Caputo consigue dólares locales con un Bonar 2027 al 5,89% y deja señales de mayor liquidez en pesos
Buenos Aires-26 de febrero de 2026-Total News Agency-TNA- El Gobierno sumó este miércoles una nueva vía para reunir divisas sin volver, por ahora, a un préstamo puente con bancos internacionales: el Tesoro debutó con el Bonar 2027 (bono en dólares bajo ley argentina, cupón 6% anual) y colocó el total del cupo previsto de US$ 150 millones, pero con un dato que en el equipo económico exhiben como señal de confianza del mercado: los inversores ofertaron cerca de US$ 868 millones, casi seis veces el monto adjudicado. La Secretaría de Finanzas informó que el papel se cortó a una tasa efectiva anual de 5,89% (equivalente a 5,74% nominal), y que la demanda obligó a dejar afuera más del 80% de las propuestas.
El resultado fue leído en la plaza como una confirmación de que existe un stock relevante de dólares “disponibles” dentro del sistema local, buscando rendimiento y con preferencia por plazos relativamente cortos. En ese marco, Luis Caputo logró convalidar un costo financiero sensiblemente inferior al que el Tesoro pagó en colocaciones anteriores: en diciembre, el Gobierno había reunido alrededor de US$ 1.000 millones con el Bonar 2029, pero a una tasa mucho más alta, del 9,25% anual, reflejo de mayor incertidumbre y un horizonte más largo.
El diseño del nuevo bono ayuda a explicar el interés. El Bonar 2027 vence el 29 de octubre de 2027, amortiza el 100% del capital al final y paga un cupón fijo en dólares. Para inversores que buscan previsibilidad sin estirar demasiado duración —y, en particular, sin quedar expuestos a un riesgo país todavía elevado— el instrumento apareció como un “puente” razonable. En el mercado lo compararon con rendimientos cercanos, como los BOPREAL del Banco Central, que también concentran demanda por su perfil en moneda dura y fechas similares de vencimiento.
La colocación se inscribe en una necesidad concreta: reforzar el frente de pagos de deuda en moneda dura con vencimiento el 9 de julio. El capital a cancelar ronda US$ 2.700 millones y, sumando intereses, los compromisos totales se ubican en torno a US$ 4.300 millones, según estimaciones del mercado. Con el riesgo país por encima de los 500 puntos, la estrategia oficial prioriza conseguir dólares en la plaza doméstica y escalonar las emisiones para no “saturar” a los compradores. En esa línea, Finanzas dejó previsto un mecanismo de “segunda vuelta”, con un cupo adicional acotado dentro del esquema de licitaciones.
El movimiento también expone una competencia abierta por los dólares del mercado local. Desde las elecciones, empresas y provincias aceleraron emisiones en moneda dura para financiarse, con tasas que rondan valores similares o algo superiores según el plazo y el perfil de riesgo. La lectura en Economía es que el Tesoro salió a disputar ese mismo ahorro, pero con un bono soberano de corto recorrido y una tasa que quedó “en la zona” de lo que el mercado venía convalidando.
En paralelo, la licitación dejó otro dato relevante para el pulso doméstico: por el lado de los pesos, el Tesoro adjudicó $ 6,74 billones sobre ofertas por unos $ 8 billones, frente a vencimientos cercanos a $ 7,2 billones, lo que implicó un refinanciamiento de 93,32%. En términos simples: no se cubrió el 100% del vencimiento y quedó liquidez en el sistema, un movimiento que en la City se leyó como un intento de bajar la presión sobre las tasas de corto plazo y moderar la volatilidad, luego de semanas con licitaciones más contractivas.
También llamó la atención el menú: esta vez no hubo papeles cortos en pesos a tasa fija, y la mayor parte se concentró en instrumentos ajustables, con predominio de una letra atada a inflación (CER) de vencimiento cercano. El mensaje implícito fue que el Gobierno busca combinar dos objetivos que suelen chocar: sostener el roll-over sin “pagar de más” en pesos y, al mismo tiempo, evitar un endurecimiento excesivo que recaliente las tasas de interés de corto plazo.
Con este debut, Caputo gana tiempo y suma una herramienta para captar dólares “desde adentro”. La fuerte demanda inicial —casi seis por uno respecto del cupo de US$ 150 millones— muestra que hay apetito por instrumentos soberanos cortos en moneda dura. El desafío, hacia adelante, será sostener esa tracción sin encarecer el costo y llegar a julio con un esquema de financiamiento que reduzca la necesidad de soluciones de emergencia.




