Buenos Aires-25 de febrero de 2026-Total News Agency-TNA- La inflación de febrero amenaza con volver a moverse en una franja incómoda —entre 2,5% y 3%— y complica el objetivo oficial de quebrar el 2% en el primer trimestre. Distintas mediciones privadas detectaron presión en alimentos y un “piso” cada vez más firme en precios regulados, en particular por actualizaciones en servicios públicos. Si esa tendencia se confirma, el Gobierno cerraría el primer bimestre con un ritmo de aumentos todavía lejos de la promesa del presidente Javier Milei, quien había planteado que la inflación podía bajar por debajo del 1% al inicio del segundo semestre, una meta que hoy aparece bajo tensión.
El arranque de 2026 ya venía con señales mixtas. En enero, el INDEC informó una suba mensual de 2,9% y un alza interanual de 32,4%, con Alimentos y bebidas no alcohólicas como el rubro de mayor aumento (4,7%). Es un dato clave porque muestra que el “núcleo duro” del consumo cotidiano —la comida— sigue marcando el pulso del bolsillo, incluso en un esquema de superávit fiscal y sin emisión monetaria, los dos pilares que el oficialismo presenta como su ancla principal.
En febrero, las consultoras volvieron a encontrar esa misma dinámica. El último relevamiento de LCG registró alimentos con una suba superior al 3% en las últimas cuatro semanas, empujados por básicos como carnes y verduras, mientras Eco Go reportó incrementos semanales que, al anualizarse, dejan un mes que difícilmente baje del 2,7% en alimentos y que proyecta una inflación general en torno al 3%. En la misma línea, Analytica mostró mediciones que apuntan a un febrero cercano al 2,8% y Consumidores Libres reflejó una canasta con alzas que, en la primera quincena, ya se ubicaban arriba del 3%.
El contraste que inquieta al mercado es que esas cifras se alejan del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del Banco Central, donde varios analistas venían estimando un febrero más “tranquilo”, alrededor del 2,1%. En otras palabras: la película que muestran los precios de alta frecuencia va por delante de lo que el consenso esperaba, y esa distancia suele pagarse con más cobertura, más dudas y menos paciencia.
A la presión de alimentos se le suma un componente difícil de disimular: tarifas. Con ajustes ya oficializados para febrero, los servicios públicos vuelven a empujar el rubro regulados y a instalar un efecto arrastre sobre otros costos (transporte, mantenimiento, logística y gastos del hogar). Informes periodísticos sobre resoluciones y cuadros tarifarios reflejaron aumentos en electricidad y gas que, según el esquema y la zona, pegan de manera desigual pero se sienten en la canasta.
Para el Gobierno, el problema no es solo el número de febrero: es la secuencia. De confirmarse estas proyecciones, se completaría un semestre con curva ascendente mensual, aun con disciplina fiscal y política cambiaria orientada a contener la divisa. Eso abre un dilema político y económico a la vez. Político, porque la narrativa central del oficialismo se sostiene en la desaceleración inflacionaria como “prueba” de rumbo. Económico, porque una inflación que no cede al ritmo prometido suele recalentar las paritarias, desordenar expectativas y volver más frágil el puente hacia la recuperación.
En la calle, además, la inflación no se vive como una estadística sino como una suma de microgolpes. Si suben alimentos y se actualizan servicios, muchos hogares sienten que “todo se mueve” incluso cuando el dólar se mantiene relativamente estable. Y ahí aparece el riesgo más delicado para el oficialismo: que una parte de la población no perciba mejoras reales en su vida diaria, aunque los grandes números fiscales muestren prolijidad.
En los próximos días, el mercado mirará tres cosas con lupa: si los alimentos aflojan en el cierre del mes, cuánto termina aportando el capítulo tarifas y si el Gobierno logra sostener el ancla cambiaria sin tensar tasas o liquidez. En ese equilibrio fino se juega más que una décima: se juega la credibilidad del sendero de desinflación que Milei convirtió en el corazón de su contrato político.




