Teherán-28 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA — La muerte de Ali Shamkhani, uno de los hombres más influyentes del sistema de seguridad de Irán y asesor directo del líder supremo, dejó al descubierto el alcance político del golpe que sufrió la cúpula del régimen durante los ataques de este sábado, en una escalada que combina ofensiva militar, presión psicológica y señales explícitas de quiebre en la cadena de mando. Shamkhani, segun informacion a la que tuvo accesos Total News Agency habria estado junto al lider supremo y altos mandos iranies.
Shamkhani no era un funcionario más: durante una década ocupó la secretaría del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, la mesa donde se sintetizan y coordinan las decisiones más sensibles del Estado iraní —defensa, inteligencia, estrategia regional y política nuclear— y donde confluyen las distintas patas del poder: el aparato militar, los servicios, el gobierno y, por encima de todo, la autoridad del líder supremo. Esa función lo convirtió, en los hechos, en un “nexo” permanente entre el despacho de Ali Khamenei y el engranaje operativo que sostiene al régimen.
En los últimos años, además, su rol se mantuvo dentro del círculo íntimo: tras dejar la secretaría del Consejo Supremo de Seguridad Nacional en 2023, pasó a desempeñarse como asesor principal de Ali Khamenei y a ocupar posiciones de peso en órganos de consulta estratégica del sistema. De acuerdo con la información disponible, incluso había retomado centralidad al ser confirmado en una estructura de coordinación de defensa creada tras episodios de conflicto previos, lo que reforzaba su perfil como “hombre bisagra” entre las fuerzas armadas regulares, el entramado político y las necesidades del líder supremo en momentos de máxima tensión.
La relevancia de Shamkhani también era simbólica: representaba la continuidad de una generación que atravesó la guerra Irán-Irak, ascendió en el andamiaje de seguridad y se mantuvo durante décadas en posiciones de conducción. Su biografía combina mando militar y peso político: fue comandante en la marina del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y también tuvo responsabilidades en la marina regular iraní, además de haber sido ministro de Defensa. Esa doble pertenencia —institucional y de facto— le permitió operar como figura de consenso en un sistema donde las rivalidades internas suelen ser tan determinantes como las amenazas externas.
En el tablero actual, su muerte impacta por al menos tres razones. Primero, por el vacío técnico: Shamkhani acumulaba conocimiento operacional, redes internas y experiencia de crisis, atributos difíciles de reemplazar en el corto plazo en un régimen que se apoya en equilibrios finos entre facciones. Segundo, por el mensaje político: golpear a un asesor de primera línea equivale a comunicar que no hay “zonas seguras” dentro del círculo de confianza del líder supremo. Y tercero, por la lectura hacia adentro: en contextos de presión militar sostenida, la percepción de vulnerabilidad en la cúpula suele traducirse en tensiones internas, sospechas, purgas y reacomodamientos acelerados.
La información sobre su muerte se conoció en un clima de extrema confusión informativa, con reportes cruzados sobre el alcance real de los ataques, el estado de otros altos dirigentes y las respuestas en curso. En las últimas horas, el relato dominante en ámbitos oficiales externos describe una operación de gran escala que apuntó a sitios estratégicos y a figuras clave, mientras desde canales iraníes se sostuvieron versiones diferentes o parciales sobre el impacto. En ese marco, el nombre de Shamkhani apareció como una de las bajas más significativas, por su cercanía a Ali Khamenei y por el peso específico de su trayectoria dentro del “sistema de seguridad” de Irán.
Más allá del devenir inmediato, su muerte deja una señal nítida: en una crisis de estas características, el objetivo ya no parece limitarse a capacidades materiales —bases, radares, infraestructura— sino también a la arquitectura humana que sostiene las decisiones estratégicas. Y cuando cae un asesor de la talla de Ali Shamkhani, lo que se erosiona no es solo un cargo: se resiente la confianza, se altera la coordinación y se abre un período de incertidumbre en el corazón mismo del poder iraní.





