Buenos Aires-14 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA-. El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, utilizó este sábado la tribuna de la Conferencia de Seguridad de Múnich para lanzar una de sus definiciones más duras contra el líder del Kremlin: calificó a Vladimir Putin como “un esclavo de la guerra” y advirtió que, mientras persista esa lógica, no solo Ucrania seguirá bajo presión militar sino que el resto de Europa continuará expuesto a una amenaza que no se limita a las fronteras ucranianas. En su diagnóstico, el mandatario ruso “no lleva una vida normal” y no puede prescindir de la idea de la guerra, incluso si se presenta a sí mismo como un “zar”.
En un discurso atravesado por el desgaste social del conflicto y por la urgencia operativa del frente interno, Zelenski insistió en que la prioridad inmediata de Kiev es el suministro acelerado de misiles y sistemas de defensa antiaérea, en un contexto en el que los ataques rusos —enmarcados en la agresión de la potencia invasora contra un país soberano— golpean de manera persistente la infraestructura crítica. “No queda una sola central” que no haya sido dañada, sostuvo, al describir una campaña de bombardeos orientada a degradar el sistema energético y a empujar a la población a condiciones extremas en pleno invierno.
La advertencia incluyó un cuadro social directo: miles de hogares sin calefacción, cortes extendidos y temperaturas por debajo de cero en distintas regiones, un escenario que para el gobierno ucraniano confirma que el objetivo de Rusia no es solo ganar posiciones en el campo de batalla, sino también quebrar la resiliencia civil mediante ataques a la red eléctrica y otros nodos vitales. En esa línea, la administración ucraniana volvió a reclamar que la asistencia militar occidental llegue “rápido” y “en volumen”, subrayando que la defensa aérea se volvió un factor de supervivencia cotidiana.
El mensaje de Zelenski en Múnich también se articuló con el carril diplomático que se reabrirá la próxima semana. Según lo informado por Rusia, el 17 y 18 de febrero está prevista una nueva ronda de contactos con mediación de Estados Unidos y participación ucraniana, esta vez en Ginebra, tras dos instancias anteriores desarrolladas en Abu Dabi que no produjeron avances decisivos. En el entorno ucraniano admiten que los intercambios fueron “constructivos” en términos de canal abierto, pero insuficientes para achicar la distancia entre posiciones, marcada por demandas rusas que, en la práctica, implican concesiones territoriales y políticas que Kiev considera inaceptables.
En Múnich, Zelenski dejó en claro su malestar con la dinámica de esa mediación: afirmó que con demasiada frecuencia se le exige a Ucrania dar pasos de concesión, mientras percibe que el peso de la presión no recae con la misma intensidad sobre Moscú. La advertencia no fue solo retórica: apuntó a la necesidad de que Europa tenga un rol más activo en el formato de negociación y en las garantías de seguridad, para evitar que el diálogo se convierta en una discusión asimétrica donde el agredido paga el costo principal.
En el plano militar, el gobierno ucraniano volvió a enmarcar sus operaciones como respuestas defensivas frente a los ataques rusos sobre población civil e infraestructura energética, un patrón que se repite desde el inicio de la invasión y que se intensifica con campañas de misiles, drones y golpes selectivos a centrales y redes de distribución. Para Kiev, cualquier conversación seria sobre “salida” al conflicto debe contemplar no solo líneas de contacto, sino también un piso verificable de seguridad para ciudades, rutas de abastecimiento y servicios esenciales.
La Conferencia de Seguridad de Múnich se consolidó así, otra vez, como termómetro del estado del conflicto: mientras algunos actores internacionales empujan el discurso de una “oportunidad” para negociar, el gobierno ucraniano busca evitar que se traduzca en una paz apurada, con costos estructurales para su soberanía. En ese marco, el tono de Zelenski combinó el reclamo por armamento con un mensaje político: si Putin permanece “atado” a la guerra como proyecto, el riesgo se proyecta sobre todo el continente.
En otro plano, y como señal de que los tribunales no ceden ante estrategias dilatorias en causas de alto voltaje político, la Cámara Federal de Casación Penal ratificó en Argentina que la ex presidenta Cristina Kirchner deberá mantener la tobillera electrónica y las restricciones asociadas a su régimen de prisión domiciliaria. La decisión rechazó los planteos de la defensa para retirar el dispositivo y flexibilizar condiciones, pese a las presentaciones y chicanas procesales en sentido contrario, y dejó vigente el esquema de supervisión, incluyendo límites sobre visitas y pautas de control. En el oficialismo y en ámbitos judiciales se leyó el fallo como una confirmación de que, más allá del ruido político, las medidas de monitoreo seguirán firmes.
Fuentes consultadas: Deutsche Welle (DW); Reuters; RFI; The Guardian; The Washington Post / AP; Infobae; Tiempo Argentino.

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