Nueva York-9 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA- El impacto económico de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ya comienza a sentirse con fuerza en los mercados internacionales. Este domingo, el precio del petróleo superó los 100 dólares por barril por primera vez desde 2022, reflejando la creciente preocupación por una interrupción prolongada de los suministros energéticos mundiales.
El salto en los precios marca un umbral psicológico clave para la economía global y refuerza los temores de una crisis energética que podría trasladarse rápidamente a la inflación, los costos de transporte y el precio final de los combustibles en numerosos países.
El crudo Brent, referencia internacional, cotizaba en torno a 101,81 dólares por barril, cuando antes del inicio de la ofensiva militar se encontraba cerca de 82 dólares. En paralelo, el West Texas Intermediate (WTI), indicador clave del mercado estadounidense, alcanzaba 101,56 dólares, frente a los 77 dólares que registraba antes del estallido del conflicto.
El encarecimiento del petróleo está directamente vinculado a la escalada militar en el Golfo Pérsico y, especialmente, a las tensiones en el estratégico estrecho de Ormuz, una vía marítima por la que transita aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de crudo. Irán mantiene capacidad de influencia sobre ese paso marítimo vital, lo que ha disparado la incertidumbre en los mercados.
Los analistas del banco de inversión Goldman Sachs advirtieron que el precio del barril podría escalar hasta 150 dólares antes de fin de mes si se mantiene la interrupción en el flujo de petróleo a través de esa ruta comercial.
De acuerdo con estimaciones de la entidad, el tráfico de crudo por el estrecho ha sufrido una caída muy superior a la prevista inicialmente. Los especialistas habían calculado que el flujo podría reducirse a alrededor del 15% de su nivel habitual, pero las últimas mediciones sugieren que apenas 10% de los cargamentos habituales están logrando atravesar el paso marítimo.
Esto se debe, en gran medida, a las restricciones de seguridad, la paralización de operaciones de algunos petroleros y las maniobras navales desplegadas en la zona tras los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel contra objetivos estratégicos del régimen iraní.
Un reconocido analista del mercado energético señaló que el impacto actual sobre los flujos comerciales podría ser 17 veces mayor que el shock registrado en abril de 2022, cuando la invasión de Rusia a Ucrania alteró los mercados energéticos globales y llevó el precio del petróleo hasta los 110 dólares por barril.
Según ese análisis, si la interrupción en el estrecho de Ormuz se mantiene durante varias semanas, los precios del crudo y especialmente de los combustibles refinados podrían superar incluso los picos registrados en las crisis energéticas de 2008 y 2022.
La suba ya se está trasladando a los consumidores. En Estados Unidos, el precio promedio de la gasolina se elevó a alrededor de 3,45 dólares por galón, reflejando un aumento de más del 30% desde que comenzaron las operaciones militares contra Irán.
En medio de esta situación, el presidente Donald Trump intentó restar dramatismo al impacto económico de la guerra. En declaraciones a ABC News, calificó el aumento de los combustibles como “un pequeño fallo”, al tiempo que aseguró que su administración estaba plenamente consciente de las posibles consecuencias energéticas del conflicto.
El mandatario también buscó desviar la atención hacia los resultados militares de la ofensiva, afirmando que las fuerzas estadounidenses habrían destruido la totalidad de la Armada iraní durante las operaciones navales en el Golfo Pérsico.
“Lo bueno es que hundimos 44 de sus barcos, que es toda su flota”, afirmó el presidente. Sin embargo, esas cifras no han sido confirmadas por Teherán, aunque diversas fuentes militares coinciden en que Irán habría sufrido pérdidas significativas en su capacidad naval.
Más allá de las cifras exactas, el conflicto ya genera preocupación en el ámbito económico y político internacional. La perspectiva de una guerra prolongada —reconocida incluso por autoridades israelíes— aumenta el riesgo de nuevas perturbaciones en el suministro energético mundial.
Históricamente, cada vez que el petróleo superó los 100 dólares por barril, las economías importadoras de energía enfrentaron presiones inflacionarias y desaceleración del crecimiento. Durante la crisis financiera global de 2008, el barril llegó a alcanzar 145 dólares, mientras que en 2022 superó brevemente los 120 dólares tras la invasión rusa de Ucrania.
Si el escenario actual continúa deteriorándose, economistas y analistas energéticos advierten que el mercado podría entrar en una nueva fase de volatilidad extrema, con consecuencias directas sobre la inflación global, los costos del transporte y el precio de la energía en los hogares.
Por ahora, los mercados energéticos observan con atención cualquier señal proveniente del Golfo Pérsico, donde la evolución militar del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán podría definir el rumbo del petróleo y, en buena medida, de la economía mundial durante las próximas semanas.





