Ciudad de México, 19 de enero de 2026-Total News Agency-TNA-México emergió como el principal sostén energético de Cuba tras la interrupción casi total del suministro de crudo venezolano, en un giro geopolítico que refuerza al régimen castrista y expone una política exterior cada vez más alejada de la neutralidad y la no injerencia que históricamente proclama el país. Con envíos de petróleo mexicano, el gobierno de México pasó a ocupar el lugar que durante más de dos décadas tuvo Venezuela como salvavidas energético de Cuba, permitiendo que la dictadura más longeva de la región continúe a flote en medio de una profunda crisis económica y social.

Los datos de navegación marítima muestran que, desde comienzos de diciembre, se detuvo prácticamente por completo la llegada de buques petroleros desde Venezuela a la isla. En ese vacío, solo se registraron arribos esporádicos del tanquero “Ocean Mariner”, cargado con crudo mexicano. La asistencia energética se produce en un contexto crítico para La Habana, que enfrenta apagones prolongados, paralización industrial y un deterioro acelerado de las condiciones de vida, con riesgo de una nueva ola migratoria hacia la región.
Hasta la reciente caída de Nicolás Maduro, Cuba había asegurado durante años su abastecimiento energético mediante un acuerdo con Caracas que intercambiaba petróleo por servicios profesionales. Ese esquema comenzó a desmoronarse progresivamente y quedó virtualmente cancelado en diciembre, cuando el último buque venezolano descargó crudo en el puerto de Matanzas. Desde entonces, México asumió un rol clave para evitar el colapso total del sistema energético cubano.
El respaldo fue impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum, a través de Petróleos Mexicanos y su filial Gasolinas Bienestar. Entre enero y septiembre del último año, Pemex exportó a Cuba en promedio más de 17.000 barriles diarios de crudo y derivados, por un monto cercano a los 400 millones de dólares. En los hechos, México pasó a financiar con recursos energéticos propios la supervivencia del régimen cubano, colaborando de manera directa con una dictadura que enfrenta crecientes cuestionamientos internacionales por la falta de libertades políticas y el deterioro humanitario.
Este movimiento dejó en evidencia la contradicción entre el discurso oficial de no intervención y la práctica concreta de sostener económicamente a un régimen autoritario. Analistas y exfuncionarios advirtieron que la decisión no solo compromete la política exterior mexicana, sino que también tensiona la relación con Estados Unidos, principal socio comercial de México en el marco del T-MEC, en un año clave de revisión del acuerdo y bajo fuertes presiones arancelarias de la administración de Donald Trump.
Trump había advertido públicamente que no habría “más petróleo ni dinero para Cuba”, una señal clara del endurecimiento de Washington frente a cualquier respaldo al régimen castrista. En ese contexto, especialistas señalaron que el envío de crudo mexicano “envenena” la relación bilateral con Estados Unidos por un beneficio marginal para México, a cambio de riesgos significativos en materia comercial y financiera, incluso frente a acreedores estadounidenses de Pemex.
La asistencia energética mexicana se produce además en paralelo a cuestionamientos más amplios sobre el rol regional del país. Diversas voces críticas sostienen que México no solo mantiene una postura tibia frente al combate contra los cárteles del narcotráfico, sino que también muestra una actitud ambigua —cuando no complaciente— ante el retroceso democrático en América Latina. El respaldo petrolero a Cuba, tras el repliegue venezolano, refuerza esa percepción y marca un alineamiento de hecho con gobiernos autoritarios de la región.
En la isla, la situación sigue siendo extremadamente frágil. Cuba produce apenas una fracción del crudo que necesita para alimentar sus termoeléctricas y depende del combustible importado para evitar apagones generalizados. La falta de energía mantiene semiparalizadas la industria y la agricultura, y profundiza un escenario de crisis social que ya provocó la emigración de más de un millón de cubanos en los últimos años, muchos de ellos varados en territorio mexicano tras el cierre de la frontera estadounidense.
Mientras el gobierno de Sheinbaum prometió transparentar las condiciones en que Cuba paga el petróleo recibido, hasta el momento no se difundieron detalles. En los hechos, México quedó posicionado como el principal sostén externo del régimen castrista, reemplazando a Venezuela y dejando en evidencia que su proclamada neutralidad regional se diluye cuando se trata de apuntalar a una dictadura históricamente aliada.
Fuentes consultadas: AFP; El Nuevo Herald; datos de navegación marítima; Universidad de Texas; declaraciones oficiales del gobierno mexicano; analistas y exfuncionarios de política exterior.

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