Buenos Aires-24 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA- La crisis política que envuelve al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, sumó este martes un dato de enorme peso simbólico para el oficialismo: Nicolás Márquez, uno de los biógrafos más identificados con la figura de Javier Milei y voz de referencia en el universo libertario, reclamó públicamente que el funcionario dé un paso al costado porque su permanencia “está haciendo daño” al Gobierno. La definición quebró por primera vez el blindaje discursivo que hasta ahora había dominado en el entorno ideológico mileísta y dejó al descubierto que el malestar por el caso Adorni ya no pertenece sólo a la oposición o al periodismo crítico, sino que empezó a filtrarse dentro del propio espacio oficialista.
En declaraciones televisivas reproducidas por distintos medios, Márquez sostuvo que Adorni podría ser “súper honesto”, pero remarcó que, desde el punto de vista político, su continuidad perjudica a la administración libertaria. Fue todavía más lejos al afirmar que “nadie es indispensable salvo Milei” y que “los ministros son fusibles”, una frase que en el ecosistema oficial fue leída como una exhortación directa a sacrificar al jefe de Gabinete para evitar que el desgaste siga impactando sobre la figura presidencial. También cuestionó el modo en que el funcionario respondió a las denuncias: dijo que se manejó mal con la prensa, que se contradijo y que no resultó convincente.
El planteo adquiere relieve porque no proviene de un adversario ni de un aliado circunstancial, sino de un intelectual que hace años acompaña a Milei y que conoce de cerca la lógica moral con la que el Presidente construyó su identidad pública. Precisamente por eso, la crítica golpea en un punto sensible: el relato anticasta. Para una parte del electorado libertario, el problema ya no es sólo si hubo o no delito, sino si el episodio desordena la promesa ética que llevó a La Libertad Avanza al poder. En esa discusión se inserta el diagnóstico de Márquez, que admitió que las acusaciones contra Adorni pueden ser menores frente a las del kirchnerismo, pero advirtió que el no peronismo no puede darse el lujo de convivir con este tipo de “desprolijidades” sin pagar un costo político más alto.
La presión sobre Adorni se montó sobre una secuencia de hechos que todavía sigue generando ruido. Primero, el viaje de su esposa, Bettina Angeletti, en la comitiva oficial que viajó a Estados Unidos para la “Argentina Week”. Después, la polémica por un vuelo privado a Punta del Este junto a su familia. Y, en paralelo, la circulación de nuevas revelaciones vinculadas a su patrimonio y al caso $LIBRA, que alimentaron versiones sobre una eventual salida. El propio Gobierno interpretó ese cuadro como parte de una ofensiva política coordinada, pero aun así el costo interno se volvió inocultable.
Frente a ese panorama, la respuesta de la Casa Rosada fue sostenerlo. Milei habló con su jefe de Gabinete tras regresar de Hungría y resolvió que no habrá cambios inmediatos en el equipo. Karina Milei también mantiene su respaldo y el mensaje oficial es que ceder ahora equivaldría a convalidar el eje de ataque de la oposición. En línea con esa estrategia, Adorni volverá este miércoles a las 11 a la sala de conferencias de la Casa Rosada, retomará el contacto con la prensa acreditada y buscará transmitir que conserva el control de su agenda política. Además, reanudará reuniones individuales con ministros como Juan Bautista Mahiques, Federico Sturzenegger, Luis Caputo y Alejandra Monteoliva, en un intento por mostrar normalidad de gestión pese a la tormenta.
Sin embargo, el problema para el oficialismo es que la reaparición pública de Adorni ya no se produce en un clima de disciplina total. Las versiones sobre eventuales reemplazos continúan circulando, aunque dirigentes como Pilar Ramírez hayan salido a desmentirlas. El punto novedoso es otro: la crítica ya cruzó la frontera del susurro y se volvió explícita. Que haya sido Nicolás Márquez quien lo dijera en voz alta agrava el cuadro porque instala dentro del propio mundo libertario la idea de que la permanencia del jefe de Gabinete puede ser más costosa que su salida. Y cuando esa discusión se abre en el núcleo de identidad de un gobierno, deja de ser una incomodidad pasajera para transformarse en un problema político de fondo.





