Madrid, 26 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. El Gobierno de Pedro Sánchez logró este jueves un balón de oxígeno parlamentario al sacar adelante en el Congreso de los Diputados el real decreto ley diseñado para amortiguar el impacto económico de la guerra con Irán, una votación que volvió a exhibir hasta qué punto la estabilidad del oficialismo depende de acuerdos puntuales y de equilibrios siempre frágiles. El paquete fue convalidado con 175 votos a favor, 141 abstenciones y 33 votos en contra. El dato político central fue el respaldo de Junts, que volvió a colocarse en el centro de la escena y terminó siendo determinante para que el Ejecutivo recompusiera, al menos por un día, la mayoría que lo llevó a la investidura. PP y Podemos optaron por abstenerse, mientras Vox quedó como único voto negativo.
La convalidación no fue un trámite menor. Se trata del llamado escudo económico frente a la crisis abierta por la guerra en Oriente Próximo, un decreto de 80 medidas que el Gobierno presentó como una respuesta urgente para proteger a hogares, empresas y sectores especialmente golpeados por el encarecimiento de la energía. Entre sus puntos más visibles figuran la rebaja del IVA del 21% al 10% para carburantes, electricidad y gas, ayudas directas a transportistas, agricultores, ganaderos y pescadores, refuerzo de los bonos sociales, congelación del butano y nuevas ventajas para la industria electrointensiva. El Ejecutivo lo había cuantificado en más de 5.000 millones de euros, con el argumento de que España debía blindarse frente a una crisis externa con potencial inflacionario y fuerte impacto sobre el consumo.
El voto de Junts fue, otra vez, el precio político de la supervivencia. Distintas reconstrucciones periodísticas coinciden en que la formación de Míriam Nogueras llegó a la sesión tras arrancarle al Gobierno una serie de concesiones y compromisos, entre ellos respaldo a iniciativas fiscales reclamadas por el partido catalán, como la exención del IVA para determinados autónomos con ingresos de hasta 85.000 euros. Junts llegó incluso a exhibir una lista de 18 logros arrancados al Ejecutivo, en una puesta en escena pensada para dejar claro que su apoyo no fue gratuito ni automático. Más que reconciliarse con el bloque de investidura, el partido catalán volvió a recordar que cada votación importante se negocia pieza por pieza y que el margen de maniobra de Sánchez sigue dependiendo de pactos tácticos y no de una mayoría sólida.
La posición del PP también dejó una lectura política relevante. La dirección de Alberto Núñez Feijóo eligió no votar en contra y evitó aparecer como la fuerza que tumbaba rebajas fiscales y ayudas en un contexto de guerra y suba de precios, pero tampoco quiso regalarle al Gobierno una foto de respaldo. Su abstención respondió a una lógica intermedia: admitir que parte del decreto incorporaba propuestas que el propio partido venía defendiendo, aunque juzgarlo insuficiente por no incluir otras demandas como la rebaja del IRPF o la prolongación de la vida útil de las centrales nucleares. Podemos, por su parte, también se abstuvo, aunque desde el extremo opuesto, al considerar que el plan no iba lo bastante lejos y carecía de topes más duros sobre energía, carburantes y alimentos.
En términos de gestión, el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, consiguió así superar su primera gran prueba parlamentaria en medio de una coyuntura externa delicada. Pero en términos políticos, lo ocurrido dejó una conclusión más áspera: el Gobierno salvó el decreto y ganó tiempo, aunque no despejó su debilidad estructural. El escudo anticrisis salió adelante porque Junts decidió sostenerlo y porque PP y Podemos prefirieron no voltearlo, no porque exista hoy en España una mayoría estable en torno al rumbo del Ejecutivo. Para Sánchez, el resultado representa oxígeno. Para el sistema político español, en cambio, vuelve a confirmar que cada crisis externa se tramita también como una batalla interna por poder, influencia y supervivencia parlamentaria.





