Ciudad de méxico-24 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA — México sigue midiendo las consecuencias de la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en un operativo que, por su impacto, ya se lee como uno de los golpes más fuertes al crimen organizado en años. Pero a medida que se conocen detalles, también crece la sensación de que la historia oficial no termina de cerrar y que hay una “parte oscura” que el poder no quiere o no puede explicar con claridad.
El comunicado difundido por la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) atribuyó la operación a trabajos de inteligencia militar central junto al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y la Fiscalía General de la República (FGR), con participación de Fuerzas Especiales, aeronaves de la Fuerza Aérea y la Fuerza Especial de Reacción Inmediata de la Guardia Nacional. También reconoció “información complementaria” aportada por autoridades de Estados Unidos dentro de un marco de cooperación bilateral. Lo llamativo, según remarcan analistas y voces del propio sistema de seguridad, es lo que no aparece: no se menciona a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), encabezada por Omar García Harfuch, ni se subraya el rol de la Secretaría de Marina (SEMAR), pese a que la zona y el tipo de despliegue suelen vincularse a tareas donde la Marina es protagonista.
Esa omisión alimentó preguntas inevitables. ¿Por qué un golpe de esta magnitud se presenta como un mérito casi exclusivo de SEDENA, con apoyo de inteligencia estadounidense, sin incorporar formalmente a piezas claves de la arquitectura de seguridad del Estado? ¿Se trató de un recorte administrativo “prolijo” o de una decisión política para dejar huellas mínimas? En México, donde el narco no es solo violencia sino también redes, lealtades y traiciones, la forma en que se cuenta un operativo puede ser tan reveladora como el operativo mismo.
En ese clima aparecen versiones difíciles de probar, pero imposibles de ignorar en el debate público. Medios y especialistas plantearon que hubo sectores interesados en que “El Mencho” no llegara vivo a un proceso largo, con interrogatorios y eventuales escenarios de cooperación judicial. El temor a una extradición o a un “cante” de alto voltaje no es una fantasía: un capo de ese tamaño no acumula poder sin conocer nombres, rutas, pactos y protecciones. Y ahí se instala otra duda que ya circulaba desde antes: Total News Agency (TNA) había anticipado que existía la posibilidad de que el líder del CJNG fuera eliminado luego de ser detenido o herido, precisamente para evitar que “hablara” y desatara un terremoto político y judicial. Si se sabe que el congreso de mexico aprobó el ingreso de fuerzas especiales de EE.UU para entrenar a fuerzas mexicanas, pocos dias antes del operativo. -Video de la aprobación –
La información que se fue consolidando en las últimas horas aporta elementos concretos: reportes coincidentes indican que la ubicación del capo se obtuvo tras un trabajo de inteligencia sostenido, con seguimiento de su entorno y confirmación de señales en terreno. En esa reconstrucción, la asistencia estadounidense aparece como clave en la etapa de confirmación, geolocalización y cruce de información, más que como intervención directa en combate. Sin embargo, publicaciones estadounidenses sostuvieron una versión más agresiva: que equipos mexicanos responsables del operativo habrían recibido entrenamiento específico por parte de fuerzas especiales estadounidenses en los días previos. Es una afirmación que, por ahora, no tiene respaldo oficial en México ni en Washington, pero que suma presión sobre una pregunta que nadie responde de frente: ¿hasta dónde llegó realmente el involucramiento de Estados Unidos? Si es oficial que La muerte de “El Mencho” deja un operativo exitoso y una zona oscura sobre quién condujo realmente la captura
Ciudad de méxico-24 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA — México sigue midiendo las consecuencias de la caída de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, jefe del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), en un operativo que, por su impacto, ya se lee como uno de los golpes más fuertes al crimen organizado en años. Pero a medida que se conocen detalles, también crece la sensación de que la historia oficial no termina de cerrar y que hay una “parte oscura” que el poder no quiere o no puede explicar con claridad.
El comunicado difundido por la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) atribuyó la operación a trabajos de inteligencia militar central junto al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) y la Fiscalía General de la República (FGR), con participación de Fuerzas Especiales, aeronaves de la Fuerza Aérea y la Fuerza Especial de Reacción Inmediata de la Guardia Nacional. También reconoció “información complementaria” aportada por autoridades de Estados Unidos dentro de un marco de cooperación bilateral. Lo llamativo, según remarcan analistas y voces del propio sistema de seguridad, es lo que no aparece: no se menciona a la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), encabezada por Omar García Harfuch, ni se subraya el rol de la Secretaría de Marina (SEMAR), pese a que la zona y el tipo de despliegue suelen vincularse a tareas donde la Marina es protagonista.
Esa omisión alimentó preguntas inevitables. ¿Por qué un golpe de esta magnitud se presenta como un mérito casi exclusivo de SEDENA, con apoyo de inteligencia estadounidense, sin incorporar formalmente a piezas claves de la arquitectura de seguridad del Estado? ¿Se trató de un recorte administrativo “prolijo” o de una decisión política para dejar huellas mínimas? En México, donde el narco no es solo violencia sino también redes, lealtades y traiciones, la forma en que se cuenta un operativo puede ser tan reveladora como el operativo mismo.
