Buenos Aires-17 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA- La guerra en Medio Oriente ya no golpea solo a los mercados energéticos: empieza a proyectar sus efectos sobre el sistema global de alimentos y agronegocios, con subas de costos, más volatilidad y riesgo de una nueva ola de inflación alimentaria. Un informe de Rabobank advirtió que la disrupción del transporte en el Estrecho de Ormuz está impactando en cinco canales simultáneos: energía, fertilizantes, logística, comercio internacional de alimentos y demanda de los consumidores. El resultado, según el banco, es un escenario de presión creciente sobre márgenes agrícolas y sobre toda la cadena que va del campo a la góndola.
Recuadro | La alerta central
El riesgo no se limita a una suba transitoria de precios.
Si el conflicto se prolonga, el shock puede volverse estructural en costos, suministro y comercio agroalimentario.
Ormuz, el cuello de botella que sacude al agro
El informe identifica al Estrecho de Ormuz como el principal punto de presión. Por allí no solo fluye cerca del 20% del petróleo mundial; también pasan volúmenes decisivos de fertilizantes, materias primas petroquímicas y rutas marítimas esenciales para el comercio global. La vulnerabilidad es especialmente fuerte en Asia, donde economías como Japón, China, India, Corea del Sur y el bloque ASEAN dependen en gran medida del crudo de Medio Oriente, lo que amplifica el efecto del shock energético sobre producción industrial, transporte y consumo.
Energía: el primer golpe y el más transversal
La primera onda expansiva llega por la energía. Cuando suben el petróleo y el gas, se encarecen el diésel, la electricidad industrial, el transporte terrestre y marítimo y los combustibles que alimentan la maquinaria agrícola. El efecto se traslada luego a plantas procesadoras, invernaderos, envases, cadenas de frío y distribución. Reuters y S&P Global coinciden en que la guerra ya alteró rutas críticas, elevó combustibles y agravó la incertidumbre sobre costos logísticos globales.
Recuadro | Cadena de transmisión
Petróleo y gas más caros
→ suben diésel y energía
→ sube el transporte
→ suben los costos de producir, procesar y distribuir alimentos.
Fertilizantes: el frente más sensible para el productor
Uno de los puntos más delicados del informe está en los fertilizantes. Rabobank señaló que entre 25% y 30% del comercio mundial de nitrógeno pasa por Ormuz, junto con una porción clave del amoníaco, el azufre y los fosfatados. En los primeros movimientos del mercado, la urea del norte de África saltó casi 20% en 48 horas y el gas natural europeo subió alrededor de 45%, una señal de la sensibilidad extrema del sistema. Para los productores de granos, el problema es inmediato: los fertilizantes explican entre 40% y 50% del costo variable de producción, de modo que una suba rápida erosiona márgenes si el precio del grano no acompaña a la misma velocidad.
Agroquímicos y petroquímica: otra presión silenciosa
El conflicto también amenaza con encarecer agroquímicos y envases. La producción de fitosanitarios depende de derivados petroquímicos, y grandes fabricantes como China e India están expuestos a mayores costos energéticos. A eso se suma la presión sobre resinas plásticas, nafta petroquímica y otros insumos industriales usados en botellas, tapas, films y embalajes. Reuters reportó ya aumentos de costos en polímeros y envases en varios mercados afectados por la crisis.
Granos y oleaginosas: menos precio para el productor
En granos y oleaginosas el impacto todavía aparece menos directo que en fertilizantes, pero ya se siente por otra vía: suben los fletes, los seguros marítimos y la volatilidad de los futuros agrícolas. En ese contexto, los exportadores tienden a ajustar el basis para absorber parte del encarecimiento logístico, lo que termina reduciendo el precio recibido por el productor. El segmento que por ahora muestra una excepción parcial es el de los aceites vegetales, sobre todo soja y canola, porque la suba del diésel fortalece su demanda como insumo para biodiésel.
Recuadro | Ganadores y perdedores
Pierden: productores expuestos a fertilizantes caros y fletes altos.
Resisten mejor: aceites vegetales ligados al negocio del biodiésel.
Azúcar, carnes, lácteos y pesca: cadenas bajo presión
El informe también advierte impactos sectoriales. En azúcar, el mercado todavía no reaccionó con una suba fuerte, pero el riesgo está en las refinerías del Golfo y en el costo de mover azúcar crudo. En proteína animal, el problema es más visible: Medio Oriente es un importador relevante de pollo, carne vacuna, cordero y lácteos, y el encarecimiento del transporte o el alargamiento de rutas castiga especialmente a exportadores como Brasil y Australia. En aves, parte de los flujos hacia la región se frenaron, generando acumulación de stock y bajas de precios locales en algunos orígenes. En lácteos, compradores del Golfo adelantaron compras de leche en polvo, una reacción típica de cobertura ante crisis logísticas. En pesca y acuicultura, el impacto sería más moderado, pero el cierre de espacios aéreos y el mayor costo del transporte aéreo alteran la competitividad de productos frescos de alto valor.
Consumidor global: menos poder de compra y más alimentos baratos
Si el conflicto se extiende, Rabobank proyecta un escenario de petróleo en torno a USD 110 por barril y gas europeo cerca de EUR 100 por MWh, con inflación por encima del 3% en Europa y Estados Unidos. En ese marco, el consumo también cambia: más marcas propias, búsqueda de productos más baratos y menor gasto fuera del hogar. El banco incluso estima que el consumo real de alimentos podría caer hasta 0,5%, lo que revela que la crisis no se agotaría en el productor o en la industria, sino que terminaría golpeando también la demanda final.
Estados Unidos, con una ventaja relativa
Entre los grandes jugadores, Estados Unidos aparece relativamente mejor posicionado. Su petroquímica depende menos del crudo del Golfo porque utiliza etano derivado del shale gas, lo que podría darle margen para expandir exportaciones de plásticos y capturar mercado en Europa y Asia si la disrupción persiste. Esa ventaja comparativa contrasta con la mayor vulnerabilidad de países asiáticos, europeos y del propio Golfo, que concentran una parte sustancial del riesgo descrito por el informe.
Recuadro | Las regiones más expuestas
Asia: por su fuerte dependencia energética.
Europa: por gas, fertilizantes e industria.
Países del Golfo: por logística, producción y comercio.
Un shock que puede redibujar el mapa agroalimentario
La conclusión de Rabobank es que la guerra en Medio Oriente está generando un shock de múltiples capas sobre el sistema global de alimentos: energía, fertilizantes, petroquímica, logística y comercio. Si la crisis se prolonga, el efecto más probable será una combinación de inflación alimentaria persistente, mayores costos agrícolas, presión sobre márgenes, disrupciones de suministro y volatilidad creciente en commodities. Ya no se trata solo de un conflicto regional: el sistema alimentario mundial empezó a sentirlo en costos, tiempos y precios.





