Buenos Aires, 28 de marzo de 2026 – Total News Agency-TNA-. La guerra en Medio Oriente sumó en las últimas horas un nuevo factor de riesgo con alto voltaje estratégico: Israel informó que interceptó un misil lanzado desde Yemen en la madrugada del sábado, y poco después los rebeldes hutíes, alineados con Irán, reivindicaron la operación como su primera acción directa contra territorio israelí desde el inicio de la actual guerra regional. La confirmación de ambos lados no solo marca la entrada formal de los hutíes en este tramo del conflicto, sino que también reabre la amenaza sobre uno de los corredores marítimos más sensibles del planeta.
El episodio se produjo en una noche ya cargada de ataques cruzados. Según reportes internacionales, las sirenas sonaron en torno de Beer Sheba y del área cercana al principal centro de investigación nuclear israelí, mientras continuaban también los disparos desde Irán y las acciones de Hezbollah. En Tel Aviv, además, se registraron fuertes explosiones y los servicios de emergencia debieron responder en múltiples puntos de impacto. En ese cuadro, el misil disparado desde Yemen no fue un hecho aislado, sino una señal de que el conflicto puede seguir multiplicando frentes y saturando defensas en distintos ejes al mismo tiempo.
La secuencia, además, no sorprendió del todo. Un día antes del ataque, el vocero militar hutí, Yahya Saree, había advertido públicamente que el grupo tenía “el dedo en el gatillo” para intervenir de manera directa si más países se sumaban a la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, o si el mar Rojo era utilizado para operaciones hostiles contra la república islámica. Esa advertencia quedó ahora traducida en un hecho militar concreto. Para Israel, el dato más inquietante no es solamente la intercepción exitosa, sino que un actor con base en Yemen haya decidido volver a activar su capacidad de proyección a larga distancia en plena escalada regional.
El impacto potencial excede el plano estrictamente militar. Los hutíes ya demostraron en los últimos dos años que cuentan con capacidad para alterar el tráfico marítimo y encarecer el comercio global. Desde noviembre de 2023 atacaron más de 100 buques mercantes en el mar Rojo, hundieron cuatro embarcaciones, capturaron otra y provocaron la muerte de al menos ocho marinos, según registros recopilados por Reuters. Ese antecedente explica por qué el disparo hacia Israel fue leído de inmediato como una señal de alarma para armadores, aseguradoras y potencias navales: no se trata solo de un misil, sino de la eventual reactivación de una lógica de hostigamiento sobre la ruta que conecta el Bab el-Mandeb, el Canal de Suez y el comercio entre Asia, Europa y el Mediterráneo.
La dimensión económica de ese riesgo ya está medida. El Banco Mundial describió al mar Rojo como un conducto crítico para cerca del 30% del tráfico mundial de contenedores y señaló que, a fines de marzo de 2024, el tránsito por el Suez y el Bab el-Mandeb había caído aproximadamente a la mitad por la crisis de seguridad, mientras aumentaban los desvíos por el Cabo de Buena Esperanza. En otras palabras, una nueva campaña hutí no solo afectaría a Israel: tendría capacidad de golpear cadenas logísticas, tiempos de entrega, costos de seguros, fletes y precios energéticos. En un contexto en el que la región ya vive tensión extrema por el estrecho de Ormuz, la sola posibilidad de que el frente del mar Rojo vuelva a incendiarse multiplica la presión sobre los mercados y sobre las fuerzas navales occidentales.
También hay un dato político y militar que agrava la lectura. Reuters recordó que los hutíes habían interrumpido sus ataques tras el alto el fuego auspiciado por Estados Unidos entre Israel y Hamas en octubre de 2025. Que ahora vuelvan a disparar implica que consideran agotada esa pausa y que están dispuestos a presentarse otra vez como brazo regional de presión a favor de Irán. Para Israel, la intercepción de este sábado evitó un daño mayor inmediato; para la región, en cambio, la novedad es otra: el conflicto ya no se limita al eje Irán-Israel ni a la frontera con Líbano, sino que vuelve a proyectarse sobre el sur, con Yemen como plataforma de amenaza y con el mar Rojo otra vez bajo sospecha.





