Teherán-11 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA- El jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Larijani, aseguró que el régimen iraní recibió mensajes del presidente de Estados Unidos a través del sultanato de Omán solicitando abrir negociaciones para un alto el fuego, pero afirmó que Teherán rechaza cualquier diálogo mientras exista el Estado de Israel, una declaración que expone con crudeza el nivel de radicalización política que atraviesa el conflicto en Oriente Medio.
“Esta noche hemos recibido mensajes del presidente de Estados Unidos, transmitidos por el mediador omaní, solicitando que negociemos un alto el fuego”, afirmó Larijani en declaraciones difundidas por medios iraníes. Sin embargo, el funcionario fue categórico al fijar la posición del régimen: “No aceptaremos ninguna negociación mientras exista una entidad llamada Israel”.
La frase, cargada de implicancias geopolíticas, refuerza la postura histórica del régimen de los ayatolás, que desde la Revolución Islámica de 1979 ha sostenido una política oficial de confrontación con Israel y ha apoyado a organizaciones armadas que operan contra ese país, entre ellas Hezbollah en Líbano y Hamás en la Franja de Gaza.
Las declaraciones de Larijani se producen en un contexto de creciente presión militar sobre Irán tras los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel contra instalaciones estratégicas del régimen. En las últimas jornadas, la escalada bélica incluyó bombardeos contra objetivos militares iraníes, enfrentamientos navales en el Golfo Pérsico y ataques contra infraestructura energética que encendieron alarmas en los mercados internacionales.
En ese escenario, Omán volvió a desempeñar su tradicional papel de mediador discreto entre Washington y Teherán. El sultanato ha sido históricamente uno de los pocos canales diplomáticos confiables entre ambas capitales, incluso durante momentos de máxima tensión, como ocurrió en los años previos al acuerdo nuclear de 2015.
Sin embargo, la respuesta del régimen iraní sugiere que, al menos por ahora, la conducción política de Teherán no está dispuesta a explorar una salida negociada si la mesa de diálogo incluye el reconocimiento implícito de Israel como actor regional. Para analistas internacionales, esta posición no solo complica cualquier intento de mediación, sino que además refuerza la narrativa ideológica que el régimen utiliza para justificar su estrategia regional.
El Consejo Supremo de Seguridad Nacional, organismo que preside formalmente el presidente iraní pero que responde en última instancia al Líder Supremo, es uno de los centros clave de decisión en materia de política exterior y defensa. Sus resoluciones suelen reflejar el consenso entre los sectores militares, religiosos y políticos que conforman la estructura del poder iraní.
La postura expresada por Larijani también refleja el peso de la Guardia Revolucionaria Islámica, la poderosa fuerza militar paralela que desempeña un rol determinante en la política regional de Irán y que mantiene vínculos operativos con milicias y organizaciones armadas en distintos puntos del Medio Oriente.
Mientras tanto, los intentos de mediación continúan. Diversos actores regionales y europeos mantienen contactos diplomáticos para evitar que el conflicto escale hacia una guerra abierta que involucre a más países de la región. La posibilidad de que se abra un canal de negociación depende en gran medida de la disposición de Teherán a flexibilizar su postura, algo que por el momento parece distante.
Las palabras del jefe de seguridad nacional iraní confirman que el conflicto no se limita a una disputa militar o territorial, sino que también está atravesado por una confrontación ideológica profunda. Al condicionar cualquier negociación a la inexistencia de Israel, el régimen iraní coloca un obstáculo prácticamente insalvable para la diplomacia internacional.
En consecuencia, la región continúa atrapada en una espiral de ataques y represalias, mientras los esfuerzos de mediación intentan evitar que la crisis se transforme en un conflicto aún más amplio que comprometa la estabilidad del Golfo Pérsico, las rutas energéticas globales y el equilibrio estratégico de todo Oriente Medio.