En ese clima aparecen versiones difíciles de probar, pero imposibles de ignorar en el debate público. Medios y especialistas plantearon que hubo sectores interesados en que “El Mencho” no llegara vivo a un proceso largo, con interrogatorios y eventuales escenarios de cooperación judicial. El temor a una extradición o a un “cante” de alto voltaje no es una fantasía: un capo de ese tamaño no acumula poder sin conocer nombres, rutas, pactos y protecciones. Y ahí se instala otra duda que ya circulaba desde antes: Total News Agency (TNA) había anticipado que existía la posibilidad de que el líder del CJNG fuera eliminado luego de ser detenido o herido, precisamente para evitar que “hablara” y desatara un terremoto político y judicial.
La información que se fue consolidando en las últimas horas aporta elementos concretos: reportes coincidentes indican que la ubicación del capo se obtuvo tras un trabajo de inteligencia sostenido, con seguimiento de su entorno y confirmación de señales en terreno. En esa reconstrucción, la asistencia estadounidense aparece como clave en la etapa de confirmación, geolocalización y cruce de información, más que como intervención directa en combate. Sin embargo, publicaciones estadounidenses sostuvieron una versión más agresiva: que equipos mexicanos responsables del operativo habrían recibido entrenamiento específico por parte de fuerzas especiales estadounidenses en los días previos. Es una afirmación que, por ahora, no tiene respaldo oficial en México ni en Washington, pero que suma presión sobre una pregunta que nadie responde de frente: ¿hasta dónde llegó realmente el involucramiento de Estados Unidos?
Lo que sí se vio —y nadie discute— es la reacción inmediata del CJNG tras la muerte de su líder: bloqueos, vehículos incendiados, ataques coordinados y una escalada que obligó a reforzar la presencia federal en Jalisco y estados vecinos. Para el Estado, el desafío es doble: evitar una guerra de sucesión interna y contener el avance de rivales que intenten ocupar territorios. Para la presidenta Claudia Sheinbaum, además, el costo político es alto: el operativo mostró capacidad de fuego estatal, pero también dejó expuesto que el país está frente a una organización que decidió enfrentar al Gobierno a cielo abierto.
En la arena política, la lectura más dura sostiene que el golpe no puede separarse de la presión externa, especialmente de Estados Unidos, que venía exigiendo resultados concretos y visibles contra el narco. Y en los márgenes del debate —donde se mezclan hechos, sospechas y operaciones— se instaló otra hipótesis: que la caída del capo funcionó como señal hacia afuera y como mensaje hacia adentro, con consecuencias que recién empiezan. No hay pruebas públicas para afirmar que el CJNG haya sido “entregado” por el poder, pero el cartel sí actúa como si se sintiera traicionado: su respuesta fue inmediata, desproporcionada y orientada a marcar que el vacío de mando no es el fin de su capacidad de daño.
En este punto, la historia vuelve a su núcleo: un operativo exitoso, sí, pero contado de manera selectiva, con ausencias notorias en el relato oficial y con un dato que pesa como plomo: “El Mencho” habría sido capturado o localizado con vida y murió durante el traslado tras resultar herido. Ese tramo —el que va del contacto al desenlace— es el que concentra las miradas. En un país acostumbrado a que el narco escriba con sangre sus advertencias, la pregunta no es solo cómo cayó el jefe del CJNG, sino quién controló el minuto a minuto de su caída y por qué el Estado eligió contar solo una parte.
Fuentes consultadas: Associated Press (AP); El País; The Guardian; Reuters; AFP; Fox News; Breitbart Texas; Infobae; comunicados y reportes públicos atribuidos a SEDENA reproducidos por medios., pocos dias antes del operativo.
Lo que sí se vio —y nadie discute— es la reacción inmediata del CJNG tras la muerte de su líder: bloqueos, vehículos incendiados, ataques coordinados y una escalada que obligó a reforzar la presencia federal en Jalisco y estados vecinos. Para el Estado, el desafío es doble: evitar una guerra de sucesión interna y contener el avance de rivales que intenten ocupar territorios. Para la presidenta Claudia Sheinbaum, además, el costo político es alto: el operativo mostró capacidad de fuego estatal, pero también dejó expuesto que el país está frente a una organización que decidió enfrentar al Gobierno a cielo abierto.
En la arena política, la lectura más dura sostiene que el golpe no puede separarse de la presión externa, especialmente de Estados Unidos, que venía exigiendo resultados concretos y visibles contra el narco. Y en los márgenes del debate —donde se mezclan hechos, sospechas y operaciones— se instaló otra hipótesis: que la caída del capo funcionó como señal hacia afuera y como mensaje hacia adentro, con consecuencias que recién empiezan. No hay pruebas públicas para afirmar que el CJNG haya sido “entregado” por el poder, pero el cartel sí actúa como si se sintiera traicionado: su respuesta fue inmediata, desproporcionada y orientada a marcar que el vacío de mando no es el fin de su capacidad de daño.
En este punto, la historia vuelve a su núcleo: un operativo exitoso, sí, pero contado de manera selectiva, con ausencias notorias en el relato oficial y con un dato que pesa como plomo: “El Mencho” habría sido capturado o localizado con vida y murió durante el traslado tras resultar herido. Ese tramo —el que va del contacto al desenlace— es el que concentra las miradas. En un país acostumbrado a que el narco escriba con sangre sus advertencias, la pregunta no es solo cómo cayó el jefe del CJNG, sino quién controló el minuto a minuto de su caída y por qué el Estado eligió contar solo una parte.
Fuentes consultadas: Associated Press (AP); El País; The Guardian; Reuters; AFP; Fox News; Breitbart Texas; Infobae; comunicados y reportes públicos atribuidos a SEDENA reproducidos por medios.





