateralismo, la Organización de las Naciones Unidas se encamina a una elección decisiva: la designación de su próximo secretario general. Por primera vez en décadas, América Latina aparece como la región con mayores posibilidades de aportar el nuevo liderazgo del organismo, y dentro de ese marco emergen dos figuras argentinas con perfiles y apoyos muy distintos.
El Gobierno de Javier Milei impulsa de manera explícita la candidatura del embajador Rafael Grossi, actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, a quien en la Casa Rosada consideran un postulante con respaldo internacional y afinidad con la administración de Donald Trump. Sin embargo, en los pasillos de Naciones Unidas comenzó a ganar peso otra opción argentina: la periodista y diplomática Virginia Gamba, funcionaria de carrera del organismo y actual representante especial del secretario general para la Violencia contra los Niños en los Conflictos Armados.
La elección se producirá en un contexto particularmente delicado para la ONU. A casi ocho décadas de su creación, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, el organismo atraviesa una de sus etapas de mayor descrédito y pérdida de influencia. La decisión de la administración Trump de recortar financiamiento a distintas agencias, sumada a la proliferación de foros alternativos de poder como el G-20 o el bloque ampliado de los BRICS, ha dejado a Naciones Unidas en una posición de debilidad frente a las grandes potencias.
En ese marco, el mandato del actual secretario general, António Guterres, concluye a fines de 2026. De acuerdo con la Carta fundacional del organismo, el cargo se renueva cada cinco años y, siguiendo el criterio de rotación regional no escrito, el sucesor debería provenir de América Latina. El nuevo titular asumirá el 1 de enero de 2027.
Grossi se muestra activo en la promoción de su candidatura y cuenta con el respaldo político del oficialismo argentino. En encuentros públicos y privados, el diplomático ha defendido su postulación con un discurso enfático, apoyado en su trayectoria al frente del OIEA y en la visibilidad internacional que le dio su rol en crisis nucleares sensibles. Desde el entorno gubernamental sostienen que representa “la posición del país” y una oportunidad para que la Argentina recupere centralidad en la escena global.
En contraste, Gamba mantiene un perfil bajo y una estrategia de extrema cautela. Sin el apoyo formal del Gobierno argentino ni de la Cancillería, su candidatura se perfila como independiente, aunque cuenta con el respaldo de al menos tres países dispuestos a presentarla formalmente durante el prolongado proceso de selección. Su carrera dentro de la ONU, enfocada en derechos humanos y en la protección de la infancia en contextos de guerra, le valió reconocimiento transversal dentro del sistema multilateral.
Analistas diplomáticos señalan que, pese a la visibilidad de Grossi, las chances de Gamba no son menores. De hecho, varios observadores consideran que podría imponerse en una elección donde confluyen dos factores clave: la rotación regional hacia América Latina y una presión creciente para que, por primera vez en su historia, Naciones Unidas sea conducida por una mujer. El propio Guterres ha dejado trascender en distintos ámbitos que su sucesor debería ser una mujer, aunque esa postura no logró imponerse en 2017.
Además de los dos candidatos argentinos, figuran como postulantes con peso la expresidenta chilena Michelle Bachelet, con una extensa trayectoria en derechos humanos; la costarricense Rebeca Grynspan, actual secretaria general de la UNCTAD y ex vicepresidenta de su país; y el boliviano David Choquehuanca, respaldado por movimientos indígenas.
En un mundo donde la ONU pierde gravitación frente a decisiones unilaterales de las grandes potencias, la elección del próximo secretario general aparece como una oportunidad para redefinir el rumbo del organismo. Para la Argentina, el dato distintivo es que, más allá de alineamientos políticos, dos de las figuras con mayores posibilidades provienen del mismo país, con visiones, apoyos y estilos diametralmente opuestos. El resultado final no solo marcará el futuro de Naciones Unidas, sino también el lugar que la Argentina aspire a ocupar en la diplomacia global de los próximos años.
Fuentes consultadas:
iProfesional; Naciones Unidas; antecedentes diplomáticos oficiales; declaraciones públicas de funcionarios y analistas internacionales; archivos de prensa internacional y regional.

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