Buenos aires-24 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA — La actividad económica mostró en diciembre una mejora que el Gobierno celebró de inmediato y que el INDEC confirmó con números concretos: el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) subió 3,5% interanual y avanzó 1,8% frente a noviembre en la medición desestacionalizada. Con ese empuje, el acumulado de 2025 cerró con un crecimiento de 4,4%, un dato que consolida un año de recuperación, aunque con una foto final desigual: el motor del campo y la intermediación financiera empujaron fuerte, mientras la industria y el comercio terminaron arrastrando los pies.
El dato de diciembre es clave porque muestra un cierre de año con dinámica positiva: además del rebote mensual, el componente tendencia-ciclo marcó 0,3% respecto del mes previo, señal de continuidad. En términos simples, el nivel de actividad no solo mejoró por el efecto estacional de fin de año, sino también por una trayectoria que, al menos en el cierre del período, fue hacia arriba. En el cuadro anual, el crecimiento de 4,4% también implica un giro respecto de 2024, cuando la economía había mostrado un retroceso, según la serie oficial.
Tras la difusión del informe, el ministro de Economía, Luis Caputo, salió a festejarlo en redes y sostuvo que tanto el indicador desestacionalizado como el de tendencia-ciclo se ubicaron en “máximos históricos” en el último mes del año. En su lectura, el crecimiento se sostuvo pese a un segundo semestre atravesado por “incertidumbre electoral”, dolarización de carteras y un riesgo país más alto, algo que atribuyó a los “fundamentos” del programa: superávit fiscal, orden monetario y la recapitalización del Banco Central (BCRA). La Casa Rosada busca instalar que, con el ancla fiscal y un esquema monetario más rígido, la economía empezó a recomponerse sin necesidad de “parches” de corto plazo.

Pero cuando se mira la letra chica del INDEC, aparece lo más interesante: el mapa de ganadores y perdedores. En diciembre, 11 de los 15 sectores del indicador registraron mejoras interanuales. El gran protagonista fue Agricultura, ganadería, caza y silvicultura, con un salto de 32,2%, impulsado por una producción de trigo que el propio informe describe como histórica: máximo de la serie tanto en volumen como en rinde, con un rendimiento promedio 50% por encima del promedio de las últimas cinco campañas. En segundo lugar por incidencia positiva se ubicó Intermediación financiera, con 14,1% interanual. Entre ambos sectores explicaron 2,4 puntos porcentuales del crecimiento del EMAE de diciembre, una contribución decisiva para el resultado final.
Otros rubros que mostraron avances fueron Pesca (18,3%), Electricidad, gas y agua (10,7%), Explotación de minas y canteras (9,1%), además de mejoras más moderadas en Transporte y comunicaciones (1,8%), Actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler (1,6%), Servicios sociales y de salud (0,7%), y subas leves en Construcción (0,3%) y Enseñanza (0,3%). El cuadro sugiere que la recuperación estuvo muy apoyada en sectores con fuerte peso exportador o con desempeño desacoplado del consumo masivo.
Del otro lado, cuatro sectores terminaron en negativo interanual y explican por qué la palabra “recuperación” todavía convive con cautela en la calle. La mayor baja fue Industria manufacturera (-3,9%), seguida por Hoteles y restaurantes (-1,5%), Comercio mayorista, minorista y reparaciones (-1,3%) y Administración pública y defensa (-1,1%). En conjunto, industria y comercio restaron 0,8 puntos porcentuales al indicador, un recordatorio de que el tejido productivo y la demanda interna aún no muestran la misma fortaleza que los sectores más ligados al agro, la energía o la intermediación financiera.
La lectura final, entonces, es doble. Por un lado, el EMAE confirma que 2025 cerró con crecimiento y que diciembre aportó un rebote importante. Por otro, deja claro que la mejora no fue pareja: la economía avanzó, sí, pero con un liderazgo muy marcado del agro y con bolsillos industriales y comerciales que todavía sienten el golpe. La pregunta hacia adelante no es solo si el crecimiento se sostiene, sino si logra derramar hacia los sectores que más empleo urbano generan y que, por ahora, siguen sin despegar del todo.





