Casa Rosada, 8 de abril de 2026-Total News Agency-TNA- Javier Milei recibió finalmente este miércoles en su despacho de Casa Rosada al gendarme Nahuel Gallo, el cabo primero de la Gendarmería Nacional Argentina que pasó 448 días detenido en Venezuela bajo el régimen de Nicolás Maduro. El encuentro, que se hizo esperar durante varias semanas y llegó poco más de un mes después de la liberación del uniformado, tuvo un fuerte contenido humano, pero también una carga política imposible de disimular: para el oficialismo, la foto con Gallo funciona como una postal de reparación institucional y, al mismo tiempo, como una señal de condena al aparato chavista que lo mantuvo cautivo.
La reunión se desarrolló con fuerte hermetismo. Según Infobae, duró poco más de una hora y contó con la presencia de la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva; el canciller Pablo Quirno; y la senadora Patricia Bullrich, hoy jefa de bloque de La Libertad Avanza en la Cámara alta. No hubo declaraciones del Presidente ni del gendarme al salir, pero sí trascendió desde fuentes oficiales que Gallo relató parte del calvario vivido durante su detención y que Milei le transmitió que el Gobierno “nunca abandonó la lucha” por su liberación. También hubo intercambio de obsequios: el mandatario le entregó una camiseta de la Selección Argentina y el gendarme respondió con un poncho argentino y alfajores.
El dato político más interesante es que el encuentro llegó después de una postergación que nunca fue explicada públicamente con precisión. En Balcarce 50 dejaron trascender que se priorizó que Gallo pudiera reencontrarse con su familia y comenzar su proceso de reinserción antes de exponerlo a una reunión de alto voltaje político. Esa explicación, al menos, busca ordenar una demora que en la Casa Rosada ya empezaba a generar ruido, sobre todo porque el caso del gendarme se había transformado en una de las banderas del Gobierno contra la dictadura venezolana.
Desde su regreso al país, Gallo fue acompañado por Monteoliva, Quirno y Bullrich. El 2 de marzo aterrizó en Ezeiza en un avión contratado o facilitado por la AFA, y desde entonces el oficialismo intentó combinar el alivio por su regreso con un discurso de fuerte denuncia contra el chavismo. En su primera aparición pública, durante una conferencia en el Edificio Centinela, pidió tiempo para procesar lo vivido en Rodeo I, habló de “atrocidades” que todavía no podía contar y dejó flotando el peso de un cautiverio que, aun terminado, sigue claramente abierto en términos emocionales.
Con el paso de los días, el gendarme volvió a Catamarca, donde fue recibido por el gobernador Raúl Jalil, y reiteró un pedido que también apareció sobrevolando su caso desde el primer día: no olvidar a los otros presos políticos que aún siguen en Venezuela, entre ellos el argentino Germán Giuliani. Ese punto es relevante porque le da a su historia una dimensión mayor: Gallo ya no es solo la cara de una víctima rescatada, sino también la voz de una denuncia más amplia contra un sistema represivo que, aun después de la caída de Maduro, sigue dejando secuelas, detenidos y cuentas pendientes.
Hubo además un costado simbólico que no pasó inadvertido. La AFA no solo colaboró en su traslado de regreso al país, sino que días después lo homenajeó en La Bombonera durante el amistoso entre la Selección Argentina y Mauritania, donde Claudio “Chiqui” Tapia le entregó una plaqueta y una camiseta con su nombre frente al palco de honor. Ese reconocimiento terminó de instalar a Gallo como una figura pública atravesada por la política, la diplomacia, la seguridad y hasta el fútbol, una mezcla muy argentina para una historia que en el fondo habla de algo mucho más serio: el costo humano de quedar atrapado por un régimen autoritario.
La reunión de este miércoles, en ese contexto, cerró una etapa pero no clausuró el caso. Para Milei, la foto con Nahuel Gallo le permite mostrar cercanía con una víctima concreta del chavismo y reforzar su línea dura contra Venezuela. Para el gendarme, en cambio, probablemente haya sido otra estación en un regreso todavía incompleto. Volvió al país, volvió a ver a su familia y ahora llegó al despacho presidencial. Pero después de 448 días de encierro, el verdadero final de su historia todavía parece estar lejos.




