Bogotá, 28 de enero de 2026 – Total News Agency-TNA-El presidente de Colombia, Gustavo Petro, volvió a regalarle a la política regional uno de esos momentos que mezclan asombro, desconcierto y humor involuntario. Durante un acto oficial por la reactivación del Hospital San Juan de Dios, el mandatario decidió que la mejor forma de hablar de gestión pública era, paradójicamente, hablando de su intimidad, de Jesús, del amor y de cómo desea ser recordado, todo en una misma secuencia retórica difícil de encasillar.
En el pasaje que encendió la polémica, Petro lanzó: “A ningún periodista chismoso le debe interesar qué hago yo en la cama. Hago cosas muy buenas y pienso. Y nadie se olvidará de mí porque seré inolvidable ahí, alguien contará. Yo no lo cuento”. La frase, pronunciada desde un atril presidencial, dejó flotando una duda razonable: si el objetivo era poner límites entre lo público y lo privado, tal vez no era imprescindible detallar el perímetro desde el micrófono oficial.
Lejos de frenar, el Presidente aceleró. En el mismo discurso explicó que no le preguntaría al presidente estadounidense Donald Trump sobre su vida íntima porque cuando el poder se mete en “la cama de amor”, según Petro, “muere la libertad en el mundo”. La reflexión coincidió oportunamente con un clima de distensión bilateral, luego de que Washington renovara su visa, lo que llevó a algunos observadores a preguntarse si se trató de filosofía política… o de diplomacia con metáforas acolchonadas.
El tramo más comentado llegó cuando Petro decidió sumar teología a la mezcla. Afirmó que “Jesús hizo el amor”, posiblemente con María Magdalena, porque —razonó— un hombre de su luz no podía existir sin amor. A eso agregó una reflexión sociológica: los hombres colombianos conquistan a las mujeres principalmente a través de la inteligencia y el baile. El auditorio, entre sorprendido y perplejo, asistía a un discurso que parecía avanzar sin GPS y con varias paradas imprevistas.
El tono encendió las redes sociales y reavivó críticas sobre el estilo personalista del mandatario. No pocos recordaron, con ironía nada sutil, que Petro carga antecedentes públicos de episodios de consumo de alcohol y drogas mencionados en el pasado por él mismo y por dirigentes de su entorno. En ese contexto, la pregunta que sobrevoló la jornada no fue solo política, sino casi clínica: ¿en qué condiciones estaba el presidente al decidir que este era el mensaje adecuado para un acto institucional?
Para sus críticos, el episodio encaja en un patrón ya conocido: discursos de alto voltaje simbólico, narcisistas y deliberadamente provocadores que terminan desviando la atención de una agenda interna compleja y de una región atravesada por crisis políticas y económicas. Para sus defensores, en cambio, se trató de una reivindicación de la libertad individual y una crítica al morbo mediático, aunque el método elegido haya sido, cuanto menos, exuberante.
Lo cierto es que Petro volvió a demostrar que, bajo su liderazgo, cualquier acto oficial puede derivar en una clase magistral de realismo mágico político. Entre camas, santos, bailes y geopolítica, el presidente colombiano reafirmó su sello personal: imprevisible, provocador y siempre dispuesto a que el foco esté, de una u otra manera, sobre él.
Fuentes consultadas:
Discursos oficiales de la Presidencia de Colombia; cobertura de medios colombianos e internacionales; declaraciones públicas previas de Gustavo Petro; análisis de comentaristas y politólogos regionales.
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