Buenos Aires, 5 de febrero de 2026-Total News Agency-TNA-La aprobación en primera discusión de la ley de amnistía para presos políticos en Venezuela no fue un hecho aislado ni espontáneo. Se trata de una iniciativa impulsada directamente por la presidenta interina Delcy Rodríguez tras la detención de Nicolás Maduro, que durante semanas encontró resistencias internas dentro del propio entramado chavista y que finalmente logró avanzar luego de un segundo golpe decisivo: la captura de Alex Saab, uno de los principales operadores financieros del régimen.
La Asamblea Nacional, de amplia mayoría oficialista, aprobó por unanimidad el proyecto que contempla la amnistía para personas detenidas por motivos políticos desde 1999, año de llegada del chavismo al poder. El texto excluye expresamente a quienes estén procesados o condenados por violaciones graves a los derechos humanos, delitos de lesa humanidad o crímenes de sangre, y deberá aún atravesar una segunda discusión antes de convertirse en ley.
El proyecto fue presentado por Delcy Rodríguez, quien asumió el poder tras la captura de Maduro durante una incursión militar estadounidense realizada a comienzos de enero en territorio venezolano. Desde ese momento, la dirigente chavista buscó acelerar gestos políticos orientados a mostrar una apertura controlada, tanto hacia la sociedad venezolana como hacia la comunidad internacional. Sin embargo, la amnistía encontró fuertes reparos internos, principalmente de sectores vinculados a la vieja guardia del régimen y a los circuitos financieros que sostenían al poder.
Esos escollos comenzaron a desmoronarse tras la detención de Alex Saab, empresario colombiano-venezolano señalado como testaferro central del chavismo y engranaje clave en las redes de corrupción, lavado de dinero y evasión de sanciones internacionales. Saab fue capturado en un operativo coordinado entre agencias de seguridad venezolanas y estadounidenses, luego de permanecer prófugo tras su retorno al país. Su detención fue leída como una señal inequívoca de quiebre dentro del sistema de protección que rodeaba a los principales operadores del régimen.
Con ese escenario despejado, la amnistía logró avanzar en el Parlamento. El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, hermano de la mandataria interina, ordenó la conformación de una comisión especial para acelerar el tratamiento del proyecto y las consultas con la sociedad civil. La comisión será presidida por Jorge Arreaza e integrada por otros 18 diputados, entre ellos Nicolás Maduro Guerra, hijo del exmandatario detenido, y la exministra del Servicio Penitenciario Iris Varela.
“No tenemos mucho tiempo”, advirtió Jorge Rodríguez durante la sesión, al tiempo que convocó a una consulta “profunda” que incluya testimonios de familiares de detenidos, de las propias personas privadas de libertad y también de víctimas de hechos violentos ocurridos en los últimos años. El discurso oficial buscó enmarcar la iniciativa en una narrativa de “sanación nacional” tras décadas de confrontación política.
En esa línea, Maduro Guerra equiparó la detención de su padre en Estados Unidos con la prisión que sufrió Nelson Mandela en Sudáfrica, y expresó su deseo de que, una vez aprobada la ley, la política venezolana transite un camino “sin violencia, sin odios, sin misiles, sin invasiones militares y sin secuestros de presidentes”, en clara referencia a la captura de Maduro y de su esposa Cilia Flores.
La aprobación de la amnistía se inscribe así en un delicado equilibrio de poder: un chavismo sin su líder histórico, con parte de su estructura financiera desmantelada tras la caída de Saab, y una conducción transitoria que busca ganar tiempo, oxígeno político y legitimidad. Aunque presentada como un gesto humanitario y de reconciliación, la medida también funciona como una válvula de escape en un país atravesado por años de represión, presos políticos y aislamiento internacional.
El desenlace final dependerá del segundo debate parlamentario y de la implementación concreta de la ley. Por ahora, el mensaje político es claro: la amnistía fue posible recién cuando cayeron dos pilares del poder chavista.

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