Buenos Aires, 15 de enero de 2026-Total News Agency-TNA-La escalada de tensión entre los Estados Unidos e Irán mantiene en vilo a la comunidad internacional en medio de la peor ola de violencia interna registrada en la República Islámica en años. Mientras las protestas masivas contra el régimen teocrático parecen perder intensidad en las calles, organismos de derechos humanos estiman que la represión dejó ya más de 3.400 muertos y decenas de miles de detenidos, en un contexto marcado por el temor a una posible acción militar estadounidense y por intensas gestiones diplomáticas para evitar un conflicto regional. Diversas fuentes afirman que podrian haber sido asesinados 12.000 iranies, mientras que otras elevan el numero a 20.000. Dada la cegura informativa de los últimos días es difícil confirmar estas versiones.

Solo una de las imágenes a la que accedio Total News Agency.
Según organizaciones independientes, las fuerzas de seguridad iraníes respondieron con extrema dureza a las manifestaciones que estallaron en distintos puntos del país, desafiando abiertamente al poder clerical. Aunque el régimen intenta transmitir una imagen de control, el impacto social y político de la represión sigue siendo profundo. En las principales ciudades, los comercios comenzaron a reabrir y la actividad cotidiana intenta normalizarse, pero el clima de miedo persiste ante la posibilidad de nuevas detenciones, juicios sumarios y eventuales ejecuciones.

Micro incendiado-EFE-
En ese marco, el caso del joven manifestante Erfan Soltani se convirtió en un símbolo de la crisis y en un factor de tensión directa con Washington. Detenido hace una semana durante las protestas, su familia denunció que enfrentaba una condena a muerte en el marco de los procesos judiciales acelerados anunciados por las autoridades iraníes. La situación provocó una reacción inmediata de la Casa Blanca, que advirtió que no toleraría ejecuciones de manifestantes y dejó abierta la puerta a “medidas severas” en caso de que continuaran.
La presión internacional pareció surtir efecto, al menos de manera parcial. En las últimas horas, el régimen iraní desmintió oficialmente que Soltani vaya a ser condenado a muerte y aseguró que no existen ejecuciones en curso vinculadas a las protestas. Las declaraciones coincidieron con un cambio de tono desde Washington, luego de que el presidente estadounidense señalara que la represión estaría “cesando”, en un mensaje interpretado como un intento de desescalar la confrontación directa.
No obstante, los indicios de inestabilidad persisten. Durante la madrugada del jueves, Irán cerró de manera sorpresiva su espacio aéreo a vuelos comerciales durante más de cuatro horas, sin brindar explicaciones formales. La medida obligó a aerolíneas internacionales a desviar sus rutas en una de las principales vías aéreas entre Oriente y Occidente. Horas más tarde, las autoridades informaron que el tráfico aéreo se había normalizado, sin reconocer públicamente el cierre temporal, lo que alimentó versiones sobre alertas de seguridad internas o eventuales preparativos defensivos.
En paralelo, la preocupación se trasladó al plano diplomático. Países de Medio Oriente y Europa intensificaron contactos para evitar una escalada mayor entre Teherán y Washington. Egipto y Arabia Saudí encabezaron gestiones que incluyeron comunicaciones con Irán, Estados Unidos, Francia y Omán, con el objetivo declarado de reducir la tensión y preservar la estabilidad regional, en un escenario ya atravesado por el conflicto en Gaza y otras disputas latentes.
La gravedad de la situación llevó a algunos gobiernos europeos a tomar medidas de protección. Portugal anunció el cierre temporal de su embajada en Teherán y confirmó la salida de la mayoría de sus ciudadanos del país, mientras otros permanecen bajo seguimiento consular. La decisión refleja el deterioro de las condiciones de seguridad y la incertidumbre sobre la evolución del conflicto interno.
Mientras el régimen iraní evita difundir cifras oficiales y mantiene el control informativo, organizaciones de derechos humanos advierten que el número real de víctimas podría ser aún mayor. Con miles de muertos, más de 10.000 detenidos y una sociedad profundamente golpeada, Irán atraviesa una de las crisis más graves de su historia reciente, bajo la atenta mirada de una comunidad internacional que intenta evitar que la represión interna derive en un enfrentamiento abierto con consecuencias imprevisibles para toda la región.
Fuentes consultadas:
Reuters; Iran Human Rights (IHR); comunicados oficiales de gobiernos y cancillerías; informes de agencias internacionales.

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