Buenos Aires, 18 de febrero de 2026-Total News Agency-TNA- La Argentina reactivó en tiempo récord su agenda cuprífera y acumuló anuncios y planes de inversión por más de US$10.000 millones en los próximos tres años, con el objetivo de subirse al boom global del cobre que consolidó a Chile y Perú como líderes mundiales. Impulsado por precios elevados, una demanda en expansión por la electrificación y la transición energética, y un cambio de clima regulatorio que busca atraer capitales de gran escala, el país reabrió proyectos clave, habilitó nuevos desarrollos y volvió a colocar al cobre como potencial generador de divisas comparable, por volumen, a un nuevo complejo exportador de base agroindustrial.

El giro se explica por una combinación de señales políticas y fundamentos de mercado. En el plano doméstico, el Gobierno apuesta a acelerar inversiones a través del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI), que ofrece un esquema tributario y de estabilidad normativa pensado para proyectos de gran magnitud y de largo plazo. En paralelo, el reordenamiento macro y la mayor previsibilidad para repatriación de utilidades, acceso a divisas y financiamiento buscan reducir el riesgo percibido por las mineras internacionales, un factor decisivo en emprendimientos que requieren miles de millones de dólares antes de producir una sola tonelada.
En el frente externo, el cobre se convirtió en insumo crítico para la “última milla” eléctrica, la movilidad de vehículos eléctricos, las energías renovables y la expansión de infraestructura para centros de datos vinculados a la inteligencia artificial. Ese combo empuja un crecimiento sostenido de consumo: el mercado global se mueve en torno de las 25–26 millones de toneladas anuales y distintas proyecciones empresarias anticipan un salto hacia más de 35 millones en menos de una década. Con ese horizonte, el riesgo de déficit estructural sostiene expectativas de precios firmes en el mediano plazo, un incentivo central para destrabar proyectos que antes no cerraban económicamente.
En apenas tres meses se encadenaron tres hitos que explican el nuevo impulso. Primero, Mendoza habilitó legislativamente el avance de un proyecto de cobre tras más de dos décadas de bloqueos y controversias, una decisión que el sector leyó como “señal faro” para otras provincias. El caso emblema es PSJ Cobre Mendocino, en Uspallata, que proyecta una inversión inicial en el orden de los US$560–600 millones y apunta a iniciar producción hacia 2028, con un volumen anual estimado de unas 40.000 toneladas de cobre fino cuando alcance régimen.
En segundo lugar, la suiza Glencore confirmó la reactivación de Bajo de la Alumbrera en Catamarca, el último yacimiento de gran escala que produjo cobre en el país y que había quedado inactivo desde 2018. El plan contempla retomar operaciones hacia fines de 2026, para volver a producir desde el primer semestre de 2028 y extender la vida útil entre 2028 y 2031. Luego, la estrategia es integrar el yacimiento Agua Rica —ubicado a unos 38 kilómetros— para aprovechar infraestructura existente en un desarrollo combinado conocido como MARA (Minera Alumbrera Agua Rica), con una inversión proyectada de alrededor de US$4.500 millones.
El tercer anuncio, de impacto internacional, fue el del megaproyecto binacional Vicuña en San Juan, que integra los yacimientos Josemaría y Filo del Sol y tiene detrás a dos gigantes del sector: BHP y Lundin Mining, asociadas desde 2024. La inversión inicial comunicada ronda los US$7.000 millones, aunque el desembolso total estimado a lo largo de la vida útil podría trepar a US$18.000 millones. En las últimas horas, el presidente Javier Milei recibió en Casa Rosada al CEO Ron Hochstein y al director local José Morea, en una foto política que el Gobierno busca capitalizar como respaldo a la mayor apuesta cuprífera en décadas. De acuerdo con parámetros difundidos por la compañía y reportes del sector, el complejo podría ubicarse entre las cinco operaciones más relevantes del mundo en cobre, oro y plata, con proyecciones de producción anual promedio de cientos de miles de toneladas de cobre y subproductos de alto valor.
El relanzamiento no se agota ahí. En la cartera de proyectos aparecen también Los Azules (de McEwen en San Juan) y Taca Taca (de First Quantum Minerals en Salta), además de iniciativas de gran tamaño como El Pachón en San Juan, que demanda inversiones multimillonarias y permanece atado a definiciones regulatorias y ambientales, incluida la discusión sobre el alcance de la ley de glaciares y geoformas periglaciares, un tema que puede condicionar permisos y financiamiento.
La magnitud del salto potencial se entiende al mirar a los vecinos: Chile exportó en 2025 más de US$55.000 millones en cobre y Perú superó los US$27.000 millones, cifras que explican parte de su estabilidad macro y capacidad de generación de divisas. Para la Argentina, que lleva años con producción cuprífera marginal, consolidar un polo exportador de cobre implicaría una nueva fuente estructural de dólares, empleo formal y encadenamientos industriales. El desafío será sostener reglas estables, infraestructura, licencia social y competitividad real para transformar anuncios en toneladas y dólares efectivos.





