Buenos Aires-18 de Marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. Los tropiezos acumulados por el Gobierno en las últimas semanas volvieron a agitar las tensiones internas en la cúpula oficialista y dejaron al descubierto una disputa que, aunque todavía se expresa en voz baja, ya atraviesa al Gabinete y al universo de La Libertad Avanza con la mirada puesta en el armado electoral de 2027. En ese clima, la controversia por los vuelos del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y la falta de una defensa pública más enfática por parte de la senadora Patricia Bullrich encendieron nuevas suspicacias dentro de la administración libertaria.
La lectura que comenzó a circular en despachos de la Casa Rosada fue que el silencio también tiene peso político. Según el cuadro que describieron fuentes oficiales y parlamentarias, en varios sectores del oficialismo llamó la atención que Bullrich se limitara a compartir en redes un mensaje del presidente Javier Milei, sin involucrarse más activamente en la defensa de Adorni en medio del desgaste por el episodio del ARG 01 y por el viaje privado a Punta del Este. En los pasillos del poder, esa cautela fue interpretada por algunos como una señal de cálculo político antes que de solidaridad interna.
El malestar no terminó ahí. También cayó mal, según distintas versiones, la exposición pública de Bullrich en el festival Lollapalooza, celebrado en la Ciudad de Buenos Aires entre el 13 y el 15 de marzo, justo cuando el oficialismo intentaba contener el costo político derivado de la inclusión de Bettina Angeletti, esposa de Adorni, en la delegación presidencial que viajó a Estados Unidos. Dentro del Gobierno hubo quienes consideraron que esa imagen desentonó con el momento y reforzó la idea de que la exministra optó por preservar su propio recorrido político mientras otros sectores salían a absorber el golpe.
En ese contexto, la reaparición de la mesa política oficialista en la planta baja de la Casa Rosada el martes último tuvo un valor adicional. Hacia afuera, varios interlocutores hablaron de un buen clima. Hacia adentro, sin embargo, quedó flotando la impresión de que el tema estuvo presente y de que la incomodidad no terminó de disiparse. La salida anticipada de Bullrich, que alegó una actividad de agenda, también alimentó lecturas sobre la fragilidad de los equilibrios internos en una coalición que todavía se sostiene alrededor de la centralidad de Milei, pero que ya exhibe tensiones propias de una fuerza en expansión y en plena discusión por liderazgo territorial.
La cuestión de fondo excede, en realidad, el episodio puntual. Lo que empieza a asomar es la pelea por el control político del oficialismo de cara al próximo gran turno electoral. La Ciudad de Buenos Aires aparece como uno de los escenarios más sensibles de esa pulseada, no sólo por su peso simbólico sino porque allí La Libertad Avanza quiere consolidarse como fuerza dominante y terminar de desplazar al PRO de su bastión histórico. En ese tablero, el nombre de Bullrich conserva volumen propio, pero la figura de Adorni ganó centralidad después de haber sido uno de los dirigentes que mejor capitalizó electoralmente la marca libertaria en territorio porteño.
Por eso, cada crisis empieza a leerse también en clave de posicionamiento interno. Los episodios que sacuden al Gobierno no sólo exponen errores de gestión o costos de imagen: también funcionan como pruebas de lealtad, mediciones de poder y movimientos de una disputa más silenciosa por lugares en las listas, influencia sobre el Presidente y proyección futura dentro del oficialismo. En la superficie, el Gobierno busca cerrar filas. Debajo, la interna parece haber entrado en una fase menos disimulable.





