Doral-18 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. La Conferencia contra los Cárteles de las Américas, realizada el 5 de marzo en la sede del Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM) en Doral, dejó una señal política y operativa de alto impacto para todo el hemisferio: Estados Unidos y otros 17 países firmaron una declaración conjunta de seguridad para ampliar la cooperación contra redes narcoterroristas, reforzar el control de fronteras y profundizar la coordinación regional frente a una amenaza que en Washington ya es tratada no sólo como crimen organizado, sino también como un problema de seguridad nacional y terrorismo.
El tono del encuentro fue deliberadamente duro. El secretario de Guerra estadounidense, Pete Hegseth, dejó en claro que no se trataba de una cumbre ceremonial ni de una foto diplomática más, sino de una reunión pensada para avanzar en objetivos concretos y con una lógica de acción. En su discurso, sostuvo que el encuentro era el primero de este tipo encabezado por un secretario de Guerra en más de 30 años y remarcó que la prioridad de la administración de Donald Trump es convertir la seguridad fronteriza y la lucha contra los cárteles en un eje central de la agenda hemisférica. Desde la óptica de Washington, la amenaza ya no se limita al tráfico de drogas: incluye infiltración estatal, control territorial, convergencia con actores extrahemisféricos y métodos propios de insurgencias y guerras asimétricas.
Esa definición no apareció en el vacío. El giro se apoya en una decisión previa de la Casa Blanca: el 20 de enero de 2025, Trump firmó una orden ejecutiva para iniciar el proceso de designación de determinados cárteles internacionales y otras organizaciones como Organizaciones Terroristas Extranjeras y Terroristas Globales Especialmente Designados. Un mes después, el Departamento de Estado formalizó la designación de grupos como el Cártel de Sinaloa, el Cártel Jalisco Nueva Generación, el Cártel del Golfo, Cartel del Noreste, Carteles Unidos, La Nueva Familia Michoacana, además de Tren de Aragua y MS-13. Ese cambio de encuadre jurídico y político es clave para entender el espíritu de la conferencia de Doral: el mensaje de fondo es que la lucha contra los cárteles ya no será presentada solamente como persecución penal, sino como una campaña hemisférica de seguridad.
En ese marco, el comandante de SOUTHCOM, general Francis L. Donovan, fue aún más directo. Sostuvo que los cárteles y narcotraficantes están llevando adelante “campañas de terror, violencia y corrupción” para ampliar su influencia regional, y definió esa actividad como la amenaza más grave para la seguridad del hemisferio. Su diagnóstico estuvo en línea con la nueva doctrina estadounidense: los cárteles son vistos como estructuras capaces de corroer instituciones, dominar rutas, cooptar territorios y desestabilizar democracias, a la vez que inundan con fentanilo, cocaína y otras drogas las calles de Estados Unidos y de la región.
Uno de los puntos más relevantes de la jornada fue la firma de la Declaración Conjunta de Seguridad, suscripta en Doral entre el 4 y el 5 de marzo. El documento reafirma vínculos de defensa y seguridad entre los países participantes y compromete cooperación en seguridad fronteriza, combate al narcoterrorismo y al tráfico ilícito, protección de infraestructura crítica, interoperabilidad entre agencias y una coalición hemisférica para enfrentar amenazas compartidas. La declaración no quedó redactada en términos vagos: marca una hoja de ruta que apunta a operaciones coordinadas, mayor intercambio de inteligencia y un enfoque de “todo el gobierno” frente a redes criminales transnacionales.
La participación de Argentina fue uno de los aspectos destacados para la proyección regional del encuentro. El teniente general Carlos Alberto Presti, secretario de Defensa, reafirmó que los Estados del continente enfrentan amenazas similares que afectan a los ciudadanos, los recursos estratégicos y la infraestructura crítica. La presencia argentina en una conferencia de este perfil refleja un alineamiento claro con la nueva agenda hemisférica impulsada por Washington, especialmente en un momento en que el gobierno de Javier Milei endurece su discurso frente al narcotráfico, el crimen transnacional y la convergencia entre organizaciones criminales y redes de apoyo político o financiero.
