La habana-25 de febrero de 2026-Total News Agency-TNA- Un enfrentamiento armado en aguas territoriales de Cuba dejó un saldo de cuatro muertos y siete heridos después de que una lancha rápida con matrícula de Florida, Estados Unidos, ingresara a la zona y no obedeciera la orden de alto, según informó el Ministerio del Interior (MININT) de la isla. El episodio, ocurrido frente a la costa norte cubana, suma un nuevo y delicado capítulo a la escalada de tensión entre Washington y La Habana, en un momento en que la isla atraviesa una crisis energética y de abastecimiento que ya venía elevando el voltaje político.
De acuerdo con la versión oficial, una unidad con cinco integrantes de la Tropa Guardafronteras se aproximó para identificar a la embarcación, registrada con folio FL7726SH, luego de detectarla como “infractora” dentro de las aguas cubanas. El reporte ubica el punto de contacto “al noreste del canalizo El Pino”, en cayo Falcones, municipio de Corralillo, provincia de Villa Clara. Allí, siempre según el MININT, desde la lancha estadounidense se abrió fuego contra los efectivos cubanos. La patrulla respondió a los disparos y, en ese intercambio, murieron cuatro de los tripulantes de la embarcación civil.
El parte agrega que seis personas que viajaban en la lancha resultaron heridas, además del comandante de la embarcación cubana, lo que eleva a siete el número total de lesionados. Las autoridades aseguraron que los heridos fueron evacuados y recibieron asistencia médica, aunque no informaron identidades, nacionalidades ni el motivo concreto del ingreso a la zona. Esa falta de precisiones alimenta hipótesis cruzadas que, en el pasado, aparecen ligadas a tráfico de personas, contrabando o movimientos clandestinos en la franja norte de la isla, un corredor marítimo donde se han reportado hallazgos de lanchas abandonadas y operativos de intercepción.
En su comunicado, el Gobierno de Cuba subrayó que, “ante los desafíos actuales”, reafirma su determinación de proteger sus aguas territoriales y presentó el episodio como una respuesta a una agresión directa. La frase no es casual: en la lógica cubana, cualquier violación de soberanía se encuadra como asunto de defensa nacional. Y en la lógica estadounidense, la muerte de tripulantes de una embarcación registrada en Florida puede convertirse rápidamente en un caso político, incluso antes de que se conozcan los detalles de quiénes eran y qué hacían.
El choque llega en un contexto de tensión bilateral que se venía recalentando por decisiones económicas y energéticas. En las últimas semanas, Estados Unidos endureció el cerco sobre el acceso de Cuba al combustible, un punto crítico para una isla que sufre apagones prolongados, transporte limitado, actividad económica golpeada y precios en alza. En La Habana, el relato oficial habla de “asfixia” y “asedio”; en Washington, el discurso apunta a presionar al régimen cubano para que haga concesiones políticas y económicas. Ese telón de fondo vuelve más explosivo cualquier incidente en el mar: una bala se dispara en segundos, pero el impacto diplomático puede durar meses.
No es, además, un hecho sin antecedentes. Fuentes periodísticas y registros previos mencionan episodios similares en los últimos años, con al menos dos casos en 2022. En uno, una lancha rápida proveniente de Estados Unidos habría disparado contra fuerzas guardafronteras cerca de Villa Clara y dejó herido a un oficial cubano. En otro suceso, en Bahía Honda, una embarcación procedente de Estados Unidos chocó con una patrullera del MININT, se hundió y hubo muertes entre sus tripulantes. Aquellos episodios ya habían encendido alarmas sobre la combinación de rutas ilegales, persecuciones y uso de la fuerza en aguas disputadas por la dinámica del delito transnacional.
Por ahora, la pregunta clave sigue abierta: ¿se trató de un intento de fuga, de una operación de tráfico, de contrabando o de un episodio aislado? El MININT no lo dijo. Y sin ese dato, el caso queda atrapado entre dos escenarios igualmente delicados: si había delitos, la discusión girará sobre el uso de fuerza letal; si no los había, el impacto político será todavía mayor. En ambos, el riesgo es que el incidente se convierta en combustible —del malo— para una relación bilateral ya cargada de desconfianza.
En la isla, el episodio también se lee con una sensibilidad especial: con crisis energética y tensión social por la vida cotidiana, La Habana busca mostrarse firme en el control del territorio. En Estados Unidos, en cambio, la presión pública se concentrará en los hechos verificables: quiénes murieron, por qué estaban allí, qué se sabe del intercambio de disparos y qué rol tuvo cada parte. De esa reconstrucción dependerá si este choque queda como un caso policial en el mar o escala a un nuevo conflicto diplomático.





