Buenos Aires, 27 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA- El mercado internacional del gas volvió a golpear a la Argentina en el peor momento del calendario energético, curiosamente, a pesar de ser un país productor y exportador. La escalada bélica en torno de Irán y los ataques que dañaron parte de la infraestructura gasífera de Qatar alteraron el comercio global de Gas Natural Licuado y dispararon los precios de referencia que utiliza el país para planificar sus compras de invierno. El impacto no es menor: el valor del gas europeo en el hub TTF, que funciona como marcador para la operatoria local, trepó más de 70% desde el inicio de la guerra y llegó a operar en niveles que, en la práctica, implican para compradores emergentes valores cercanos al doble de los que se observaban antes de la crisis.
El sacudón internacional encuentra al Gobierno en plena transición de su esquema de abastecimiento. La Secretaría de Energía resolvió que, por primera vez en años, la importación y comercialización del GNL de invierno quede en manos de un único comercializador-agregador privado, que utilizará la terminal de Escobar entre el 1 de abril y el 30 de septiembre de 2026. La decisión oficial vincula de manera directa el precio máximo del gas regasificado con el TTF más los costos de flete, regasificación, almacenaje, comercialización y transporte, de modo que cualquier salto del mercado global se traslada casi automáticamente al costo local. En otras palabras, la guerra en el Golfo no sólo tensiona la oferta mundial: también se cuela de lleno en la cuenta energética argentina.
La preocupación de fondo es concreta. Argentina venía de reducir su dependencia de importaciones gracias al mayor aporte de Vaca Muerta y al uso de una sola unidad flotante para regasificar en lugar de dos. En 2024 importó 30 cargamentos de GNL durante el invierno, menos que en años previos, y el Gobierno esperaba este año un volumen más bajo si el clima acompañaba. Pero la crisis internacional alteró esas proyecciones: el daño en Ras Laffan dejó fuera de servicio una porción relevante de la capacidad exportadora qatarí, mientras el cierre del Estrecho de Ormuz y las disrupciones logísticas sobre una ruta por la que pasa cerca del 20% del GNL mundial recalentaron el mercado global. Para un país que todavía necesita metaneros para cubrir el pico de la demanda residencial, la consecuencia es inmediata: menos margen para comprar barato y más riesgo de que el costo final del invierno se dispare.
En ese contexto, la discusión deja de ser sólo energética y se vuelve fiscal, cambiaria y tarifaria. Si el precio internacional permanece en estos niveles, la cobertura del invierno exigirá más divisas y obligará a decidir cuánto absorberá el Tesoro y cuánto se trasladará a tarifas. El Gobierno apuesta a que el mejor desempeño exportador del sector energético amortigüe parte del golpe: en 2024 la balanza comercial energética dejó un superávit de 5.700 millones de dólares y para 2025 la expectativa oficial era estirarlo a 8.000 millones, mientras YPF proyecta para el cierre de 2026 una producción de petróleo de un millón de barriles diarios y un salto estructural de las exportaciones en los próximos años. Sin embargo, ese alivio no resuelve el cuello de botella del corto plazo. La ampliación del Gasoducto Perito Moreno, destinada a sumar 14 millones de metros cúbicos diarios desde Vaca Muerta, recién aportará plenamente a partir del invierno de 2027. Hasta entonces, la economía argentina seguirá expuesta a una verdad incómoda: aun con más gas propio y más petróleo para exportar, un conflicto a miles de kilómetros puede volver a pegar de lleno sobre el bolsillo local.





