San Cristóbal, 30 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA- Un nuevo episodio de violencia extrema sacudió este lunes a la provincia de Santa Fe y volvió a poner en primer plano la fragilidad de la seguridad escolar. Un estudiante de 15 años ingresó armado a la Escuela Normal Superior N° 40 “Mariano Moreno” de San Cristóbal, abrió fuego dentro del establecimiento y mató a un compañero de 13 años. Otros dos alumnos resultaron heridos por perdigones y, según el último parte médico difundido en la ciudad, permanecen fuera de peligro. El agresor fue reducido en el lugar y quedó a disposición de las autoridades.
El ataque ocurrió alrededor de las 7.15, en los primeros minutos de la jornada, cuando los alumnos se encontraban formados para el izamiento de la bandera. Fue en ese momento cuando el adolescente sacó el arma y efectuó varios disparos, desatando una escena de pánico dentro del patio escolar. Testimonios recogidos en las primeras horas describieron corridas desesperadas, chicos saltando tapiales, otros rompiendo ventanas para escapar y docentes intentando proteger a los estudiantes en medio de una situación que se descontroló en segundos. La secuencia terminó de ser contenida cuando un asistente escolar se abalanzó sobre el atacante y logró quitarle la escopeta antes de que siguiera disparando.
La víctima fatal murió en la propia escuela y no llegó a ser trasladada al Hospital de San Cristóbal. El director del centro de salud, Armando Borsini, confirmó que los otros dos chicos heridos ingresaron con lesiones por perdigones, uno de ellos con impactos en la zona frontal y en el tórax, y el otro con heridas en un brazo y en el pecho, además de un severo cuadro de shock. También fueron atendidos otros alumnos con cortes y golpes producidos durante la huida. El cuadro general reflejó con crudeza no sólo la letalidad del ataque, sino también el nivel de desesperación que se vivió dentro del establecimiento.
La investigación quedó en manos del Ministerio Público de la Acusación (MPA) y de la Policía santafesina, que desde temprano trabajaban dentro de la escuela para reconstruir cómo ingresó el arma, cuál fue la secuencia exacta de disparos y si existía algún conflicto previo entre el atacante y las víctimas. Hasta el momento, el móvil del crimen no había sido esclarecido. La conmoción es todavía mayor porque, según autoridades municipales citadas por distintos medios, docentes del colegio describían al agresor como un alumno de conducta normal, sin antecedentes que hubieran anticipado una irrupción de semejante violencia.
Desde la Municipalidad de San Cristóbal, el secretario de Gobierno, Ramiro Muñoz, confirmó que la ciudad avanzaría con medidas de duelo y suspensión de actividades, mientras la comunidad educativa quedaba paralizada por el impacto de la tragedia. La escuela, una de las más concurridas de la zona, fue evacuada y quedó acordonada para las pericias. Lo ocurrido dejó una huella inmediata en la ciudad y en toda la provincia: no se trató sólo de un crimen dentro de un aula o de un patio escolar, sino de un quiebre brutal en un espacio que debía ser de resguardo, formación y rutina. Esa dimensión es la que explica la profundidad del estupor que se extendió durante toda la mañana.
El caso abre ahora una serie de preguntas inevitables y urgentes. Cómo llegó el arma al establecimiento, qué falló en la prevención, qué señales pudieron no haber sido advertidas y qué contención recibirán los alumnos, docentes y familias después del espanto son interrogantes que ya forman parte del expediente y también del debate público. Lo sucedido en San Cristóbal no quedará como un hecho policial más: por la edad de los involucrados, por el escenario del crimen y por la violencia desatada en pleno acto escolar, el ataque ya se convirtió en uno de los episodios más graves registrados en una escuela argentina en los últimos años.




