Teherán, Irán – 8 de febrero de 2026 – Total News Agency-TNA-La premio Nobel de la Paz Narges Mohammadi volvió a desafiar abiertamente al régimen iraní al confirmar que no regresará a prisión, pese a que ya venció el permiso médico de 21 días que le fue otorgado tras una delicada operación quirúrgica. La activista, símbolo de la resistencia contra la represión estatal y la opresión de las mujeres en Irán, aseguró estar dispuesta a “pagar un precio aún más alto” en su lucha por la libertad.
Mohammadi, de 52 años, fue arrestada en 13 oportunidades, condenada en nueve causas y pasó largos períodos en la cárcel de Evin, incluyendo meses de aislamiento en celdas que describió como del tamaño de una “tumba”. Desde 2001 acumuló cerca de una década tras las rejas y aún enfrenta una condena que podría extender su encierro por otros diez años, vinculada a su activismo contra la pena de muerte, la represión política y las restricciones impuestas a las mujeres.
En noviembre de 2024, las autoridades penitenciarias autorizaron su salida temporal para someterse a la extirpación de un tumor en una pierna. Si bien el permiso ya se cumplió, Mohammadi no volvió a prisión. “No creo que deba estar en la cárcel y no regresaré”, afirmó, mientras sus abogados continúan reclamando una extensión formal que la Fiscalía aún no respondió.
La activista reconoció que, fuera de prisión, su estado físico y psicológico mejoró notablemente gracias a tratamientos médicos que le fueron negados durante años en Evin, como la fisioterapia. Sin embargo, el alivio sanitario contrasta con la presión política constante: tras recibir el Premio Nobel de la Paz 2023, el régimen intensificó el hostigamiento, le cortó las comunicaciones, le impidió despedir a su padre y demoró durante meses la atención médica que necesitaba.
Pese a ello, los intentos de silenciarla fracasaron. Al recuperar la libertad temporal, Mohammadi volvió a gritar consignas como “mujer, vida, libertad”, lema que marcó las protestas de 2022 tras la muerte de Mahsa Amini. Desde entonces mantiene una actividad constante mediante entrevistas, mensajes en redes sociales y participación remota en foros internacionales.
El costo personal de esa militancia es alto. La propia Mohammadi reconoce que el mayor sacrificio es no ver desde hace una década a sus hijos gemelos, Ali y Kiana, hoy de 18 años, quienes debieron recibir el Nobel en su nombre en Oslo. Aun así, sostiene que ellos comprenden la causa: “También les late el corazón por su país y por nuestros ideales”.
La activista rechaza el discurso oficial que presenta la imposición del velo como una cuestión religiosa y la define como una herramienta política de dominación. En ese sentido, destacó que el creciente número de mujeres que circulan sin hiyab en las calles no responde a una concesión del régimen, sino a la voluntad colectiva femenina y a una forma sostenida de desobediencia civil.
Mohammadi considera que la lucha iniciada con las protestas de 2022 continúa viva, aunque con nuevas formas. “Ya no siempre son manifestaciones en las calles, pero la resistencia sigue”, afirmó. Para ella, las mujeres iraníes están dispuestas a asumir riesgos mayores para alcanzar la libertad, convencidas de que cada gesto erosiona el control autoritario.
Definida por organizaciones internacionales como una activista “indómita”, Narges Mohammadi encarna una de las voces más persistentes contra el sistema de los ayatolás. Su caso volvió a poner en foco la represión política en Irán y el precio humano que pagan quienes desafían al poder. Lejos de retroceder, la premio Nobel insiste en que la libertad vale cualquier sacrificio y que el silencio, para ella, ya no es una opción.
Fuentes consultadas: EFE, Human Rights Watch, Amnistía Internacional, Associated Press, Comité Nobel Noruego, medios internacionales y organizaciones de derechos humanos.

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