Jerusalén-18 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA-La guerra entre Israel e Irán ingresó este miércoles en una fase todavía más peligrosa, con un doble golpe israelí sobre el corazón del poder persa: por un lado, el ataque contra instalaciones de Pars Sur, parte del mayor yacimiento de gas del mundo que comparten Irán y Catar; por otro, la confirmación de la muerte del ministro iraní de Inteligencia, Ismail Jatib, una de las figuras más sensibles del aparato de seguridad de la república islámica. La combinación de ambos hechos no sólo elevó el costo político y militar del conflicto, sino que además abrió una nueva amenaza sobre la infraestructura energética de toda la región del Golfo.
El ataque sobre Pars Sur marcó un salto cualitativo en la confrontación. Hasta ahora, el sector gasífero iraní había permanecido relativamente al margen de los bombardeos más directos, pero el impacto sobre ese complejo alteró ese límite y encendió alarmas inmediatas en todo el mercado energético. Teherán denunció que varias zonas se incendiaron, aunque luego aseguró que el fuego fue contenido y que la situación quedó bajo control. Sin embargo, la sola posibilidad de que el conflicto alcance de lleno a uno de los nodos más importantes del sistema gasífero mundial ya provocó un fuerte sacudón internacional.
La consecuencia regional fue casi inmediata. Irak informó que perdió 3.100 megavatios de capacidad de generación eléctrica después de la interrupción total del suministro de gas iraní que alimentaba parte de su sistema, una señal concreta de cómo la guerra ya empezó a desbordar a los países directamente involucrados y a impactar en la seguridad energética de sus vecinos. En paralelo, Teherán respondió con amenazas directas contra instalaciones de energía en otros países del Golfo, advirtiendo que si continúa el ataque a su infraestructura económica y de combustible, la represalia alcanzará a la “fuente de la agresión”.
Pero el frente energético no fue el único golpe del día. Israel también confirmó la muerte de Ismail Jatib, ministro de Inteligencia de Irán desde agosto de 2021 y pieza central en la estructura de seguridad interna, contrainteligencia y operaciones exteriores del régimen. La eliminación de Jatib se suma a una secuencia de ataques selectivos que en las últimas horas alcanzó también a otros dirigentes clave del sistema iraní, en una ofensiva orientada ya no sólo a degradar capacidades militares, sino a vaciar de cuadros a la cúpula política y represiva del régimen.
Ese proceso acelera además la incertidumbre sobre la arquitectura de poder en Irán. Con varias figuras de primera línea fuera de juego, la discusión sobre quién logra sostener la gobernabilidad del sistema empieza a volverse cada vez más delicada. Entre los nombres que aún conservan peso institucional aparecen el presidente del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf; el jefe del Poder Judicial, Golamhosein Mohseni Ejei; el expresidente Hasán Rohaní; el ultraconservador Saeed Jalili; y el actual líder supremo, Mojtaba Jameneí, cuya figura permanece rodeada de interrogantes tras varios días sin exposición pública directa.
Lejos de cualquier señal de desescalada, la jornada volvió a mostrar que ambos bandos siguen decididos a profundizar la confrontación. En Israel, dos personas mayores murieron en Ramat Gan tras el impacto de metralla derivada de un ataque iraní, mientras los equipos de emergencia trabajaron en decenas de incidentes durante la madrugada. En Irán, además del golpe sobre Pars Sur, un proyectil cayó cerca de la central nuclear de Bushehr, aunque sin dejar daños ni víctimas, según la información transmitida al OIEA.
El conflicto también sigue irradiando hacia otros frentes. En Bagdad, la embajada de Estados Unidos volvió a ser objetivo de ataques con drones, mientras España anunció que prepara la evacuación y reubicación de militares desplegados en Irak por el deterioro del cuadro de seguridad. Todo esto ocurre mientras la OTAN y varios gobiernos europeos siguen revisando la exposición de su personal en una región donde el campo de batalla ya dejó de estar confinado a un solo teatro.
En el plano diplomático, tampoco aparecieron avances reales hacia una tregua. Israel dejó en claro que tiene planes específicos para continuar atacando a la república islámica durante las próximas semanas. Rusia, por su parte, volvió a condenar la guerra al considerar que carece de justificación y de razones objetivas, mientras Francia insistió en que el régimen iraní deberá hacer concesiones de fondo si quiere abrir una salida política. Pero por ahora, esas voces no alteran el dato central: nadie parece estar hablando en serio de paz.
Lo ocurrido en el día 19 de la guerra deja una conclusión inquietante. El conflicto ya no se limita a intercambios militares ni a la destrucción de blancos tácticos: ahora golpea la energía, reordena el poder interno iraní, afecta a terceros países y tensiona instalaciones de riesgo extremo como Bushehr. La guerra, en otras palabras, entró en una etapa más peligrosa, más amplia y mucho más difícil de contener.
Fuentes consultadas: Reuters, Associated Press, OIEA, despachos internacionales de EFE y reportes oficiales israelíes e iraquíes. (Reuters)





