Por Redacción TNA
Moscú, 19 de enero de 2026-Total News Agency-TNA-La escalada de tensiones entre Estados Unidos y Europa por el futuro de Groenlandia fue recibida con abierto regocijo en Moscú, donde medios oficiales y comentaristas cercanos al Kremlin interpretan el conflicto como una señal de fractura en la alianza occidental. Así lo describe Steve Rosenberg, editor de la BBC en Rusia, al analizar la reacción rusa frente a la insistencia del presidente estadounidense Donald Trump en avanzar con una eventual anexión de la isla ártica.
Trump volvió a colocar a Groenlandia en el centro del debate estratégico al sostener que el control estadounidense del territorio es esencial para la seguridad nacional, aludiendo a la presencia de buques y submarinos rusos y chinos en la región. Desde Washington, el argumento se apoya en la creciente militarización del Ártico y en la competencia geopolítica con Moscú y Pekín. Sin embargo, lejos de incomodar al Kremlin, la postura estadounidense fue interpretada en Rusia como una oportunidad política de alto valor.
Rosenberg destaca que, contra lo que podría suponerse, la reacción rusa no fue de alarma ni de rechazo. Por el contrario, el diario gubernamental Rossiyskaya Gazeta publicó un artículo inusualmente elogioso hacia Trump y extremadamente crítico con los líderes europeos que se oponen a cualquier intento de anexión de Groenlandia por parte de Estados Unidos. En ese texto, el periódico acusa a Dinamarca y a varios países europeos, incluidos aliados tradicionales de Washington como el Reino Unido y Francia, de obstaculizar lo que define como un “avance histórico” del presidente estadounidense.
Según la interpretación difundida por la prensa oficial rusa, Europa no solo se resiste a la estrategia de Trump, sino que confía en debilitarlo políticamente de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato, con el objetivo de impedirle cerrar lo que Moscú describe como “el acuerdo más importante de su vida”. En esa lógica, la eventual anexión de Groenlandia antes del 4 de julio de 2026, cuando Estados Unidos celebrará los 250 años de su independencia, convertiría a Trump en una figura histórica para el electorado estadounidense.
Los medios rusos subrayan que, con Groenlandia incorporada, Estados Unidos pasaría a ser el segundo país más extenso del mundo después de Rusia, superando a Canadá en superficie. En ese relato, la operación es presentada como un acontecimiento de magnitud casi épica, comparable —según la prensa oficial— con hitos como la abolición de la esclavitud o las grandes expansiones territoriales del siglo XIX.
Rosenberg advierte que el mensaje implícito desde Moscú hacia la Casa Blanca es claro: no retroceder. Columnistas pro-Kremlin sostienen que una marcha atrás de Trump en el tema de Groenlandia debilitaría al Partido Republicano y favorecería una victoria demócrata en el Congreso, mientras que una anexión rápida podría alterar el escenario político interno en favor del actual presidente.
Detrás de este respaldo tácito, explica el corresponsal de la BBC, hay un cálculo estratégico evidente. Para Rusia, cualquier iniciativa que incremente la tensión entre Estados Unidos y Europa, o que profundice las divisiones dentro de la OTAN, es vista como un resultado altamente favorable. En ese marco, la disputa por Groenlandia funciona como un factor de desgaste de la relación transatlántica.
El tono triunfalista también se refleja en otros medios rusos, como el sensacionalista Moskovsky Komsomolets, que llegó a afirmar que “Europa está totalmente perdida” y celebró abiertamente el deterioro de la cohesión occidental. Además, la amenaza estadounidense de anexar Groenlandia es utilizada por comentaristas alineados con el Kremlin para intentar justificar la guerra de Rusia contra Ucrania, presentándola como una acción comparable a las ambiciones territoriales de Washington.
Para Moscú, señala Rosenberg, la prioridad estratégica sigue siendo lograr una victoria en Ucrania. En ese contexto, el Kremlin considera que mantener una relación relativamente positiva con la administración Trump puede facilitar ese objetivo. De allí que las críticas rusas se concentren en Europa y no en el presidente estadounidense, a quien, por ahora, prefieren retratar como un aliado involuntario en la tarea de debilitar a Occidente.
Fuentes consultadas: BBC; análisis de Steve Rosenberg; medios estatales rusos; prensa internacional.

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