Junto con Argentina, participaron delegaciones de Bahamas, Belice, Bolivia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guyana, Honduras, Jamaica, Panamá, Paraguay, Perú, República Dominicana y Trinidad y Tobago, además de funcionarios estadounidenses. En conjunto, la conferencia reunió a un amplio arco de países del Caribe, Centroamérica y Sudamérica, lo que muestra que el enfoque de SOUTHCOM no se limita a México o al corredor centroamericano, sino que intenta consolidar una red de seguridad continental.
Las intervenciones de varios ministros y responsables de seguridad regionales fueron en una misma dirección. Desde Ecuador, Guatemala, Panamá, Perú, República Dominicana, Costa Rica, Honduras y otros países se repitió una idea central: los cárteles ya no deben ser vistos como meras mafias dedicadas a mover estupefacientes, sino como estructuras que erosionan soberanía, infiltran instituciones, usan tecnología, explotan vacíos estatales y amenazan la estabilidad democrática. Esa coincidencia es importante porque revela un diagnóstico compartido que va más allá de la retórica de Washington. También muestra hasta qué punto el crimen transnacional logró convertirse en un problema de gobernabilidad para numerosos Estados de la región.
Otro punto saliente del encuentro fue la insistencia en la seguridad fronteriza y marítima. Joseph Humire, subsecretario interino de Guerra para la Defensa Nacional y las Américas, sostuvo que sin control de fronteras no hay país posible y que la disuasión debe quedar en el centro de la estrategia hemisférica. Esa definición va en línea con la visión de la administración Trump, que asocia narcotráfico, migración irregular, armas, trata de personas y crimen organizado dentro de una misma matriz de amenaza. En otras palabras, la conferencia buscó consolidar una lectura integral del problema, en la que las fronteras terrestres, los corredores marítimos, el espacio aéreo y el ciberespacio aparecen como teatros conectados.
También pesó con fuerza la dimensión política del mensaje. El subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, afirmó que ninguna nación debería tolerar un solo kilómetro cuadrado de territorio bajo control de cárteles u organizaciones terroristas. Esa frase resume con crudeza el nuevo enfoque estadounidense: el problema ya no se mide sólo por toneladas de droga o detenciones, sino por capacidad de control territorial y desafío al monopolio estatal de la fuerza. En muchos países del hemisferio, esa observación toca una fibra especialmente sensible, porque remite a zonas portuarias, corredores selváticos, pasos de frontera y barrios urbanos donde el Estado viene perdiendo presencia efectiva.
Las sesiones de trabajo posteriores a la firma de la declaración se concentraron en cooperación práctica: intercambio de inteligencia, seguridad de fronteras, control marítimo, coordinación operativa y fortalecimiento de capacidades regionales para desarticular organizaciones narcoterroristas. Allí estuvo uno de los elementos más importantes de la conferencia: no se trató solamente de endurecer el discurso, sino de empujar mecanismos concretos de interoperabilidad. Para SOUTHCOM, la clave no está únicamente en más recursos, sino en lograr que los países compartan información, sincronicen procedimientos y puedan actuar de manera combinada frente a redes que operan sin respetar jurisdicciones nacionales.
La advertencia que salió de Doral, en definitiva, fue doble. Hacia adentro, para los gobiernos del hemisferio, implica asumir que el problema de los cárteles dejó de ser una cuestión local o policial y pasó a ser un desafío estratégico regional. Hacia afuera, para las propias organizaciones criminales, la señal fue que Estados Unidos quiere construir una coalición ofensiva, con apoyo político y operativo, para degradarlas de forma más coordinada. Cuánto de esa ambición se traducirá en resultados concretos dependerá de la voluntad real de los países, de sus capacidades internas y de su disposición a compartir inteligencia sensible. Pero lo que ya quedó claro es que la conferencia contra los cárteles de las Américas no fue presentada como un gesto diplomático menor, sino como el inicio de una etapa más dura en la política hemisférica de seguridad.
Fuentes consultadas: Comando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM); Departamento de Guerra de los Estados Unidos; Departamento de Estado de los Estados Unidos; Federal Register; Casa Blanca; Diálogo Américas.





