Kiev-24 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA — Ucrania conmemoró este martes el cuarto aniversario del inicio de la invasión rusa a gran escala con un mensaje claro y sin eufemismos: el país sigue de pie y no piensa ceder su soberanía. En una ceremonia cargada de simbolismo en la Catedral de Santa Sofía y una ofrenda en la Plaza de la Independencia (Maidán), el presidente Volodímir Zelenski estuvo acompañado por la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, junto a otros jefes de Estado y de Gobierno europeos que viajaron a Kiev para reafirmar su respaldo al país invadido.
La escena, en el corazón espiritual e histórico de la capital, buscó enviar una señal hacia dentro y hacia fuera: hacia los ucranianos que transitan un cuarto invierno de guerra, y hacia Rusia, que sigue sosteniendo su ofensiva pese a los costos humanos y materiales. El contraste es inevitable y vuelve como un recordatorio incómodo: Vladímir Putin lanzó la invasión bajo el argumento de una “operación militar especial” que, según su relato inicial, se resolvería en tres días. Hoy, cuatro años después, la “operación” se convirtió en una guerra larga, devastadora y sin un final a la vista, con ciudades golpeadas, millones de desplazados y un desgaste que atraviesa a toda Europa.
En paralelo a los actos conmemorativos, Zelenski volvió a poner el foco en la necesidad de sostener la unidad entre Europa y Estados Unidos. En un mensaje por videoconferencia ante el Parlamento Europeo, admitió que “no es tarea fácil” mantener el vínculo transatlántico “en las circunstancias actuales”, pero advirtió que sólo con ambos polos “unidos” se podrá seguir frenando el avance ruso y construir garantías de seguridad duraderas. El presidente ucraniano insistió en que la amenaza no se redujo y que, aunque Ucrania resiste, aún no consiguió una arquitectura de seguridad que cierre definitivamente la puerta a nuevas agresiones.
Durante la jornada, los líderes presentes en Kiev y el propio Zelenski también participaron por videoconferencia de una reunión de la Coalición de Voluntarios, un grupo impulsado por Francia y el Reino Unido y conformado por más de treinta países, con el objetivo de diseñar compromisos de seguridad para Ucrania en el escenario de un eventual alto el fuego. En el Gobierno ucraniano repiten una idea central: cualquier “pausa” sin garantías sólidas puede ser apenas un paréntesis para que Rusia se rearme y vuelva a intentar lo que no pudo lograr por la fuerza en 2022.
La conmemoración tuvo, además, un tono de balance político y moral. En un video difundido por la mañana, Zelenski sostuvo que Putin “no logró sus objetivos”, que no quebró a los ucranianos y que Ucrania “ha preservado” su Estado y su identidad. El mensaje buscó apuntalar el ánimo social y subrayar que, pese al sufrimiento, el país impidió el desenlace que el Kremlin imaginaba en los primeros días de la invasión.
Del lado ruso, el discurso oficial mantuvo su línea. Tras las celebraciones del Día del Defensor de la Patria, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, afirmó que los objetivos de Rusia en Ucrania “aún no se han alcanzado plenamente” y que por eso la operación continúa. Según su explicación, el objetivo principal sería garantizar la “seguridad” de la población en el este ucraniano, una formulación que Kiev y sus aliados consideran una justificación política para sostener una agresión militar sobre un país soberano.
En Kiev, el mensaje de este 24 de febrero combinó duelo y determinación. No hubo épica vacía: hubo un recordatorio de lo perdido y una apuesta a lo que todavía se puede defender. En las calles, en los templos y en los actos oficiales, se sintió la misma idea que atraviesa el país desde 2022: la guerra no empezó por una discusión de fronteras, sino por una decisión de poder. Y por eso, para Ucrania, resistir no es sólo una estrategia militar: es una cuestión de supervivencia nacional.




