Por Darío Rosatti
Buenos Aires-6 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- Mientras el gobierno de Javier Milei denuncia con justa razón la injerencia rusa sobre medios y periodistas argentinos para difundir fake news, en el subsuelo de la inteligencia local empieza a crecer otra inquietud, igual de delicada: si algunos sectores del propio sistema estatal mantuvieron con delegados rusos y chinos una relación más fluida, frecuente y confiada de lo que aconsejaría la prudencia profesional. La operación atribuida a “La Compañía” —la estructura que, según documentos filtrados, habría financiado publicaciones en medios argentinos para erosionar a la administración libertaria y alterar el debate público— puso sobre la mesa una amenaza real. Pero también dejó abierta una contradicción que ya no debería esconderse debajo de la alfombra. La Compañía es un grupo derivado de los que fue el aparato de desinformación del extinto Grupo Wagner ruso que Putin absorbió con el SVR después de la “extraña” muerte de su líder Yevgeny Prigozhin
La denuncia oficial es grave y tiene sustento. Las investigaciones periodísticas que se conocieron en los últimos días describen un dispositivo ligado a intereses rusos que habría destinado unos 283.100 dólares para insertar más de 250 artículos en 23 medios argentinos, muchos de ellos con firmas falsas o directamente sin autoría, además de otros gastos vinculados a inteligencia y operaciones de influencia. FOPEA ya había advertido en enero sobre mecanismos de desinformación promovidos desde el exterior, con ofertas económicas a comunicadores y usuarios de redes para amplificar contenidos políticos guionados. No se trata, por lo tanto, de una fantasía conspirativa, sino de una metodología concreta de penetración narrativa y manipulación del ecosistema informativo argentino. Total News Agency advierte la injerencia rusa hace años.
En la mayoría de los países, los agregados o delegados de inteligencia acreditados en embajadas forman parte del paisaje normal de la diplomacia y del intercambio entre agencias. Son oficiales de enlace, muchas veces conocidos como COI y actúan bajo paraguas diplomático. La cuestión no es su existencia, sino la calidad, la intensidad y la proporción de los vínculos que se establecen y lo compartido con ellos. Según información a la que tuvo acceso esta agencia, el caso ruso sobresale por una razón concreta: la representación de inteligencia de Rusia en Buenos Aires mantendría un despliegue más amplio que el de otras embajadas, con un plantel que excedería el estándar habitual. Y, siempre según esas fuentes, dentro de la SIDE las reuniones y almuerzos de trabajo más frecuentes no se concentrarían precisamente en los enlaces con países aliados, sino en los mantenidos con delegados de China y Rusia. Los contactos con Estados Unidos, Israel, España, Italia, Alemania y otros, existirían, desde luego, pero serían menos asiduos. Eso, a esta altura, ya no puede ser tomado como una simple curiosidad burocrática.
La preocupación no termina en la SIDE. También alcanza a la Dirección Nacional de Inteligencia Criminal (DNIC), dependiente del Ministerio de Seguridad, donde, según pudo saber Total News Agency, serían frecuentes las visitas de agregados policiales rusos y chinos, incluidos encuentros de trabajo, recorridas y presentaciones internas de los analistas, lo que vulnera la seguridad de los mismos y su labor. Fuentes consultadas por esta agencia advirtieron que en algunas de esas actividades se habría permitido el acceso a sectores sensibles del organismo, con exposición de áreas operativas y de analistas, algo que dentro del mundo de la inteligencia criminal es visto como impropio y, en ciertos casos, directamente intolerable. Nadie discute que deben existir canales institucionales con servicios extranjeros. Lo que sí empieza a llamar la atención es la dimensión de esa familiaridad, justo cuando el propio Estado argentino denuncia operaciones rusas de desestabilización informativa. Su Director, Ramiro Anzit Guerrero proviene de una experiencia previa en Interpol Francia y según fuentes reservadas francesas, mantenía allí una muy estrecha relación con los rusos y en estas pampas siempre conto con el apoyo de inefable y curioso personaje, Gerardo Milman y Christian Ritondo, quienes no estarían muy lejos dé este circuito.
En el mismo sentido, distintas fuentes del área señalan que esas preferencias no nacieron con el actual gobierno. Describen una continuidad que vendría de etapas anteriores, con un acercamiento particularmente pronunciado durante los años del kirchnerismo, cuando la relación política con Venezuela, la cercanía con Rusia y la lógica de alineamientos no occidentales adquirieron una intensidad mucho mayor. Según información a la que tuvo acceso esta agencia, esos vínculos no habrían sido desarmados ni redimensionados por completo por la gestión libertaria. En el caso del área exterior de la SIDE, las miradas se detienen en la figura de Alejandro Colombo, titular de la SIA, a quien distintas fuentes atribuyen una agenda especialmente activa con delegados de China y Rusia, incluso en oportunidades con hasta dos contactos semanales, mientras el vínculo con servicios occidentales sería comparativamente más espaciado. En este marco, es posible qué se ponnga en riesgo el waiver para la visa a argentinos que desean viajar a USA. En el caso DENIC, es mas evidente, al asumir su director, se perdiero mesas de trabajo vinculadas a tres naciones aliadas, Alemania, Estados Unidos e Israel sin explicacion alguna.
También circulan advertencias sobre viajes e invitaciones a China de funcionarios y figuras influyentes recomendados por Colombo, en el marco de programas que suelen funcionar como herramientas blandas de influencia. Todo esto exige, como mínimo, una auditoría de contrainteligencia seria. Quienes los conocen, aseguran que los agentes SIDE, cuyo apellido lleva las iniciales G L mantendría un oblicuo vínculo con rusos y turcos y Andrei S P con Venezuela. Esto en realidad se da de bruces con la premiación recibida en Langley por Cristian Auguadra por “profesionalizar” la SIDE, el motivo del reconocimiento pareciera un doble mensaje.
La contradicción se vuelve todavía más visible porque, al mismo tiempo, el gobierno de Milei reforzó su alineamiento con Washington y acaba de abrir una agenda nueva con la CIA, con foco en “capacitación”, financiamiento del terrorismo y cooperación técnica. Es un paso lógico en la actual orientación internacional de la Casa Rosada. Pero precisamente por eso, si la Argentina denuncia que Rusia pagó contenidos, infiltró medios y buscó intoxicar la conversación pública mediante una estructura como “La Compañía” —curioso nombre para una operación que, en la jerga clásica del espionaje, remite a la CIA—, entonces no alcanza con llevar el caso a la Justicia y lanzar comunicados altisonantes, habría que honrar claramente los acuerdos alcanzados que mencionamos. También hace falta revisar puertas adentro por qué algunos sectores del sistema parecieron mantener un trato especialmente aceitado con delegados de ese mismo universo. No se trata de romper vínculos diplomáticos normales ni de sobreactuar una purga absurda. Se trata de algo mucho más básico: darle a cada relación la dimensión adecuada y evitar que la rutina del enlace se transforme en costumbre peligrosa. Y si el presidente desea determinar que actividades de inteligencia podrirán estar realizando por cuenta y orden rusa, desde esta columna se sugiere envíe personal capacitado a la calle Florida 520 desde luego con un fiscal a la cabeza.





