Buenos Aires, 7 de febrero de 2026-Total News Agency-TNA– — El presidente de Colombia, Gustavo Petro, protagonizó un giro marcado en la política exterior de su país al reunirse con su par estadounidense, Donald Trump, en la Casa Blanca, marcando un claro abandono de su retórica confrontativa contra Estados Unidos y un retorno al “cause” estratégico de cooperación bilateral para abordar temas de seguridad, narcotráfico y desarrollo regional. El encuentro, considerado histórico por analistas internacionales, reflejó un tono de reconciliación que pone fin, aunque no de manera definitiva, a un año de fricciones profundas entre Washington y Bogotá.
El desplazamiento de un discurso crítico hacia uno pragmático quedó expuesto no solo en la actitud diplomática, sino también en las palabras expresadas por ambos mandatarios tras más de dos horas de diálogo. Trump calificó a Petro como “terrific” (excelente) y destacó el interés común en cooperar para enfrentar el narcotráfico regional, mientras que el presidente colombiano introdujo una especie de lema de unidad continental, al sugerir un concepto similar a “Make the Americas Great Again” como compromiso colectivo de los países americanos.
El viraje de Petro cobra singular relevancia si se compara con sus posturas de los últimos años, durante las cuales no solo cuestionó la política estadounidense en materia de deportaciones y seguridad, sino que también criticó operaciones militares de Washington y sus sanciones, las cuales motivaron tensiones diplomáticas y la revocación de su visa en 2025. En ocasiones previas, el mandatario había señalado a Estados Unidos por lo que denominaba una injerencia en asuntos regionales, incluso tras el bombardeo estadounidense en Venezuela en enero reciente, calificando las acciones de agresiones inaceptables contra la soberanía latinoamericana.
No obstante, en Washington el enfoque cambió claramente de tono y de contenido. El presidente colombiano enfatizó su interés en cooperar con Estados Unidos para capturar a los grandes narcotraficantes que operan a nivel transnacional, ofrecer métodos alternativos de lucha antidrogas que respeten los derechos humanos y promover la exportación de gas venezolano a través de Colombia como parte de una estrategia regional de energía. Asimismo, solicitó que Trump actúe como mediador en tensiones diplomáticas con países vecinos, incluidos algunos roces con Ecuador.
La imagen resultante de la reunión, capturada en la Oficina Oval con fotografías oficiales, contradijo las tensiones abiertas de 2025, cuando Trump llegó a describir públicamente a Petro como un líder con vínculos con el narcotráfico e insinuó la posibilidad de acciones militares —informes posteriormente desacreditados por falta de evidencia— que encendieron una crisis bilateral.
Asesores y analistas han interpretado la voluntad de diálogo como una oportunidad para revitalizar una relación estratégica de décadas entre los dos países, que históricamente posicionó a Colombia como uno de los principales aliados de Estados Unidos en la región. El tono moderado y la disposición a fortalecer vínculos en áreas de interés común representan para muchos un retorno al cauce diplomático que nunca debió haberse perdido.
No obstante, expertos advierten que, pese a la aparente normalización del intercambio, persisten riesgos de nuevos episodios de tensión si las diferencias sobre temas como políticas antidrogas, cooperación militar o comercio no encuentran soluciones sostenibles. El encuentro de esta semana, más que cerrar definitivamente la brecha, podría considerarse el inicio de una nueva etapa en la relación bilateral que combina realismo político con las necesidades estratégicas de ambos países frente a desafíos regionales crecientes.





