Washington-24 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este martes que el régimen de Irán dio una señal “muy significativa” vinculada al petróleo, al gas y al estrecho de Ormuz, y presentó ese gesto como una prueba de que Teherán quiere llegar a un acuerdo después de casi un mes de guerra. Sin revelar en qué consistió exactamente ese “regalo”, el mandatario sostuvo desde el Despacho Oval que la concesión llegó en las últimas horas y que tiene un valor “incalculable”, una definición que refuerza la impresión de que la presión militar combinada de Estados Unidos e Israel ya empezó a forzar movimientos concretos del régimen iraní en uno de los puntos neurálgicos del sistema energético global.
Trump aseguró además que las conversaciones están siendo conducidas por el secretario de Estado, Marco Rubio, y por el vicepresidente JD Vance, aunque también mencionó la participación de Steve Witkoff, Jared Kushner y otros interlocutores de su confianza. En ese marco, insistió en que Irán ya aceptó no avanzar hacia un arma nuclear y que no podrá conservar enriquecimiento de uranio, una condición que la Casa Blanca viene presentando como irrenunciable para cualquier entendimiento. La escena muestra a Washington intentando cerrar la guerra con una combinación de castigo militar, asfixia energética y negociación indirecta, bajo la premisa de que el régimen persa sólo se mueve cuando percibe que el costo de seguir resistiendo se volvió demasiado alto.

Del lado iraní, sin embargo, la señal fue ambigua. Las autoridades de Teherán negaron públicamente que existan conversaciones formales con Estados Unidos y calificaron como falsas varias afirmaciones de Trump sobre el avance del diálogo. Pero al mismo tiempo, un funcionario del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní reconoció ante CBS News que la República Islámica recibió “puntos” enviados por Washington a través de mediadores, lo que equivale a admitir que sí existen canales indirectos abiertos, aunque el régimen se resista a convalidarlos como una negociación en regla. Esa contradicción revela el momento político iraní: puertas adentro necesita mostrarse desafiante; puertas afuera empieza a enviar señales de flexibilidad para evitar una degradación mayor.
La clave de fondo parece estar en Ormuz. Un reporte del Financial Times, recogido por Reuters, señaló que Irán informó a los Estados miembros de la Organización Marítima Internacional que los buques “no hostiles” podrán transitar por el estrecho si coordinan con las autoridades iraníes. Reuters aclaró que no pudo verificar de manera independiente esa comunicación, pero la información encaja con la pista ofrecida por Trump sobre una concesión ligada al flujo energético. Si esa apertura parcial se confirma, el régimen estaría empezando a retroceder en el uso del estrecho como herramienta de coerción, justamente en el momento en que la guerra y la disrupción del tráfico marítimo volvieron a empujar al mercado petrolero a un estado de máxima sensibilidad.
En paralelo, las gestiones diplomáticas se multiplican. Pakistán ya ofreció albergar conversaciones, mientras Egipto y Turquía aparecen mencionados como intermediarios activos. Qatar, en cambio, aclaró que no está mediando de forma directa, aunque apoya todos los esfuerzos de desescalada. Esa trama confirma que la guerra abierta convive con una negociación subterránea en la que varios actores regionales intentan evitar que el conflicto derive en un bloqueo total del Golfo y en una crisis energética de dimensiones globales. En otras palabras, la diplomacia se mueve porque todos entienden que el margen para seguir escalando sin costos sistémicos se achica cada día más.
Aun así, el dato político más importante de la jornada no es sólo que se hable de paz, sino desde qué lugar se habla. Trump no presentó el gesto iraní como una señal entre iguales, sino como una cesión obtenida por la fuerza. Y eso encaja con la lógica que viene defendiendo desde el inicio de la ofensiva: primero destruir la capacidad del régimen para amenazar con armas nucleares, misiles y chantaje energético; después, negociar desde la superioridad. Si finalmente el “regalo” de Teherán está ligado a una flexibilización sobre Ormuz, el mensaje será todavía más contundente: el régimen que intentó asfixiar al mundo con el petróleo empieza ahora a ceder justamente en el terreno donde creyó tener mayor capacidad de presión.




