Buenos Aires, 31 de marzo de 2026-Total News Agency-TNA-. La Argentina cerró el segundo semestre de 2025 con una baja importante de la pobreza y la indigencia, en un dato que el Gobierno buscará capitalizar políticamente, pero que al mismo tiempo deja a la vista que el cuadro social sigue siendo delicado, especialmente entre los chicos, en el NEA y en los grandes cordones urbanos. El nuevo informe del INDEC ubicó la pobreza en 28,2% de las personas y la indigencia en 6,3%, con una mejora de 3,4 puntos y 0,6 puntos respectivamente frente al primer semestre del año pasado. El ministro de economía, Luis Caputo anuncio que “la pobreza es la más baja en mas de 7 años”.

En términos estadísticos, la foto marca una baja sostenida respecto del pico de 52,9% que se había registrado en el primer semestre de 2024, cuando el ajuste inicial, la aceleración inflacionaria heredada y la recomposición de precios relativos habían disparado el deterioro social. Ahora, el oficialismo se apoya en el retroceso de la inflación, cierta recuperación de la actividad y una recomposición parcial de ingresos para mostrar un cambio de tendencia. No es un detalle menor: dentro de la serie oficial de los 31 aglomerados urbanos, el 28,2% actual es el nivel más bajo desde el segundo semestre de 2018.
Pero debajo de esa mejora general aparece una realidad mucho menos homogénea. En los 31 aglomerados urbanos relevados por la EPH, la pobreza alcanzó a 8.474.136 personas y la indigencia a 1.884.110. En la extrapolación al total país, distintas estimaciones la ubican cerca de los 13 millones de argentinos bajo la línea de pobreza. Es decir: la baja existe, es concreta, pero no autoriza a hablar ni de problema resuelto ni de normalidad social recuperada.
El dato más duro vuelve a estar entre los menores. Según el informe oficial, el 41,3% de los chicos de 0 a 14 años vive en hogares pobres. Entre los jóvenes de 15 a 29 años, la incidencia llega al 32,6%; entre las personas de 30 a 64 años, al 24,6%; y entre los mayores de 65 años, al 9,7%. La lectura es bastante clara: la mejora no borró la pobreza infantil ni la fragilidad de los hogares con hijos, que siguen siendo el corazón del problema social argentino.
También se mantuvo una geografía muy desigual. A nivel regional, el Noreste volvió a mostrar la situación más comprometida, con una pobreza del 32,7%, seguido por Cuyo con 32,3%, el Noroeste con 28,4% y el Gran Buenos Aires con 28,3%. Del otro lado quedaron la región Pampeana, con 26,2%, y la Patagonia, con 25,4%. Si se baja al detalle por aglomerados, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires volvió a mostrar uno de los registros más bajos, con 9,6%, mientras que plazas del norte argentino siguieron entre las más castigadas. El cuadro confirma algo que ya se viene viendo hace tiempo: la pobreza baja, pero lo hace a distintas velocidades según territorio, estructura laboral e ingresos.
Otro dato relevante del informe es la brecha. El INDEC calculó que un hogar pobre promedio necesitó $1.219.130 para cubrir la canasta básica total, pero tuvo ingresos por $783.493. La diferencia fue de $435.637, lo que implica una brecha del 35,7%. En los hogares indigentes, el ingreso promedio fue de $354.134, frente a una canasta básica alimentaria de $535.991, con una brecha del 33,9%. Traducido a la calle: aun con la mejora estadística, millones de hogares siguen muy lejos de cubrir lo indispensable.
Además, la baja de la pobreza convive con señales que obligan a la prudencia. El propio INDEC informó hace menos de dos semanas que la desocupación del cuarto trimestre de 2025 llegó al 7,5%, por encima del año anterior, y que la informalidad laboral se mantuvo elevada, con 43% de los ocupados en condición informal. Esa combinación explica por qué, incluso con mejores números agregados, en muchos barrios el alivio todavía no se siente con la fuerza que exhiben las planillas oficiales.
El Gobierno seguramente presentará el dato como uno de sus logros más concretos. Y tiene elementos para hacerlo: la baja es real y rompe con una secuencia muy dura que había llevado a la pobreza a niveles alarmantes. Pero la otra mitad del cuadro también está ahí, a la vista. La Argentina sigue teniendo millones de pobres, una pobreza infantil altísima, regiones que continúan rezagadas y un mercado laboral que todavía no termina de ofrecer una salida sólida. La mejora existe; la fragilidad social, también.





