Londres, 3 de febrero de 2026 – Total News Agency-TNA-Las Fuerzas Armadas del Reino Unido atraviesan un nivel de debilitamiento tal que, ante un escenario de crisis, ya no estarían en condiciones de garantizar una defensa efectiva de las Islas Malvinas, según advirtió un ex integrante del Servicio Aéreo Especial del Reino Unido (SAS) y veterano del conflicto del Atlántico Sur de 1982. La afirmación vuelve a poner en debate el estado real del poder militar británico y la distancia creciente entre la capacidad desplegada hace más de cuatro décadas y la disponible en la actualidad.
El planteo fue realizado por Mick Hawkes, de 65 años, ex miembro del SAS durante 13 años y combatiente en la guerra de 1982, quien expresó su preocupación por la reciente decisión del gobierno de Londres de ampliar hasta los 65 años la edad del personal que podría ser convocado en caso de guerra o emergencia nacional. Para el veterano, esa medida no constituye una solución, sino un síntoma de la crisis estructural que atraviesan las Fuerzas Armadas británicas.
Hawkes cuestionó la viabilidad operativa de recurrir a personal de edad avanzada para tareas de combate. A su criterio, la convocatoria de ex militares de hasta 65 años no incrementa la capacidad real de las fuerzas en un escenario de alta intensidad. Si bien admitió que podrían cumplir funciones de apoyo o retaguardia, remarcó que los combates modernos exigen condiciones físicas y entrenamiento permanente que difícilmente puedan sostenerse a esa edad. En ese contexto, sostuvo que “la guerra es un juego de jóvenes” y reclamó una política sostenida de reclutamiento y retención de personal activo.
El ex integrante del SAS fue más allá al comparar el presente con el pasado. Señaló que el Reino Unido “ya no tiene una fuerza de combate como antes” y advirtió que, ante un conflicto comparable al de 1982, la respuesta británica sería incierta. “Si ocurriera algo como Malvinas otra vez, no estoy seguro de qué podríamos hacer”, afirmó, en una declaración que generó fuerte repercusión en medios británicos y en ámbitos vinculados a la defensa.
El diagnóstico se apoya en datos concretos. Durante la guerra del Atlántico Sur, el Reino Unido desplegó una poderosa Fuerza de Tareas que incluyó dos portaaviones, ocho destructores y 16 fragatas, además de un volumen de tropas y medios logísticos muy superior al actual. Hoy, la Real Armada Británica (Royal Navy) dispone de dos portaaviones, seis destructores y 11 fragatas, una reducción significativa atribuida a décadas de recortes presupuestarios, cancelación de programas y desinversión en capacidades tradicionales.
La disminución también es notoria en términos de personal. En 1982, la Royal Navy superaba los 60.000 efectivos, mientras que en la actualidad ronda los 17.100 marinos. El Ejército Británico (British Army), por su parte, cuenta con poco más de 78.000 soldados, frente a los aproximadamente 163.000 que tenía al momento del conflicto con la Argentina. Para Hawkes, esta contracción sostenida limita la capacidad de sostener operaciones prolongadas y de proyectar poder a larga distancia.
Desde el gobierno británico, sin embargo, la lectura es diferente. Funcionarios del Ministerio de Defensa del Reino Unido (MOD) sostienen que la reducción en volumen no implica automáticamente una vulnerabilidad inmediata en las Islas Malvinas. Argumentan que el archipiélago se encuentra hoy mucho mejor defendido que en la antesala de 1982, con infraestructura militar permanente, aviación de combate desplegada, sistemas de vigilancia modernos y presencia rotativa de fuerzas terrestres.
Londres también apuesta a compensar la menor cantidad de plataformas y efectivos con tecnologías contemporáneas, como sistemas no tripulados, capacidades cibernéticas y recursos espaciales integrados a la defensa. Según esta visión, la disuasión actual no se basa únicamente en el número de buques o soldados, sino en la capacidad de detección temprana, respuesta rápida y superioridad tecnológica.
Las advertencias de Hawkes, no obstante, vuelven a exponer un debate sensible dentro del propio Reino Unido: si el actual modelo de fuerzas es suficiente para enfrentar un conflicto convencional de alta intensidad y sostener compromisos estratégicos lejanos, como el de las Islas Malvinas, en un contexto global cada vez más inestable.
Fuentes consultadas: Daily Express; medios británicos especializados en defensa; informes públicos del Ministerio de Defensa del Reino Unido.

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