Ginebra, 18 de febrero de 2026-Total News Agency-TNA- El presidente de Ucrania, Volodimir Zelenski, afirmó este miércoles que las conversaciones celebradas en Ginebra entre delegaciones de Ucrania, Rusia y Estados Unidos dejaron “progresos” en la definición de mecanismos de verificación para un eventual alto el fuego, aunque subrayó que el entendimiento político sigue bloqueado por divergencias “clave” con Moscú. El balance del mandatario llegó al cierre de dos días de contactos con mediación estadounidense, en los que, pese a la continuidad del diálogo, no hubo anuncio de un acuerdo de cese de hostilidades y quedaron expuestas las distancias sobre el futuro del Donbás y el control de la central nuclear de Zaporiyia, ocupada por fuerzas rusas desde el inicio de la invasión.
En un mensaje de voz enviado a periodistas, Zelenski sostuvo que “los militares saben” cómo monitorear un alto el fuego y el final de la guerra “cuando haya voluntad política”, aludiendo a que los instrumentos técnicos existen pero dependen de una decisión estratégica del Kremlin. En la misma línea, el mandatario precisó que el esquema de verificación contemplará participación directa de Estados Unidos y adelantó que el jefe del Estado Mayor y negociador ucraniano, Andrí Gnatov, brindará detalles adicionales cuando la delegación regrese a Kiev.
De acuerdo con la reconstrucción de fuentes diplomáticas y reportes de agencias internacionales, la discusión sobre verificación se concentra en tres planos: monitoreo del frente y del cumplimiento de eventuales líneas de alto el fuego, mecanismos de reporte y atribución de responsabilidad ante violaciones, y coordinación operativa con asistencia estadounidense. Para Ucrania, la verificación es condición indispensable: sin control robusto, un alto el fuego podría convertirse en una pausa táctica que favorezca a Rusia y consolide posiciones obtenidas por la fuerza, en un conflicto iniciado por la invasión rusa y marcado por ataques reiterados contra población civil e infraestructura energética.
El propio Zelenski remarcó que el estancamiento político se explica por “posiciones diferentes” en dos puntos centrales. El primero es el “reparto” del Donbás, una referencia a las exigencias rusas vinculadas a territorios del este ucraniano donde Moscú pretende imponer condiciones de retiro o limitación de capacidades ucranianas. El segundo es la administración y control de la central de Zaporiyia, un activo estratégico por su peso en la matriz energética y por el riesgo de seguridad nuclear que implica una instalación de ese tamaño bajo ocupación militar. Para Kiev, cualquier fórmula que legitime la ocupación sería inaceptable; para Rusia, la central aparece como palanca de presión y como elemento de negociación para condicionar la arquitectura de seguridad posterior a la guerra.
La ronda en Suiza concluyó con la decisión de seguir reuniéndose, un dato que ambos bandos exhibieron como señal de continuidad del proceso. Del lado ucraniano, el jefe negociador Rustem Umerov habló de avances, aunque evitó divulgar contenidos por considerar que el trabajo requiere alineamientos entre todas las partes y tiempo. En el plano ruso, el negociador Vladimir Medinski describió los contactos como “difíciles” pero “sustanciales” y señaló que una nueva reunión debería realizarse “pronto”, sin precisar fecha. La segunda jornada, según los reportes, duró alrededor de dos horas tras un primer día con intercambios más extensos y formatos múltiples.
La mediación estadounidense tuvo un perfil político alto. Participaron el enviado especial de la Casa Blanca para procesos de paz, Steve Witkoff, y Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump, en un contexto en el que Washington busca resultados visibles y presiona para acelerar un horizonte de negociación. En Kiev observan con cautela ese empuje: la prioridad ucraniana sigue siendo una paz justa y duradera que no recompense la agresión y que incluya garantías verificables. En ese marco, Ucrania insiste en que su resistencia militar y sus operaciones forman parte de una defensa legítima frente a una potencia invasora, mientras denuncia que Rusia usa la mesa como instrumento para ganar tiempo y sostener ventajas en el terreno.
Un elemento destacado por Zelenski fue la presencia europea. El mandatario dijo estar satisfecho por la participación de representantes de Reino Unido, Alemania, Francia e Italia, y remarcó que para Ucrania es “muy importante” que Europa esté en la mesa y no quede reducida a un rol de observador. Antes, el propio Zelenski había indicado que ucranianos y estadounidenses mantuvieron reuniones paralelas con delegados de esos cuatro países en Ginebra, una señal de que Kiev busca ampliar el sostén político y la coordinación estratégica con sus aliados continentales.
En paralelo, el capítulo humanitario sigue funcionando como el terreno más viable para resultados parciales. Zelenski reiteró su expectativa de que el canal abierto en Ginebra permita nuevos intercambios de prisioneros de guerra y civiles cautivos, una dimensión en la que Ucrania intenta obtener compromisos concretos aun cuando las cuestiones territoriales y de control estratégico continúen trabadas.
Por ahora, el saldo de la ronda confirma un patrón: hay avances en la ingeniería de verificación y monitoreo, pero el núcleo político —territorio, soberanía, seguridad y control de activos críticos— permanece sin resolución. Mientras Rusia mantenga su ocupación y la presión militar, Ucrania considera que cualquier entendimiento debe incluir garantías robustas y supervisión efectiva para evitar que un alto el fuego se transforme en una simple congelación del conflicto favorable al invasor. La próxima reunión, si se concreta en el corto plazo, pondrá a prueba si la arquitectura técnica de verificación puede traducirse en compromisos políticos reales o si, otra vez, la guerra seguirá imponiendo sus hechos sobre la diplomacia.



