Teherán-14 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA- La guerra en Oriente Próximo sumó este sábado un dato de fuerte gravedad política y estratégica: un influyente legislador iraní aseguró que Ucrania se convirtió en un “objetivo de guerra legítimo” por haber colaborado en tareas de defensa contra drones del tipo Shahed, el mismo sistema que Teherán suministró a Rusia para atacar ciudades, infraestructura y población civil ucraniana desde el comienzo de la invasión a gran escala.
La amenaza fue formulada por Ebrahim Azizi, jefe de la comisión parlamentaria iraní de seguridad nacional y política exterior, quien sostuvo públicamente que, al brindar apoyo en materia de drones a los adversarios de Irán, Ucrania “se ha implicado de hecho en la guerra”. Su mensaje elevó de inmediato la tensión, porque ya no se trató de una crítica diplomática ni de una acusación indirecta, sino de una advertencia abierta contra un país que lleva años padeciendo, precisamente, los efectos del aparato militar que la república islámica ayudó a fortalecer en manos de Moscú.
El trasfondo de esa amenaza está directamente vinculado con el giro que Kiev empezó a imprimir en su política de cooperación militar. La semana pasada, el presidente Volodímir Zelenski reveló que once países solicitaron asistencia ucraniana para contrarrestar drones Shahed y amenazas similares, en medio de la nueva guerra regional y de los ataques iraníes contra distintos Estados del Golfo. Zelenski explicó que Ucrania revisó en detalle esos pedidos y que ya adoptó algunas decisiones concretas de apoyo, aunque aclaró que la ayuda sólo se extenderá a quienes, a su vez, colaboren con la defensa de la vida y la independencia de los ucranianos.
Ese punto es central. La experiencia ucraniana en la neutralización de drones kamikaze no nació en laboratorios lejanos ni en ejercicios teóricos, sino en el campo de batalla, bajo fuego real, mientras Rusia descargaba miles de ataques con aparatos de diseño iraní sobre edificios, redes eléctricas, depósitos y barrios enteros. Con el paso de los años, Kiev desarrolló un sistema de defensa escalonado que combina grupos móviles de fuego, guerra electrónica e interceptores propios de bajo costo. Según estimaciones difundidas en los últimos días, la tasa general de intercepción de drones en Ucrania ronda el 80%, y en la región de Kiev más del 70% de los Shahed lanzados en febrero fueron derribados por drones interceptores. Ese aprendizaje, forjado en una guerra defensiva contra una invasión rusa, es hoy el activo que otras naciones buscan incorporar ante la expansión del conflicto regional.
De hecho, el propio Zelenski confirmó que Ucrania ya envió drones interceptores y un equipo de especialistas para ayudar a proteger bases militares estadounidenses en Jordania, a pedido de Washington. También trascendió que hay interés concreto de países del Golfo en la capacidad ucraniana para frenar amenazas aéreas baratas, masivas y difíciles de detectar, justamente el tipo de ofensiva que Irán y sus aliados vienen utilizando para saturar defensas convencionales mucho más costosas.
La reacción de Teherán expone una paradoja reveladora. Durante años, el régimen iraní sostuvo política, tecnológica y militarmente a Rusia, permitiendo que los drones Shahed se transformaran en una pieza clave de la agresión rusa contra Ucrania. Pero ahora que Kiev vuelca ese conocimiento defensivo para ayudar a otros países amenazados por la misma herramienta, desde el poder iraní se responde con amenazas y con la pretensión de convertir a toda Ucrania en un blanco. El mensaje, más que una demostración de fortaleza, parece confirmar hasta qué punto el régimen interpreta como peligroso que su principal instrumento de hostigamiento aéreo empiece a perder eficacia también fuera del frente ucraniano.
La advertencia de Azizi no equivale todavía a una decisión militar formal, pero sí revela el clima de radicalización que domina al aparato iraní en estas horas. Y deja una conclusión inquietante: mientras Ucrania intenta exportar experiencia defensiva nacida de su resistencia contra la invasión rusa, Irán responde ampliando el mapa de sus enemigos y amenazando con extender aún más una guerra que ya golpea a buena parte de la región.



