Buenos Aires, 25 de enero de 2026 – Total News Agency-TNA-La represión desatada por el régimen iraní durante las protestas del 8 y 9 de enero podría haber dejado hasta 30.000 muertos en apenas 48 horas, según reveló la revista TIME a partir de testimonios de altos funcionarios del Ministerio de Salud de Irán y de una recopilación independiente de datos hospitalarios. De confirmarse, se trataría de una de las masacres más letales en un período tan breve en la historia contemporánea, muy por encima de las cifras reconocidas públicamente por las autoridades iraníes.
De acuerdo con la investigación periodística, las cifras internas superan ampliamente los datos oficiales difundidos por el régimen. Mientras funcionarios alineados con el liderazgo supremo hablaron días atrás de poco más de 3.000 víctimas fatales, los registros hospitalarios analizados por TIME contabilizarían 30.304 muertes hasta el viernes 9 de enero. Estas cifras no incluyen, según las fuentes, a víctimas trasladadas a hospitales militares ni a fallecidos en zonas inaccesibles o rurales, lo que abre la posibilidad de que el número real sea incluso mayor.
Pocos días después de los hechos, el medio Iran International había estimado alrededor de 12.000 muertos en ese mismo lapso de dos días, una cifra que ya entonces generó conmoción internacional. Las nuevas revelaciones multiplican ese número y refuerzan las sospechas de que el régimen aplicó una represión sistemática y coordinada para aplastar las protestas.
Funcionarios sanitarios citados bajo condición de anonimato describieron un escenario de colapso absoluto. La magnitud de la matanza habría desbordado la capacidad de manejo de cadáveres, agotando las reservas de bolsas mortuorias y obligando al uso de camiones de gran porte y remolques para trasladar cuerpos. Según el informe, las fuerzas de seguridad recurrieron a francotiradores apostados en azoteas y a camiones equipados con ametralladoras pesadas, una vez que las autoridades ordenaron el corte casi total de las comunicaciones.
Durante esas jornadas, un alto funcionario del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica llegó a advertir en la televisión estatal que cualquier persona que saliera a la calle no debía quejarse si recibía un disparo, una frase que hoy es citada como prueba del aval político a la violencia extrema.
El recuento hospitalario fue compilado por el oftalmólogo germano-iraní Amir-Mobarez Parasta, quien aseguró que los datos provienen de centros médicos civiles y reflejan “una aproximación mucho más cercana a la realidad”. Especialistas en salud pública consultados por TIME pidieron cautela frente a la extrapolación de registros hospitalarios, pero coincidieron en que las cifras internas apuntan a una masacre concentrada en un período excepcionalmente corto.
La reacción del régimen no se hizo esperar. El vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores, Esmaeil Baqaei, rechazó las estimaciones y las calificó como “mentiras verdaderamente perversas”, acusando a los medios internacionales de fabricar cifras para dañar a la República Islámica. En un mensaje público, comparó las denuncias con una “gran mentira al estilo Hitler”, negando cualquier responsabilidad del Estado en los números difundidos.
Sin embargo, distintos organismos y medios internacionales reforzaron las denuncias. Una organización iraní de derechos humanos con sede en Estados Unidos confirmó al menos 5.459 muertes verificadas y aseguró que investiga más de 17.000 casos adicionales. Por su parte, Iran International estimó que desde el inicio de las protestas el número total de iraníes asesinados por el régimen podría ascender a 36.500, basándose en nueva documentación y testimonios de personal médico, familiares de las víctimas y testigos directos.
Informes coincidentes sostienen que el régimen habría comenzado además a ejecutar detenidos en distintas regiones del país. Imágenes difundidas desde morgues locales muestran que varias víctimas habrían sido rematadas con disparos en la cabeza incluso después de haber sido ingresadas con vida a hospitales. Personal médico confirmó que se realizaron disparos letales contra heridos bajo custodia.
TIME subrayó el rol clave del apagón informático impuesto por el gobierno iraní, que dificultó durante días la verificación del número real de víctimas. La casi total interrupción de internet impidió que familiares pudieran confirmar el destino de sus allegados, mientras imágenes de cadáveres comenzaron a filtrarse lentamente a través de conexiones satelitales clandestinas.
Expertos consultados señalaron que, si las cifras son correctas, el único antecedente comparable en bases de datos históricas de asesinatos masivos en tan corto plazo sería la masacre de Babyn Yar, durante el Holocausto, cuando unas 33.000 personas fueron ejecutadas a tiros en dos días en 1941.
Desde entonces, organismos internacionales intensificaron su respuesta. El Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas amplió una investigación independiente sobre los presuntos abusos, mientras académicos especializados advirtieron que incluso 30.000 muertes podrían representar una subestimación. Según investigadores citados por TIME, solo un acceso transparente a registros hospitalarios, civiles y de enterramientos permitiría conocer la verdadera magnitud de lo ocurrido.
Para analistas regionales y funcionarios extranjeros, la noche del 8 de enero ya es considerada la más mortífera en la historia de la República Islámica y una de las más sangrientas del mundo en una generación. El cuadro que emerge es el de una represión planificada y de una escala casi inimaginable, que vuelve a colocar a Irán en el centro de las denuncias globales por crímenes masivos contra su propia población.
Fuentes consultadas: TIME; Iran International; HRANA; Daily Mail; agencias internacionales; especialistas universitarios en salud pública.

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