Caracas-17 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA- Con una reacción que para numerosos observadores y organismos de derechos humanos aparece tardía frente a un patrón represivo largamente denunciado, la Organización de las Naciones Unidas expresó preocupación por la persistencia de torturas, malos tratos y detenciones arbitrarias en Venezuela. El pronunciamiento del alto comisionado Volker Türk llegó en momentos en que el poder venezolano intenta exhibir una etapa de corrección institucional tras la caída de Nicolás Maduro, pero los datos recogidos por la propia ONU y por organizaciones independientes muestran que la maquinaria represiva sigue lejos de haber sido desmantelada.
Ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, Türk afirmó que su oficina recibió información sobre la continuidad de torturas y malos tratos contra detenidos, incluso en centros como Rodeo 1 y Fuerte Guaicaipuro. También reclamó la liberación inmediata e incondicional de todas las personas detenidas arbitrariamente y advirtió que persisten problemas estructurales y sistémicos en materia de derechos humanos. La advertencia fue especialmente significativa porque desnudó la distancia entre el discurso oficial de normalización y la realidad que todavía padecen presos políticos, familiares y opositores.
El mensaje del alto comisionado impactó además sobre una narrativa que el gobierno interino de Delcy Rodríguez intenta instalar desde enero, basada en una supuesta apertura gradual acompañada por una ley de amnistía. Sin embargo, esa norma fue cuestionada por organizaciones humanitarias, que la consideran insuficiente, selectiva y aplicada con fuerte discrecionalidad. La administración venezolana aseguró haber liberado a miles de personas, pero la ONU solo pudo verificar una porción mucho menor de esas excarcelaciones, y en varios casos bajo condiciones restrictivas, lo que alimenta dudas sobre la transparencia real del proceso.
La situación se vuelve todavía más delicada porque la cifra de presos políticos sigue siendo alta. Foro Penal informó que al menos 508 personas continúan privadas de libertad por motivos políticos, entre ellas civiles, militares, extranjeros e incluso un menor de edad. Esa estadística contrasta con la imagen de distensión que intenta proyectar el chavismo residual y refuerza la percepción de que la represión no fue desmontada, sino reacomodada bajo nuevas formas y con nuevos tiempos.
En ese sentido, la advertencia formulada días atrás por la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos de la ONU resultó todavía más contundente: el aparato represivo venezolano, lejos de haber desaparecido con la salida de Maduro, sigue operativo. Según esa misión, desde el 3 de enero se registraron al menos 87 nuevas detenciones por motivos políticos, una señal clara de que las viejas prácticas de silenciamiento y persecución conservan vigencia. La conclusión es incómoda, pero difícil de esquivar: el problema venezolano no se agotaba en una figura presidencial, sino que anidaba en una estructura de poder mucho más profunda.
Por eso, aunque el pronunciamiento de Türk vuelve a colocar el tema en la agenda internacional, para muchas víctimas llega después de años de denuncias sobre torturas, desapariciones, incomunicación y causas armadas. La preocupación expresada desde Ginebra tiene peso institucional, pero también exhibe los límites de una comunidad internacional que durante demasiado tiempo acumuló informes, condenas verbales y exhortaciones sin lograr quebrar del todo el funcionamiento de un sistema que convirtió la persecución en método de control político.
La exigencia de mayor transparencia, acceso irrestricto a centros de detención y publicación de listas oficiales de liberados muestra que la desconfianza sigue siendo total. En Venezuela, donde cada gesto de apertura convive con nuevas denuncias de abusos, el verdadero examen no pasa por los anuncios del poder, sino por la desaparición efectiva de la tortura, la liberación plena de los detenidos arbitrarios y el desmantelamiento real de la arquitectura represiva. Y sobre ese punto, la ONU acaba de admitir, aunque con demora, que la deuda sigue intacta.
Fuentes consultadas: Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre la actualización de Volker Türk y las denuncias sobre torturas en Rodeo 1 y Fuerte Guaicaipuro ; Foro Penal y reportes sobre 508 presos políticos aún detenidos en Venezuela ; Reuters y la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre la persistencia del aparato represivo y al menos 87 nuevas detenciones políticas desde el 3 de enero ; reportes sobre la amnistía, las liberaciones verificadas por la ONU y la falta de listados oficiales completos





