Buenos Aires, 28 de enero de 2026 – Total News Agency-TNA-China se ha convertido en un actor clave para sostener y potenciar el desarrollo del arma más letal del arsenal estratégico ruso: el misil balístico hipersónico Oreshnik, con capacidad nuclear y apto para golpear objetivos en Europa en menos de veinte minutos. A través del suministro sistemático de maquinaria industrial avanzada, componentes críticos y tecnología sensible, Pekín está permitiendo que Moscú eluda las sanciones occidentales y acelere la producción de misiles y sistemas de armas de alta precisión en plena guerra contra Ucrania.

A comienzos de este mes, fuerzas rusas dispararon un misil Oreshnik contra la ciudad ucraniana de Leópolis, a escasos kilómetros de la frontera con Polonia, en una demostración de fuerza que encendió alarmas en la OTAN. El proyectil, capaz de alcanzar velocidades cercanas a las 8.000 millas por hora, puede desplegar hasta seis ojivas en pleno vuelo y atacar múltiples objetivos de forma simultánea. Según analistas militares, se trata de un sistema diseñado no solo para el campo de batalla ucraniano, sino para la disuasión estratégica frente a Occidente.
Detrás de ese salto cualitativo se encuentra un flujo constante de equipos industriales procedentes de China. Investigaciones basadas en datos comerciales y de inteligencia indican que Pekín ha enviado a Rusia tecnología avanzada y maquinaria especializada por un valor estimado en 10.300 millones de dólares, indispensable para fabricar armamento de grado militar. Entre esos envíos se destacan tornos de control numérico computarizado (CNC), capaces de trabajar metales con extrema precisión y fundamentales para la producción de ojivas y componentes críticos.
Uno de esos tornos, de fabricación china, fue identificado por la inteligencia de defensa ucraniana en la planta estatal de Vótkinsk, el principal complejo ruso de producción de misiles, sancionado por Estados Unidos, la Unión Europea, el Reino Unido y Japón. Allí se fabrican no solo los misiles Oreshnik, sino también los Iskander-M y los misiles balísticos intercontinentales Topol-M, columna vertebral del poder estratégico ruso.
Además de maquinaria pesada, China ha suministrado miles de millones de dólares en microchips, placas de memoria, rodamientos industriales y cristales piezoeléctricos, insumos esenciales para misiles guiados, radares, sistemas de guerra electrónica y aviones de combate. Se trata de bienes que Rusia no puede producir en su territorio o no puede fabricar en los volúmenes requeridos, y que figuran en la lista de productos de alta prioridad cuya exportación a Moscú fue prohibida por 39 países occidentales. Pekín, sin embargo, nunca se sumó a ese régimen de sanciones.
Especialistas en defensa advierten que esta asistencia tecnológica resulta mucho más dañina para Ucrania —y para Europa— que el envío puntual de armamento convencional por parte de otros aliados de Rusia. Mientras los proyectiles o drones pueden agotarse, las máquinas herramienta permiten sostener y ampliar la capacidad industrial militar rusa a largo plazo. En los primeros tres años de la invasión a Ucrania, China habría enviado a Moscú al menos 3.100 millones de dólares solo en máquinas herramienta.
El impacto se extiende también a la producción de drones y sistemas no tripulados. En instalaciones como la zona económica especial de Alábuga, Rusia fabrica versiones nacionales de los drones iraníes Shahed utilizando equipamiento chino. Analistas coinciden en que el ecosistema manufacturero de China supera ampliamente al ruso en velocidad, escala y calidad, convirtiéndose en el principal sostén externo de la industria de defensa del Kremlin.
A este esquema se suman instrumentos de prueba y medición —como osciloscopios y multímetros— enviados desde China, que permiten garantizar el correcto funcionamiento de la microelectrónica militar. Sin ellos, la producción de armas modernas y confiables sería inviable. De este modo, Rusia ha reducido su vulnerabilidad frente a las sanciones y ha reforzado su autosuficiencia militar gracias al acceso a la economía china.
La magnitud real de estos envíos podría ser aún mayor. Investigadores advierten que tanto Pekín como Moscú subreportan sus datos comerciales y recurren cada vez más a terceros países, empresas pantalla y rutas indirectas para reexportar bienes sensibles y ocultar la cadena de suministro. Este entramado opaco dificulta el control internacional y consolida una alianza estratégica que permite a Vladimir Putin sostener la guerra y elevar la amenaza sobre Europa, con China como socio industrial decisivo.
Fuentes consultadas:
The Telegraph; Import Genius; Carnegie Endowment for International Peace; Royal United Services Institute (RUSI); Open Source Centre; análisis de inteligencia ucraniana; especialistas en defensa y cadena de suministro militar.

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