Londres, 29 de enero de 2026-Total News Agency-TNA-La aprobación definitiva para la construcción de la nueva embajada de la República Popular China en Londres desató una fuerte controversia política, social y de seguridad en el Reino Unido, al tratarse de un complejo diplomático de dimensiones inéditas en Europa, ubicado en una zona considerada altamente sensible por su cercanía a infraestructuras estratégicas y centros neurálgicos del sistema financiero británico.

El proyecto, que llevaba años trabado por recursos administrativos y objeciones vinculadas a la seguridad nacional, recibió luz verde del gobierno laborista encabezado por Keir Starmer, que destrabó el último obstáculo urbanístico para permitir la reconversión del histórico complejo Royal Mint Court, antigua sede de la Real Casa de la Moneda, situado a pocos metros de la Torre de Londres y del puente que marca uno de los accesos simbólicos a la City.
La decisión reactivó protestas inmediatas. Durante el fin de semana previo al aval oficial, cientos de manifestantes se concentraron frente al edificio con banderas tibetanas, uigures y hongkonesas, y carteles que calificaban el proyecto como un “nido de espías” y advertían que el Reino Unido no debía “arrodillarse” ante el Partido Comunista Chino. La movilización tuvo un fuerte eco político y reflejó el clima de desconfianza que rodea la iniciativa.
Entre las voces más críticas se destacó la líder conservadora Kemi Badenoch, quien acusó al Ejecutivo de actuar con temor frente a Pekín y calificó la autorización como un “grave error”. También se sumaron cuestionamientos desde el propio Partido Laborista, mientras figuras históricas del ala conservadora endurecieron su discurso. Priti Patel habló de una “rendición vergonzosa” y Iain Duncan Smith denunció que la decisión ignora las denuncias sobre abusos y actividades de espionaje atribuidas al Partido Comunista Chino.
El tamaño y la ubicación del complejo son ejes centrales de la polémica. Diseñada por el arquitecto británico David Chipperfield, la futura embajada ocupará más de 20.000 metros cuadrados, contará con más de 200 estancias y dispondrá de instalaciones subterráneas. Será la mayor representación diplomática china en Europa y concentrará en un único enclave siete sedes que actualmente funcionan de manera dispersa en Londres.
El emplazamiento elegido se encuentra entre la City y Canary Wharf, sobre una red de cableado por la que circulan a diario millones de datos financieros. Parte de los planos presentados por China aparecieron parcialmente tachados, lo que alimentó versiones sobre la existencia de áreas ocultas próximas a infraestructuras críticas y avivó temores sobre un posible uso para tareas de inteligencia o vigilancia de disidentes.
El Royal Mint Court no es un solar cualquiera. Durante más de un siglo y medio fue uno de los enclaves estratégicos del Imperio británico, donde se acuñaron monedas que sostenían el comercio global. Diseñado inicialmente por James Johnson y completado luego por Robert Smirke, también responsable del British Museum, el edificio se convirtió en un símbolo de autoridad y estabilidad del Londres del siglo XIX. El predio alberga además restos arqueológicos de gran valor histórico, incluidos vestigios medievales y zonas asociadas a la peste negra.
Tras el traslado definitivo de la Royal Mint a Gales en 1968, el complejo tuvo usos intermitentes hasta ser adquirido en 2018 por la República Popular China con el objetivo explícito de levantar su nueva embajada. El propio Chipperfield, galardonado con el Premio Pritzker, reconoció en entrevistas pasadas que el encargo le generó dilemas éticos, aunque defendió su participación al considerar el proyecto como una pieza necesaria de la diplomacia internacional.
El aval final contó con un respaldo prudente de los servicios de inteligencia británicos. En una carta conjunta, el director del MI5, Ken McCallum, y la jefa del GCHQ, Anne Keast-Butler, admitieron que no es posible eliminar todos los riesgos potenciales, pero señalaron que el Gobierno diseñó un paquete de mitigación que consideraron profesional y proporcionado. Esa evaluación fue asumida por el ministro de Vivienda y Comunidades, Steve Reed, quien sostuvo que no existían objeciones legales suficientes para bloquear el proyecto.
Pese a ello, comunidades de exiliados chinos y residentes de la zona anunciaron que evalúan recurrir la decisión ante los tribunales. Advierten que la embajada podría convertirse en un centro de “represión transnacional” y en un foco permanente de protestas, con impacto directo sobre la seguridad y la vida cotidiana del barrio.
La autorización llega además en un momento políticamente sensible. Keir Starmer inicia esta semana una visita oficial a China, la primera de un primer ministro británico en ocho años, con la intención de recomponer la relación bilateral. Según trascendió, el propio Xi Jinping había planteado la embajada como una prioridad estratégica en contactos previos, lo que refuerza la percepción de que el proyecto es parte de una negociación diplomática más amplia.
Aunque el permiso ya fue concedido, la combinación de recursos judiciales, presión política y recelos de seguridad anticipa que la futura embajada china en Royal Mint Court seguirá siendo uno de los puntos más observados y controvertidos del mapa londinense.
Fuentes consultadas: medios británicos, Europa Press, analistas de política internacional, información oficial del Gobierno del Reino Unido y antecedentes históricos de Royal Mint Court.

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