Doha-28 de Febrero de 2026-Total News Agency-TNA- La escalada bélica en Oriente Próximo dio este sábado un salto de riesgo mayor: Irán confirmó que lanzó una ofensiva de represalia contra bases y activos militares de Estados Unidos en países del Golfo, con reportes de explosiones y actividad antiaérea en Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Kuwait. La operación, anunciada por la Guardia Revolucionaria como “Promesa de Verdad 4”, se presentó como respuesta directa a los ataques previos de Israel y Estados Unidos sobre territorio iraní y abrió un nuevo capítulo: el conflicto ya no se limita al intercambio entre Teherán y Jerusalén, sino que se derrama sobre el mapa regional donde operan tropas y bases estadounidenses.
En las primeras horas de la mañana local, residentes y autoridades de varios países del área reportaron detonaciones, sirenas y movimientos de defensa aérea. En Abu Dhabi, capital de Emiratos Árabes Unidos, se informó al menos una víctima fatal en el marco del ataque y las intercepciones, en un hecho que sacudió a una ciudad que suele sentirse lejos del frente. El mensaje de las autoridades fue inmediato y concreto: permanecer bajo resguardo, reducir desplazamientos y seguir indicaciones oficiales, mientras cazas patrullaban el cielo y los sistemas antimisiles trabajaban para contener el impacto.
En Bahréin, el gobierno comunicó que un ataque alcanzó una instalación vinculada a la Marina de Estados Unidos, en un país que aloja el cuartel general de la Quinta Flota estadounidense. En Qatar, donde se ubica una de las principales infraestructuras militares norteamericanas en la región, se activaron protocolos de seguridad y se multiplicaron las advertencias a la población en medio de reportes de explosiones. En Kuwait, autoridades señalaron interceptaciones y elevaron el nivel de alerta. El patrón se repite: disparos de misiles y drones, defensas aéreas en funcionamiento y gobiernos que piden calma en ciudades que, hasta ayer, estaban lejos de imaginar un escenario así.
El anuncio oficial iraní buscó darle marco político y simbólico a la represalia. La Guardia Revolucionaria sostuvo que el ataque apunta a activos militares estadounidenses en el Golfo y que la campaña continuará hasta lograr una “victoria decisiva” frente a lo que calificó como “agresión” de Estados Unidos e Israel. En paralelo, el discurso iraní intentó reforzar la idea de disuasión: todo activo norteamericano en la región pasa a ser, desde ahora, un objetivo legítimo de respuesta.
La dimensión práctica de la expansión es la que más preocupa a las cancillerías y a la vida cotidiana de millones de personas. El espacio aéreo se convirtió en la primera víctima colateral: Irán, Israel e Irak avanzaron con cierres y restricciones, y varios países del Golfo aplicaron medidas similares o reforzaron controles. En la aviación comercial, el impacto fue inmediato, con cancelaciones, desvíos y suspensión de rutas hacia hubs estratégicos. Para el viajero común, el resultado es simple y angustiante: vuelos que desaparecen de un momento a otro, aeropuertos operando a medias, y la sensación de que la ventana de salida se estrecha con cada hora que pasa.
A esa tensión se sumó otro dato sensible: reportes de interrupciones severas de conectividad y apagones de internet dentro de Irán, lo que dificulta confirmar información desde el terreno, complica la comunicación familiar y alimenta la incertidumbre. En momentos así, la gente busca señales mínimas —un mensaje que llega, un llamado que entra, una confirmación de que alguien está bien— y la ausencia de comunicación se vuelve, también, una forma de miedo.
En Israel, la defensa aérea continuó en estado de máxima exigencia ante la posibilidad de nuevas oleadas de misiles y drones. El gobierno de Benjamín Netanyahu mantuvo vigente el “estado de emergencia especial” y reforzó mensajes a la población sobre refugios y conducta preventiva. Del lado estadounidense, la crisis ya tiene consecuencias operativas: movimientos en embajadas, autorización de salidas de familiares y personal no esencial en zonas sensibles, y una reconfiguración acelerada del dispositivo regional.
Más allá del balance inicial de daños, lo que queda a la vista es un cambio de fase. La guerra —hasta ahora concentrada en la dinámica Israel–Irán con participación directa de Estados Unidos— suma de manera explícita a países del Golfo que hospedan bases norteamericanas y que, por su peso energético y logístico, son claves para el mundo. En ese tablero, el temor no es solo el próximo misil: es la cadena de consecuencias, desde seguridad interna y estabilidad política hasta energía, seguros, comercio y rutas marítimas.
En las próximas horas, el foco estará puesto en tres preguntas que desvelan a la región: si Irán intentará sostener ataques continuados sobre activos estadounidenses; si Estados Unidos responderá ampliando su campaña militar; y si Israel profundizará sus operaciones dentro de Irán. En el medio, millones de civiles vuelven a quedar atrapados en la misma escena de siempre, tan humana como brutal: correr a un refugio, llamar a la familia, mirar el cielo y esperar que la noche pase.




