Buenos Aires-19 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA- En plena jornada de paro general de 24 horas convocado por la CGT, la conflictividad social sumó este jueves un componente adicional de alto impacto que perjudican a toda la sociedad: cortes en corredores estratégicos del conurbano bonaerense. Trabajadores de Fate, sectores docentes nucleados en CTERA y organizaciones sociales interrumpieron la Autopista Panamericana a la altura de Virreyes, mientras que militantes y agrupaciones de izquierda bloquearon la Autopista Buenos Aires-La Plata, con el objetivo de confluir luego en una movilización hacia el Congreso en rechazo a la reforma laboral que se discute en la Cámara de Diputados.
El epicentro inicial se concentró en el ramal Tigre de la Panamericana, a la altura de la calle Uruguay, donde manifestantes realizaron un corte total que afectó el tránsito en una franja que, aun con menor circulación por la huelga, constituye una de las vías clave de acceso y conexión con el norte del AMBA. En el lugar se desplegó personal de Gendarmería Nacional, que instó a los presentes a liberar al menos un carril para descomprimir el embudo vehicular. Tras un período de tensión controlada, los manifestantes habilitaron parcialmente la traza y, más tarde, se retiraron del punto del corte.
La protesta en Panamericana se inscribió en un clima cargado por la crisis de Fate, la histórica fabricante de neumáticos con planta en Virreyes. El conflicto escaló durante las últimas horas tras el anuncio empresarial de cierre y cesantías masivas, una decisión que expuso la combinación de caída de la actividad industrial, competencia importadora y el desgaste de una relación laboral marcada por fricciones recurrentes. Para los trabajadores, el paro general funcionó como plataforma de visibilización y como mecanismo de presión política: el mensaje explícito fue que la reforma laboral, lejos de ofrecer contención, aceleraría un esquema de flexibilización en un contexto de pérdida de empleos y deterioro del poder adquisitivo.
Fuentes gremiales vinculadas a la protesta sostuvieron que el objetivo fue “hacer visible” el impacto del cierre y advertir sobre un escenario de “desmantelamiento” de la industria local. Del lado empresario y del Gobierno, en cambio, el foco se colocó en la necesidad de “modernizar” el sistema laboral para reducir la informalidad y atraer inversiones. En ese choque de diagnósticos, el debate parlamentario se convirtió en el eje que ordena la calle: la huelga de la CGT paralizó buena parte del transporte y de la actividad formal, pero los piquetes agregaron un elemento de bloqueo territorial que eleva el costo inmediato del conflicto.
A la par del episodio en el norte del conurbano, sobre la Autopista Buenos Aires-La Plata se registraron cortes y bloqueos protagonizados por organizaciones sociales, partidos de izquierda y sectores sindicales combativos, con presencia de trabajadores del Astillero Río Santiago y agrupaciones de distintos rubros que adhirieron al paro. En la zona de accesos y bajadas —según reportes coincidentes de medios locales— el tránsito quedó interrumpido de manera total por lapsos, afectando la conexión entre La Plata y la Ciudad de Buenos Aires. En el esquema anunciado por los convocantes, la protesta no se limitó a la autopista: el plan fue avanzar en columna hacia el Congreso, donde la discusión de la reforma laboral opera como catalizador de una jornada que ya mostraba alto voltaje político.
En términos operativos, el despliegue de fuerzas federales se mantuvo con prioridad en “ordenamiento” y “negociación táctica” para liberar carriles, evitando por el momento una dinámica de represión abierta que pudiera multiplicar focos de conflicto. Sin embargo, la presencia de Gendarmería Nacional en Panamericana y el seguimiento de los cortes en la Buenos Aires-La Plata confirmaron que el Gobierno busca impedir que los piquetes se transformen en bloqueos prolongados que reemplacen el impacto del paro —ya elevado por la adhesión sindical— por un esquema de interrupción sostenida de la circulación.
El cuadro general expone un doble frente para la administración nacional: por un lado, la votación y negociación legislativa de una reforma laboral que enfrenta resistencia sindical y callejera; por el otro, el deterioro del clima social en sectores industriales con conflictos abiertos, donde el caso Fate adquirió valor simbólico por su historia, su localización estratégica y el volumen de puestos de trabajo involucrados. En ese marco, la jornada dejó una señal concreta: aun con la actividad reducida por la huelga, los cortes en autopistas críticas reconfiguran la protesta en el territorio y elevan la presión política sobre la sesión en Diputados.
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