Doha, 28 de marzo de 2026 – Total News Agency-TNA-. El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, llegó este sábado a Doha en el tramo más delicado y a la vez más ambicioso de su gira por el Golfo, una ofensiva diplomática con la que Kiev busca convertir su experiencia de guerra en un activo estratégico exportable. Tras pasar por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, el mandatario aterrizó en Qatar en medio de la escalada regional abierta por la guerra con Irán, con un objetivo doble: ofrecer cooperación concreta en materia de defensa antidrón y, al mismo tiempo, abrir nuevos canales de apoyo político, militar y energético para sostener el esfuerzo ucraniano frente a Rusia.
La visita no quedó en un gesto protocolar. Según Reuters, Ucrania y Qatar alcanzaron un acuerdo de cooperación en defensa centrado en el intercambio de experiencia para contrarrestar misiles y sistemas aéreos no tripulados, mientras que en los Emiratos también se avanzó en entendimientos en materia de seguridad y defensa. Días antes, Zelenski había cerrado en Arabia Saudita otro documento de cooperación militar, lo que muestra que la gira no fue apenas política: apuntó a construir una red concreta de acuerdos con monarquías del Golfo que hoy se sienten expuestas a la amenaza iraní y valoran la experiencia de combate acumulada por Ucrania.
El trasfondo es claro. Kiev viene ofreciendo a varios países árabes asistencia técnica para mejorar la intercepción de drones y misiles, una capacidad que desarrolló bajo fuego real tras más de cuatro años de invasión rusa y frente al uso masivo de drones Shahed de diseño iraní. El propio Zelenski había explicado que Ucrania envió más de 220 especialistas para asesorar a países de la región, mientras otros equipos seguían viaje hacia Jordania y Kuwait. En declaraciones previas, también dejó en claro que esa ayuda no es filantrópica: Ucrania busca dinero, tecnología y, sobre todo, acceso a misiles antiaéreos de alta gama que hoy necesita con urgencia para proteger sus ciudades.
Ese cálculo se volvió todavía más urgente por el nuevo escenario internacional. El conflicto con Irán ya lleva un mes y empezó a alterar mercados, rutas energéticas y prioridades militares de Occidente, generando en Kiev el temor de que parte del foco político y del apoyo material se desplace del frente ucraniano hacia Medio Oriente. El canciller Andrii Sybiha dijo abiertamente que “todo está interconectado” y advirtió que Ucrania no puede permitirse perder atención global justo cuando busca sostener la presión sobre Moscú. En ese marco, la gira de Zelenski por el Golfo funciona también como una maniobra de reposicionamiento: si el mundo mira más hacia la región, Ucrania intenta estar presente allí no solo como víctima de una invasión, sino como socio útil en seguridad.
La apuesta tiene además una dimensión práctica. AP informó que, mientras Zelenski recorría los países del Golfo, Rusia lanzó 273 drones contra Ucrania en una sola noche, de los cuales 252 fueron derribados o neutralizados electrónicamente. Ese dato no solo vuelve a mostrar la intensidad del ataque ruso: también explica por qué la experiencia ucraniana empezó a cotizar en una región que hoy enfrenta amenazas similares. Para Qatar, los EAU o Arabia Saudita, la guerra ucraniana dejó de ser un conflicto lejano y pasó a ser un laboratorio de soluciones defensivas probadas en condiciones extremas.
En el caso de Qatar, además, la relación con Ucrania tiene una base previa que va más allá de lo militar. Doha ya se había convertido en un actor relevante en la dimensión humanitaria de la guerra, con mediaciones para el retorno de niños ucranianos llevados a Rusia o a territorios ocupados y con participación en intercambios humanitarios entre ambos países. Esa condición de mediador confiable le dio a la visita de Zelenski una densidad especial: en Qatar, Ucrania no solo busca sistemas, acuerdos y combustible, sino también un interlocutor con llegada regional e internacional en un momento en que el tablero global se volvió mucho más inestable.
Así, la escala en Doha deja una señal política nítida. Zelenski intenta transformar la tragedia de la guerra en una herramienta de inserción estratégica: ofrecer saber militar acumulado a cambio de apoyo, financiamiento, tecnología y mayor densidad diplomática. En otras palabras, Ucrania ya no se presenta solamente como un país que pide ayuda, sino como un actor que puede vender experiencia, compartir capacidades y cerrar alianzas útiles en una región convulsionada. En un mundo atravesado por guerras conectadas entre sí, esa puede ser una de las jugadas más inteligentes que hoy tenga Kiev para no quedar arrinconada por el ruido de otros frentes.




