La habana-18 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA-
En medio de la asfixia energética, los apagones masivos y una presión cada vez más abierta de Estados Unidos, el poder real en Cuba vuelve a exhibir una vieja lógica: mientras Miguel Díaz-Canel endurece el discurso y promete una “resistencia inexpugnable” frente a las amenazas de Donald Trump, las conversaciones para abrir espacios de inversión y explorar una salida económica estarn orbitando alrededor de la familia Castro y de su entramado político, militar y empresarial. La escena deja al descubierto una doble dinámica en La Habana: retórica de resistencia hacia afuera y negociación pragmática hacia adentro. Otros mencionan un quiebre entre Díaz Canel y los Castro.
La semana mostró con crudeza esa contradicción. Por un lado, el Gobierno cubano confirmó contactos con Washington y anunció una apertura largamente impensada: que los cubanos residentes en el exterior podrán invertir y tener negocios en la isla, una medida pensada para atraer capital fresco en medio del derrumbe productivo y del colapso del sistema eléctrico. Por otro, el propio Díaz-Canel respondió a las amenazas de Trump con un mensaje de tono bélico, al asegurar que cualquier agresor externo “chocará con una resistencia inexpugnable”. Esa combinación de señales revela que el régimen busca ganar oxígeno económico sin ceder el control político.
La crisis que empuja esa maniobra es profunda. Reuters informó que la isla recién logró recomponer su red eléctrica después de un apagón nacional de 29 horas, en el peor cuadro de los últimos tiempos, agravado por la escasez de combustible, la infraestructura obsoleta y la interrupción de envíos de petróleo. Associated Press también describió un escenario de deterioro severo, con cortes de luz extendidos, alimentos que se arruinan, servicios resentidos y un malestar social que ya no puede disimularse. En ese contexto, la apertura a inversiones de la diáspora no aparece como un gesto ideológico sino como una necesidad desesperada de supervivencia.
Pero detrás de la negociación no estaría, según diversos análisis y despachos internacionales, la figura formal de Díaz-Canel, sino el núcleo duro del castrismo. Las conversaciones con Estados Unidos son leídas por observadores como un proceso en el que pesan nombres ligados directamente al linaje de Raúl Castro y al universo de GAESA, el conglomerado militar-empresarial que controla las áreas más rentables de la economía cubana. Esa percepción coincide con la idea de que el presidente cubano administra la superficie del poder, mientras la arquitectura decisiva sigue en manos de quienes realmente manejan la sucesión y la caja del sistema.
En ese tablero sobresalen figuras como Oscar Pérez-Oliva Fraga, ministro de Comercio Exterior e Inversión Extranjera y viceprimer ministro, quien fue la cara visible del anuncio sobre las nuevas inversiones, y también Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como “El Cangrejo”, nieto de Raúl Castro y hombre señalado desde hace tiempo como pieza de influencia creciente dentro de la trama del poder cubano. La sola centralidad de esos nombres refuerza la impresión de que la apertura económica que se intenta vender como una modernización del régimen responde, en verdad, a una administración familiar de la transición, donde lo que se negocia no es una democratización real sino una forma de continuidad adaptada a la emergencia.
Del lado norteamericano, la presión también escaló. Trump llegó a decir que tendría el “honor” de “tomar Cuba de alguna manera” y sugirió que podía hacer “lo que quisiera” respecto de la isla, mientras desde su entorno se insistió con la necesidad de un cambio de conducción. El mensaje fue complementado por la línea dura de Marco Rubio, que consideró insuficientes las reformas anunciadas por La Habana y dejó en claro que, para Washington, la cuestión no pasa sólo por abrir negocios, sino por alterar el esquema de poder.
Así, la tensión cubana entra en una etapa especialmente delicada. Díaz-Canel intenta mostrarse como jefe de una resistencia cerrada, pero al mismo tiempo el castrsmo busca hacer negocios, flexibilizaciones y canales de diálogo para evitar el colapso. Lo sugestivo es que esa negociación no parece estar siendo conducida por el mandatario, sino por el aparato que históricamente administró el verdadero poder en la isla. En otras palabras, mientras el presidente promete aguantar, la familia Castro parecería estar negociando cómo seguir mandando pero sin Díaz Canel.





