Islamabad/Washington/Teherán, 26 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. Pakistán dejó de moverse en las sombras y confirmó de manera abierta que actúa como canal de las conversaciones indirectas entre Estados Unidos e Irán, en un momento en que la guerra entra en una fase cada vez más peligrosa pero también más atravesada por gestiones diplomáticas. El dato político lo puso sobre la mesa el canciller paquistaní Ishaq Dar, quien aseguró que Washington trasladó a Teherán una propuesta de 15 puntos para poner fin al conflicto y que ese esquema “está siendo deliberado” por la dirigencia iraní. A la vez, precisó que los mensajes se transmiten a través de la diplomacia paquistaní y que países “hermanos” como Turquía y Egipto también están colaborando con la iniciativa.
La confirmación de Islamabad es relevante porque hasta ahora el proceso se movía entre filtraciones, desmentidas parciales y declaraciones cruzadas. Reuters ya había informado que Pakistán se estaba posicionando como un mediador posible por su relación funcional tanto con Washington como con Teherán, por su frontera con Irán y por el hecho de representar desde hace décadas intereses estadounidenses en suelo iraní. Esa combinación de vínculos, sumada a su necesidad de evitar un colapso regional que afecte combustible, comercio y estabilidad interna, terminó empujando a Pakistán a un papel más visible. Lo que ahora cambió es que esa mediación ya no aparece sólo como una versión periodística, sino como una admisión pública del propio gobierno paquistaní.
El contenido de la propuesta estadounidense sigue manejándose con reservas, pero las líneas generales ya fueron reconstruidas por varias fuentes internacionales. El plan incluiría alivio de sanciones a cambio de retrocesos del programa nuclear iraní, límites al desarrollo de misiles balísticos y garantías sobre la seguridad de las rutas energéticas, con foco especial en el Estrecho de Ormuz. Ese punto es central porque la guerra convirtió a Ormuz en el gran nervio económico de la crisis: por allí circula una porción decisiva del petróleo y del gas natural licuado del mundo, y su perturbación ya impacta sobre precios, seguros marítimos y abastecimiento internacional.
Del lado iraní, la respuesta pública sigue siendo dura, aunque menos lineal de lo que pretende mostrar la propaganda del régimen. El canciller Abbas Araqchi sostuvo que el mensaje estadounidense está bajo revisión, pero insistió en que eso no implica negociar directamente con Estados Unidos. Al mismo tiempo, Reuters y AP reportaron que Teherán endureció su postura y condiciona cualquier avance a exigencias de máxima: cese total de hostilidades, garantías de que no habrá una nueva guerra, reparaciones y reconocimiento de su pretensión de soberanía sobre Ormuz. En otras palabras, Irán no cerró del todo la puerta, pero busca discutir desde una lógica de presión, no desde una señal de rendición.
En paralelo, Pakistán intenta darle espesor regional a ese esfuerzo. El primer ministro Shehbaz Sharif ya había ofrecido formalmente albergar conversaciones directas si ambas partes aceptan, y en las últimas horas informó al príncipe heredero saudita Mohammed bin Salman sobre sus gestiones para bajar la tensión. Ese movimiento muestra hasta qué punto la mediación no es sólo un gesto bilateral entre Washington y Teherán, sino también un intento de ordenar a los actores más expuestos del mundo musulmán y del Golfo frente a una guerra que amenaza con desbordarlo todo.
El cuadro, sin embargo, sigue siendo extremadamente frágil. Mientras Donald Trump habla de contactos productivos y la Casa Blanca sostiene que hay margen para un acuerdo, las autoridades iraníes niegan negociaciones formales, el aparato de seguridad del régimen mantiene una línea dura y el frente militar continúa abierto. La novedad de este jueves es que Pakistán ya no actúa sólo como rumor diplomático, sino como mediador declarado. Y ese cambio de estatus revela algo importante: incluso en medio de la escalada, las partes parecen reconocer que el costo de seguir empujando la guerra puede ser demasiado alto, aun para quienes todavía no están dispuestos a admitirlo en público.



