La situación de Manuel Adorni dentro del Gobierno entró en una zona de máxima fragilidad política y, aunque por estas horas Javier Milei decidió sostenerlo públicamente y niega cambios inmediatos en el equipo, en la Casa Rosada ya circulan versiones sobre una eventual salida del jefe de Gabinete si la crisis de imagen sigue escalando. El trasfondo no es menor: las derivaciones del caso $LIBRA, la polémica por los vuelos privados, el deterioro del discurso anticasta y una interna cada vez más áspera entre el sector de Karina Milei y el de Santiago Caputo.
En la cúpula libertaria se consolidó una certeza incómoda: el problema ya no pasa sólo por la situación personal de Adorni, sino por el efecto que su desgaste empieza a tener sobre la figura presidencial. Por eso, mientras en público el Presidente lo respalda y busca recuperar la agenda política, en privado crecen los comentarios sobre el costo de sostenerlo demasiado tiempo. Esa dualidad resume el clima interno actual: respaldo formal hacia afuera, pero dudas reales hacia adentro.
El dato político central es que el oficialismo, al menos hasta este lunes, no oficializó ningún relevo. Infobae reportó que Milei habló con Adorni tras su regreso de Hungría y que no prevé cambios en su gabinete en lo inmediato. Pero al mismo tiempo, otras versiones de fuerte circulación en el ecosistema oficial dan cuenta de reuniones, conversaciones y borradores sobre posibles reemplazos si la crisis no se desactiva. En otras palabras, hoy no hay salida confirmada, pero sí una discusión abierta que hace apenas días resultaba impensable.
En esa danza de nombres aparecen cuatro opciones principales para una sucesión eventual en la Jefatura de Gabinete. El primero es Martín Menem, una jugada que además obligaría a reordenar la conducción de la Cámara de Diputados. El segundo es Diego Santilli, hoy con buena inserción en el esquema político oficial, aunque sin pertenecer al núcleo libertario puro. Los otros dos nombres remiten directamente al universo más cercano al mileísmo: Sandra Pettovello, ministra de Capital Humano y figura de confianza directa del Presidente, y Pilar Ramírez, dirigente estrechamente ligada a Karina Milei en la Ciudad de Buenos Aires. Todos ellos forman parte, por ahora, del terreno de las versiones y no de una decisión consumada.
Pero la fragilidad de Adorni no puede leerse aislada de otro frente decisivo: la batalla por el control de la SIDE. Allí la ofensiva del karinismo se volvió mucho más visible y la figura de Cristian Auguadra, actual titular del organismo, quedó atrapada en la lógica de ese forcejeo. Infobae recordó que Auguadra asumió en diciembre de 2025 como hombre de confianza de Santiago Caputo, tras reemplazar a Sergio Neiffert, luego de haberse desempeñado como inspector general de la División de Asuntos Internos. Esa procedencia explica por qué hoy cualquier movimiento sobre la secretaría de inteligencia es leído también como un golpe directo sobre el armado del asesor presidencial.
En los pasillos oficiales ya circulan dos nombres con más fuerza para eventualmente suceder a Auguadra si Karina Milei logra avanzar sobre la estructura. El primero es Eduardo “Lule” Menem, operador clave de la secretaria general y pieza central de su arquitectura política. El segundo es Jorge “Corcho” Anzorreguy, abogado con vínculos directos con el mismo entramado de poder. A la vez, cerca del ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, empujan otra alternativa: designar a un fiscal para darle a la SIDE un perfil más técnico y menos faccioso. Por ahora, ninguno de esos movimientos fue oficializado, pero su sola circulación confirma que la inteligencia volvió a quedar en el centro de la pelea por el poder real.
La simultaneidad entre la crisis de Adorni y la disputa por la SIDE muestra que el oficialismo atraviesa algo más profundo que un simple episodio de desgaste mediático. Lo que está en juego es el reparto del poder interno después de varios meses de corrimientos, reasignaciones y desconfianzas cruzadas. Karina Milei quiere ampliar control sobre áreas sensibles; Santiago Caputo intenta preservar influencia en los resortes más delicados del Estado; y Milei procura evitar que esa puja termine devorando su autoridad política en medio de una coyuntura ya de por sí áspera.
Así, la foto actual muestra un equilibrio inestable. Adorni sigue en el cargo y hoy cuenta con respaldo presidencial explícito. Pero ese apoyo convive con una conversación cada vez más abierta sobre reemplazos posibles. Y en paralelo, la pelea por la SIDE agrega un dato todavía más sensible: si finalmente cae Auguadra y avanzan “Lule” Menem o “Corcho” Anzorreguy, la señal será que la ofensiva de Karina Milei ya dejó de ser una hipótesis para convertirse en un hecho político consumado. En ese escenario, la suerte de Adorni quedará todavía más atada al reordenamiento interno de un gobierno que busca mostrarse firme, pero exhibe fisuras cada vez menos disimulables.





