Buenos Aires, 26 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. La causa judicial que investiga el vuelo privado en el que Manuel Adorni regresó desde Punta del Este sumó este jueves un testimonio que golpea de lleno sobre la defensa pública del jefe de Gabinete. Agustín Issin Hansen, piloto y broker aeronáutico vinculado a la facturación del tramo de vuelta, declaró durante casi cuatro horas en Comodoro Py ante el juez Ariel Lijo, aportó documentación e imágenes extraídas de su teléfono celular y sostuvo que la reserva y el pago del vuelo no fueron hechos por Adorni, sino por Marcelo Grandio, periodista amigo del funcionario y vinculado contractualmente a la TV Pública. La declaración dejó expuesta una contradicción frontal con lo que el propio ministro coordinador viene repitiendo desde hace días: que el viaje lo pagó él con dinero familiar.
Según lo reconstruido a partir de la causa, Issin Hansen explicó que actuó como broker y que había adquirido a Alpha Centauri un paquete de diez vuelos por 42.250 dólares, del cual uno de esos servicios fue el utilizado para el regreso de Adorni. También ratificó que emitió una factura por 3.000 dólares a nombre de Marcelo Grandio, fechada el 9 de marzo, es decir, varias semanas después del viaje. Esa demora en la facturación, uno de los puntos que más sospechas había despertado, fue justificada por el testigo con un argumento concreto: dijo que había estado de vacaciones y que la emitió recién al retomar su actividad. En la práctica, su explicación puede ser discutida, pero lo que importa políticamente es otro punto: el testigo clave no respaldó la versión del jefe de Gabinete, sino la del entorno de Grandio.
El cuadro se vuelve todavía más incómodo para Adorni porque las constancias reunidas por la Justicia no lo muestran, por ahora, como pagador directo de ninguno de los dos tramos del viaje. El vuelo de ida a Uruguay ya había quedado asociado a Imhouse, la productora de Grandio, mientras que sobre la vuelta aparecieron primero la factura del paquete de diez vuelos y luego la factura individual emitida por Issin Hansen al propio periodista. En paralelo, Adorni insistió en su conferencia de prensa del miércoles en que “está cansado de decir” que el viaje lo pagó él, aunque evitó exhibir comprobantes y rechazó dar detalles al sostener que se trataba de una transacción privada. Esa defensa, que ya venía floja, quedó todavía más debilitada después de la testimonial de este jueves.
La reacción judicial muestra que el expediente dejó de ser un episodio menor o una simple polémica mediática. El miércoles, por pedido del fiscal Gerardo Pollicita, el juez Lijo ordenó un operativo sobre las oficinas de Alpha Centauri S.A. en el aeropuerto de San Fernando, donde se secuestró documentación comercial, presupuestos, contratos, registros de clientes y comunicaciones vinculadas con el vuelo. Además, la investigación avanzó sobre la relación entre Adorni y Grandio, sobre los pagos de los viajes y sobre la eventual existencia de otros vuelos o beneficios que pudieran encuadrar como dádiva. La decisión de profundizar medidas sobre la empresa que operó la aeronave revela que en Comodoro Py la causa ya no se lee como una cuestión privada, sino como un expediente con posibles derivaciones penales.
El testimonio de Issin Hansen no cierra el caso, pero sí marca un punto de inflexión. Desde ahora, la versión de Adorni ya no choca sólo con facturas llamativas y con explicaciones zigzagueantes de terceros, sino con la palabra de un testigo que se presentó ante la Justicia con documentación en mano y que sostuvo una narrativa incompatible con la del funcionario. Para un gobierno que pretendió blindar al jefe de Gabinete con la idea de que se trataba de ataques políticos y operaciones periodísticas, el problema empieza a ser más serio: las dudas ya no nacen únicamente en los medios, sino dentro del expediente. Y en ese terreno, cada papel, cada factura y cada declaración pesa bastante más que cualquier conferencia a la defensiva.




