Buenos Aires-24 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA- La guerra en Medio Oriente volvió a mostrar este martes que los gestos diplomáticos todavía no alcanzan para calmar ni al frente militar ni a los mercados. Mientras la Casa Blanca dejó trascender que los contactos con Irán siguen siendo “fluidos” y que cualquier especulación sobre conversaciones no debe considerarse definitiva, el precio del petróleo volvió a trepar por encima de los US$100 por barril, reflejando la desconfianza de los operadores frente a un conflicto que ya lleva 25 días y mantiene alterado el paso estratégico por el estrecho de Ormuz.
La contradicción política es hoy uno de los datos centrales de la crisis. Donald Trump sostuvo que había postergado por cinco días los ataques previstos contra infraestructura energética iraní tras contactos “muy buenos” y “productivos” con Teherán. Pero del lado iraní, el presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, y la propia diplomacia de la República Islámica rechazaron públicamente que existan negociaciones formales en curso y calificaron esas versiones como falsas o distorsionadas.
Sin embargo, en las últimas horas apareció un matiz que complejiza todavía más el cuadro. Un alto funcionario de la cancillería iraní dijo a CBS News que Irán recibió “puntos” enviados por Estados Unidos a través de mediadores y que esos planteos están siendo analizados. Ese dato no confirma una mesa de diálogo abierta, pero sí sugiere que existe algún canal indirecto de comunicación, probablemente impulsado por actores regionales que buscan evitar que la guerra derive en un incendio aún mayor en el Golfo. En paralelo, Qatar aclaró que no está mediando directamente, aunque respalda los esfuerzos formales e informales de desescalada.
El mercado, de todos modos, decidió mirar menos las palabras y más los hechos. Reuters reportó que el Brent subió este martes a US$101,77 por barril y el WTI avanzó a US$90,34, después del fuerte rebote posterior a la caída del lunes. La explicación es sencilla: el flujo de crudo y gas natural licuado a través de Ormuz sigue severamente interrumpido y no hay una evidencia concreta de que el conflicto esté entrando en una fase de verdadero alivio. Por eso, el entusiasmo inicial que habían generado los mensajes de Trump duró poco y el barril volvió rápidamente a zona crítica.
La suba del petróleo no es ya un fenómeno abstracto ni financiero. Está empezando a traducirse en decisiones de emergencia en distintos países. Japón anunció que comenzará a utilizar reservas conjuntas de crudo y activó medidas extraordinarias para sostener el abastecimiento, mientras su gobierno dejó abierta la posibilidad de actuar “en todos los frentes” ante la escalada especulativa. Chile, por su parte, se dispone a aplicar fuertes aumentos en los combustibles, con subas que pueden alcanzar el 60% en el diésel. Y en Filipinas, el propio presidente advirtió que inmovilizar aviones por escasez de combustible para reactores es una posibilidad concreta.
El trasfondo de esta tensión es cada vez más inquietante. Analistas de Macquarie advirtieron que el mercado mundial del petróleo podría mitigar la interrupción en Ormuz, pero sólo si se aplican rápidamente múltiples medidas sin las demoras burocráticas habituales. Aun así, otras proyecciones ya contemplan escenarios mucho más severos: si el bloqueo parcial o total del estrecho se prolonga durante abril, el Brent podría escalar hasta US$150 por barril. Esa hipótesis, que hace semanas parecía extrema, hoy ya no suena descabellada en un teatro donde siguen cayendo misiles, continúan los ataques a infraestructura y ni Washington ni Teherán logran ofrecer una hoja de ruta clara para la salida.
Así, la señal que deja esta jornada es contundente. La Casa Blanca insiste en que los contactos existen y que el escenario sigue abierto. Irán niega una negociación formal, aunque admite mensajes a través de intermediarios. Y el mercado responde con el lenguaje más directo posible: vuelve a pagar más de US$100 por barril porque no cree, al menos por ahora, en una tregua sólida. En esa brecha entre los discursos diplomáticos y la realidad de los suministros energéticos se juega buena parte del riesgo económico global de las próximas semanas.




