Buenos Aires-5 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA — Más de la mitad de los empresarios industriales reportó en enero caídas simultáneas en producción y ventas, con señales de enfriamiento también en el empleo y un deterioro visible de la cadena de pagos. El dato surge del último relevamiento de la Unión Industrial Argentina (UIA), que consultó a 644 empresas de distintos tamaños y sectores entre el 2 y el 16 de febrero, y lo difundió en un clima político cada vez más áspero: apenas un día después de reclamar diálogo y “respeto” al Gobierno nacional, tras los cuestionamientos del presidente Javier Milei al empresariado durante la apertura de sesiones en el Congreso.
El cuadro que describe la encuesta combina números duros y una percepción que se repite en los pasillos de las plantas: la actividad no logra recomponer tracción en el mercado interno, los costos presionan, la competencia con importados gana terreno y muchas firmas empiezan a mirar la caja con preocupación. En ese marco, el Monitor de Desempeño Industrial (MDI) —el índice que la entidad utiliza como anticipo de la evolución del sector manufacturero— se ubicó en 36,5 puntos. Es una baja de 7,5 puntos porcentuales respecto del relevamiento anterior y mantiene al indicador por debajo de 50, el umbral que marca expansión, por decimoquinta medición consecutiva.
La UIA advirtió que enero suele estar atravesado por estacionalidad —vacaciones, paradas de planta, reacomodamientos logísticos—, pero aun así remarcó que el valor del MDI fue el segundo más bajo para ese mes dentro de la serie y quedó 5,6 puntos por debajo del registro de un año atrás. Es decir: aun contemplando el “verano industrial”, el termómetro sigue marcando fiebre.
En producción, el 53,3% de las empresas informó una caída frente al promedio del cuarto trimestre del año pasado, mientras que solo el 13% declaró una suba. Ese contraste deja un índice de difusión en -40,3 puntos porcentuales, una señal de retroceso amplio y no concentrado en uno o dos rubros. En ventas internas, la dinámica fue casi un espejo: 54,7% reportó disminución y apenas 13,3% indicó incrementos. En exportaciones, el 30% habló de caídas y el 14,3% de subas, un deterioro menor que el del mercado interno, pero con un empeoramiento frente a los meses anteriores.
El impacto se traslada al empleo, un terreno donde cada ajuste tiene nombre y apellido. En enero, el 22,2% de las empresas redujo su dotación. Entre las firmas que achicaron personal, la mitad recurrió a despidos, el 41,4% redujo turnos y el 22,9% aplicó suspensiones. Hacia adelante, el relevamiento dejó un dato inquietante: el 26% de los encuestados anticipa que reducirá su plantel en los próximos doce meses, mientras que el 19,4% prevé incorporar trabajadores. En criollo, la mayoría no está pensando en crecer: está pensando en aguantar.
Las pymes mostraron un patrón similar, aunque con mayor intensidad en producción y ventas. En el caso del empleo, el efecto negativo se observó con mayor peso en empresas de mayor tamaño, un indicador que suele encender alarmas adicionales: cuando el ajuste llega a estructuras grandes, el derrame sobre proveedores y contratistas suele sentirse más fuerte y más rápido.
El frente financiero también aparece como un cuello de botella cada vez más evidente. El 45,6% de las compañías señaló dificultades para afrontar al menos uno de estos compromisos: salarios, proveedores, impuestos, servicios públicos o deudas financieras. Y un 5,4% admitió atrasos en todos esos pagos. Entre las mayores complicaciones, se destacaron impuestos y proveedores; y como consecuencia, se mencionaron el pago de intereses y mayores costos financieros (39,8%) y el aumento del endeudamiento de corto plazo (38,1%). Es una foto típica de estrés: cuando la actividad cae, la financiación se encarece y la rueda empieza a chirriar en cadena.
Consultados por el principal desafío, el 46,1% marcó la caída de la demanda interna como el problema más relevante. En segundo lugar apareció el aumento de costos (19,7%), con foco en el costo laboral; y en tercer término, la dificultad para competir con bienes importados (19,4%), una preocupación que la UIA señaló como creciente en los últimos relevamientos. En el corazón del sector fabril, esa combinación se traduce en una frase simple: vender menos, con costos altos, compitiendo contra productos que llegan con precios más agresivos.
El informe se conoció en medio de un cruce político que venía escalando. Tras el discurso del presidente Milei, la conducción de la UIA difundió un comunicado con un mensaje directo: pidió respeto hacia quienes “producen, invierten y generan empleo” y reclamó reglas claras para transitar la transformación económica. En esa línea, el titular de la entidad, Martín Rappallini, reiteró la necesidad de diálogo institucional, con el argumento de que la adaptación a un nuevo esquema no es homogénea ni inmediata, especialmente para sectores expuestos a la competencia externa y a un consumo interno debilitado.
En paralelo, los datos oficiales recientes del INDEC ya venían mostrando un comportamiento frágil en la industria manufacturera, con caídas interanuales en los últimos registros de 2025. En la lectura empresarial, la encuesta de la UIA funciona como una confirmación “desde adentro” de lo que se percibe “desde afuera”: el pulso de la fábrica está bajo, la recuperación no se consolida y la discusión de fondo —cómo se recompone demanda, cómo se mejora competitividad sin destruir empleo y cómo se ordena el frente impositivo y financiero— vuelve al centro del debate.
La señal más delicada, coinciden industriales de distintos rubros, es que el problema ya no se limita a un mes malo o a un sector puntual. La persistencia del MDI en zona de contracción y la expansión de los atrasos en pagos sugieren una tensión que se prolonga y que obliga a muchas compañías a tomar decisiones defensivas. En esa defensa, la primera variable que suele ajustarse es la inversión; y cuando la inversión se frena, el futuro se achica. Por eso, detrás de cada porcentaje del relevamiento, la discusión real es una sola: cuánto más puede resistir la industria sin que el daño se vuelva estructural.





