Buenos Aires, 29 de enero de 2026-Total News Agency-TNA-El avance de los incendios de sexta generación a nivel global y su impacto creciente en la Argentina volvió a poner en evidencia profundas falencias estructurales en el sistema de prevención y combate del fuego, según advierten especialistas en la materia. En ese contexto, las críticas apuntan de manera directa a la actual conducción del Sistema Nacional de Manejo del Fuego (SNMF), cuyo director —de acuerdo con expertos consultados— no estaría a la altura de las circunstancias, situación que se agrava por la permanencia en cargos clave de la mayoría de los agentes designados durante la gestión del exministro Juan Cabandié.
El escenario actual difiere de manera radical del que predominó durante décadas. Ya no se trata de incendios forestales convencionales, sino de fenómenos de altísima energía conocidos como incendios de sexta generación. Estos eventos están directamente asociados al cambio climático, las megasequías prolongadas y las olas de calor extremo, que reducen al mínimo la humedad de la vegetación y permiten que los incendios liberen tal cantidad de energía que llegan a modificar la atmósfera local. El resultado es la formación de nubes de tormenta de fuego, denominadas Pyrocumulonimbus, capaces de generar vientos propios, rayos y comportamientos totalmente impredecibles.
Según los especialistas, estos incendios superan la llamada “capacidad de extinción”. Esto implica que, aun con el despliegue masivo de brigadistas y aeronaves, el fuego no puede ser controlado por medios tradicionales y solo se detiene cuando cambian las condiciones meteorológicas o se agota el combustible vegetal. Esta realidad ya se observa en regiones que históricamente no registraban incendios de gran magnitud, como zonas del Ártico o áreas húmedas de Europa, hoy bajo alertas permanentes.
Uno de los puntos más críticos es la denominada Interfaz Urbano-Forestal, el espacio donde las construcciones humanas se mezclan con la vegetación silvestre. Allí se concentran las mayores pérdidas de vidas y bienes. El crecimiento urbano desordenado hacia áreas boscosas expuso a millones de personas a un riesgo creciente. En estos escenarios, los equipos de emergencia enfrentan dilemas operativos severos: deben decidir entre combatir el incendio forestal o defender viviendas e infraestructura, muchas veces sin recursos suficientes para ambas tareas.
Además, se advierte que la mayoría de las viviendas no se pierde por el avance directo de las llamas, sino por el efecto de las brasas transportadas por el viento a kilómetros de distancia, que ingresan por techos o rejillas de ventilación y generan focos secundarios imposibles de controlar.
A nivel internacional, la estrategia está migrando desde la supresión total del fuego hacia una gestión integral. Esto incluye el ataque inicial rápido para contener la mayoría de los focos antes de que superen las dos hectáreas, el uso intensivo de tecnología como drones con cámaras térmicas y software de simulación, y un giro decidido hacia la prevención mediante quemas prescriptas, manejo forestal y creación de paisajes resilientes. También se fortalecieron los esquemas de cooperación internacional para movilizar brigadistas y aeronaves de gran porte entre países y hemisferios.
En la Patagonia, los especialistas describen un cuadro especialmente delicado. A la influencia del cambio climático se suma el impacto de los fenómenos de La Niña y El Niño, que generan estrés hídrico, disminución de caudales en ríos y cuencas, y una acumulación de biomasa seca que arde de manera violenta. La expansión de viviendas, cabañas y emprendimientos turísticos en zonas boscosas agrava el problema, en un contexto donde el 99,9% de los incendios tiene origen antrópico.
Desde el punto de vista operativo, se señala que el sistema colapsa rápidamente porque la quema implica una liberación súbita de la energía acumulada durante años por la fotosíntesis. Frente a incendios de gran magnitud, las estrategias clásicas dejan de ser aplicables y los equipos se ven forzados a trabajar a pequeña escala, intentando evitar que el fuego alcance pueblos, rutas o infraestructuras críticas, más que detenerlo.
Los especialistas también cuestionan la falta de desarrollo del uso del fuego técnico como herramienta de combate, así como la inexistencia de brigadas helitransportadas entrenadas específicamente para la primera intervención. En la práctica, advierten, los helicópteros suelen limitarse a trasladar personal sin una estrategia integral, mientras se deposita una expectativa desmedida en aeronaves de gran porte que, sin guía en tierra ni dirección de tiro, difícilmente logran resultados decisivos.
En este marco, subrayan que Nación no ejerce la presión necesaria para que las provincias desarrollen planes propios de contingencia, cuando solo un puñado cuenta con brigadas y esquemas estratégicos consolidados. También remarcan que, desde la dirección nacional hacia abajo, buena parte del personal acumula más de dos períodos presidenciales en funciones sin haber logrado resultados exitosos en incendios de gran escala, que en la mayoría de los casos terminaron siendo controlados únicamente por un cambio en la meteorología.
Para los especialistas, la persistencia de incendios que se prolongan durante días o semanas, como ocurrió en el Parque Nacional Los Alerces, revela una falla conceptual: eventos que deberían ser abordados como desastres se gestionan como emergencias, lo que demora la llegada de refuerzos y perpetúa el daño.
El diagnóstico es contundente: el país se enfrenta a incendios cada vez más violentos y previsibles, con un sistema que “aplica, pero no cumple”. En ese contexto, advierten que resulta imprescindible un cambio profundo en la conducción y en los actores del manejo del fuego, con una renovación de autoridades, mayor profesionalización y una estrategia acorde a una amenaza que dejó de ser excepcional para convertirse en estructural.
Fuentes: especialistas en manejo del fuego consultados por TNA, análisis técnicos del Sistema Nacional de Manejo del Fuego, antecedentes operativos en Patagonia y Parque Nacional Los Alerces, documentación técnica internacional sobre incendios de sexta generación.

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