Moscú, 9 de abril de 2026-Total News Agency-TNA-. Vladimir Putin anunció este jueves un alto el fuego por la Pascua ortodoxa en la guerra contra Ucrania, pero el dato político central es que la iniciativa no nació en el Kremlin sino en Volodimir Zelenski, que a comienzos de semana había hecho llegar, a través de Estados Unidos, una propuesta de cese temporal de hostilidades para estas fechas religiosas. De ese modo, más que lanzar una idea propia, el presidente ruso terminó aceptando una tregua previamente planteada por Kyiv, aunque bajo una formulación unilateral y condicionada.
Según informó el Kremlin, la pausa regirá desde las 16 del sábado 11 de abril hasta el final del domingo 12, cuando este año se celebra la Pascua ortodoxa tanto en Rusia como en Ucrania. Sin embargo, la propia comunicación oficial rusa dejó en claro que sus tropas seguirán en estado de alerta para “contrarrestar cualquier posible provocación”, una fórmula que revela hasta qué punto la desconfianza sigue intacta y que, en los hechos, deja abierta la puerta a nuevas acusaciones cruzadas o a una rápida ruptura del cese del fuego.
La diferencia de enfoque no es menor. Mientras Zelenski venía planteando una pausa como parte de un intento más amplio de bajar la intensidad del conflicto y abrir espacio a una negociación, Putin la presentó como una orden rusa que espera ser imitada por la parte ucraniana. Ese matiz busca reposicionar al líder del Kremlin ante la comunidad internacional, pero no cambia el hecho de fondo: fue Ucrania la que puso primero sobre la mesa la idea de una tregua de Pascua, y Moscú la que terminó respondiendo después.
En Kyiv, la desconfianza es lógica y profunda. La experiencia de pausas anteriores, incluidas otras treguas religiosas anunciadas por Rusia, dejó un saldo de denuncias recíprocas y escaso impacto real sobre el terreno. Por eso, la aceptación rusa no fue leída automáticamente como una señal de paz, sino como un movimiento táctico en medio de una guerra que Rusia inició en febrero de 2022 y que sigue devastando ciudades, infraestructura y población civil ucraniana.
Además, el anuncio llega en un momento diplomáticamente trabado. Las conversaciones impulsadas por Washington no consiguieron hasta ahora un acuerdo duradero, y el foco internacional se desplazó en parte hacia la crisis de Medio Oriente y la guerra con el régimen iraní. En ese contexto, la aceptación de la propuesta de Zelenski por parte de Putin puede leerse también como una maniobra para mostrar flexibilidad sin ceder en los objetivos estratégicos de fondo que el Kremlin mantiene desde el inicio de la invasión.
Así, la noticia no debería leerse como si Putin hubiese sorprendido al mundo con un gesto humanitario autónomo. El punto políticamente relevante es otro: Zelenski impulsó la iniciativa de una pausa por Pascua y Putin, presionado por el desgaste de la guerra y por la necesidad de no quedar otra vez como el obstáculo total a cualquier distensión, resolvió aceptarla en términos acotados. Si la tregua se cumple o no, será otra historia. Pero el primer movimiento, esta vez, salió de Kyiv.





